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Fecha: 15/01/2026 21:53
Javier Milei y Federico Sturzenegger publicaron una columna en The Economist: IA, límites al Estado y libre competencia El presidente y el ministro de Desregulación abogan, en el medio británico, por menos regulaciones en áreas en las que los gobiernos tradicionalmente intervienen; la política para la Inteligencia Artificial - 5 minutos de lectura' El presidente Javier Milei y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, publicaron este jueves una columna de opinión en el medio especializado The Economist, donde abogan por menos intervención del Estado en la regulación de las empresas. Defienden su política de no regulación en el ámbito de la Inteligencia Artificial, rescatan su impacto beneficioso en las industrias y llaman a confiar más en el capitalismo. El mandatario y su ministro argumentan que la política, la intervención gubernamental y, por desgracia, la mala economía obstaculizan en las perspectivas de crecimiento. En esa línea, plantean objeciones a las políticas de regulaciones sobre las grandes empresas, que tienen porciones dominantes de mercado. La teoría económica ha desorientado a los responsables políticos, señalan. En este punto, Milei y Sturzenegger discuten el enfoque estadounidense que se centra en las prácticas excluyentes que restringen la competencia, y la modalidad adoptada en la Unión Europea, donde se penaliza el abuso de la explotación, como los precios excesivos. Consideran que el premio es útil, mientras que el segundo es problemático, dado que puede ser controversial identificar excesos en los precios. En ese sentido, lo analizan a partir de lo que ocurrió en el mercado de la telefonía móvil. Nokia dominó en su momento la telefonía móvil, luego BlackBerry, hasta que el iPhone de Apple los desplazó a ambos. Habría sido un grave error frenar el crecimiento de estas empresas simplemente porque disfrutaron de altas cuotas de mercado en determinados momentos", indican. Y añaden: La cuestión crucial no es si una empresa tiene actualmente una gran cuota de mercado, sino si se bloquea la entrada; y, con frecuencia, es el propio gobierno quien bloquea la entrada con licencias, cuotas, derechos exclusivos o barreras administrativas". Así, Milei y Sturzenegger sostienen que se invierte demasiado esfuerzo en perseguir a las grandes empresas que operan en mercados competitivos y, por el contrario, muy poco en abordar las numerosas regulaciones que restringen la competencia. Para ellos, existe una paradoja incómoda: los gobiernos que crean barreras legales de entrada son un enemigo más importante de la competencia que las empresas que logran una posición dominante temporal mediante la innovación (además de que estas barreras también desvían recursos hacia empresas menos eficientes). El Presidente y el funcionario señalan, en este sentido, que la desregulación es clave para el crecimiento económico. Y remarcan que buscan que la Inteligencia Artificial sea una industria desregulada. Queremos que las empresas sepan que pueden explorar, producir, vender y beneficiarse de esa tecnología sin restricciones. Esto puede generar grandes empresas, pero creemos que regular la industria para evitar que surjan actores dominantes es un suicidio para el crecimiento, expresan. Dada su confianza en la desregulación, Milei y Sturzenegger diseñaron -escriben- un mecanismo para imponer cierta disciplina de mercado a los propios reguladores. Buscan así evitar dos efectos que cuestionan con dureza: el monopolio de la regulación y el abuso de la autoridad. En su diseño, los segmentos regulados y no regulados pueden coexistir en el mismo mercado. Si el regulador resuelve un problema real, se operará en el segmento regulado, por ejemplo, utilizando empresas autorizadas por él. Si el regulador no aporta valor, se permite que la gente lo ignore y utilice empresas no supervisadas por él", indican. Los consumidores son, en última instancia, quienes deciden en qué mercado operar. Probamos este enfoque en la Argentina con varios instrumentos financieros. El resultado fue el auge del mercado no regulado y la compresión de las comisiones en el mercado regulado, ya que la competencia obligó al regulador a ser más razonable y menos burocrático", describen. Esta línea de pensamiento, que ellos mismos describen radical, puede aplicarse sobre bienes públicos. Citan, por caso, los parques nacionales y la infraestructura en senderos y servicios. Empezamos pensando que debía ser suministrada por el Estado. Sin embargo, cuando experimentamos con concesiones en las que los operadores privados debían construir la infraestructura pública a su propio costo, resultó no ser un problema, consignan. Las empresas resolvieron el problema del oportunista coordinándose entre sí y ampliando la capacidad de la infraestructura gradualmente para mantener su rentabilidad. Nuestro punto -remarcan- es que no es necesario ser anarcocapitalista para concluir que puede valer la pena reevaluar el alcance de los bienes públicos". Sobre el final, Milei y Sturzenegger insisten en su respaldo a la desregulación al hablar de las externalidades. Se trata de los efectos secundarios, y los problemas asociados, de una actividad económica que recae sobre un tercero ajeno a la transacción original. Ambos lo analizan en relación a la producción de miel y frutas en el país. Citan el caso de la empresa Beeflow, que ofrece servicios de polinización dirigida al "condicionar a las abejas a visitar solo las flores de un cultivo en particular". Para el Presidente y el ministro, el mercado encontró una solución que probablemente fue más eficiente que la intervención gubernamental. En la solución del mercado, las abejas pueden ser trasladadas y utilizadas en muchos huertos. La regulación habría forzado (o subsidiado) la proximidad entre las dos industrias, un resultado menos eficiente, argumentan. Milei y Sturzenneger destacan así que los mercados libres, el núcleo de la agenda de desregulación, enriquecieron al mundo, reduciendo drásticamente la pobreza en tan solo dos siglos, por lo que llaman a una mayor flexibilización en este punto. Y concluyen: Es hora de redoblar nuestra confianza en el capitalismo. Saquemos al gobierno del camino y devolvamos a la gente la libertad que les robaron políticos y reguladores. ¡Viva la libertad, carajo!.
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