15/01/2026 12:42
15/01/2026 12:41
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:39
15/01/2026 12:37
Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 15/01/2026 11:06
Cuando uno ignora no pasa nada pero cuando empezás a conocer, a ver realidades, ya no podés mirar para otro lado María Noel, Rescatista En esta edición N° 153 de Entrevistados, Despertar Entrerriano charló con María Noel Belbey, rescatista de animales y participante activa de la actual comisión de la Protectora de Animales de Concordia. Con casi 16 años de recorrido en el proteccionismo, María Noel relata cómo llegó a este camino, qué desafíos implica el rescate animal, cómo funciona el refugio, el rol de las redes, los procesos de adopción responsable y por qué ayudar no es exclusivo de unos pocos, sino una posibilidad concreta para cualquiera que decida involucrarse. Contanos desde cuándo sos rescatista Hace 15 años, ya camino a los 16, que estoy en todo lo que es el proteccionismo animal, el rescate y todo lo que eso implica. Arranqué más o menos cuando empezaron las redes sociales. Al principio colaboraba con Buenos Aires, por ignorancia, por no saber que acá existía la Protectora, hasta que fue el mismo Facebook el que me empezó a mostrar que acá también había, que había gente trabajando y ayudando. Ahí empecé a conocer, a contactarme y desde ese momento seguimos y seguiremos. ¿Qué fue lo que te motivó a involucrarte de lleno en el rescate animal? Cuando uno ignora, no pasa nada. Pero cuando empezás a conocer, a ver realidades, ya no podés mirar para otro lado. Las redes tienen cosas malas, pero también tienen cosas muy buenas. Empecé a ver casos, a preguntarme por qué pasaba esto, cómo podía ayudar. El primer caso con el que me contactó la Protectora de acá fue una perrita que tenía todo el lomo lastimado por una pelea de celos. Estaba en celo, los machos se pelearon y también la mordieron a ella. Prácticamente le arrancaron todo el cuero del lomo. Pedían colaboración para cremas, atención veterinaria, y así fue como me fui acercando. Hoy reciben muchísimos pedidos de ayuda, ¿cómo es ese día a día? Nos llegan mensajes todo el tiempo. Gente que se va de vacaciones y no puede tener más al animal, personas que dicen que no tienen para darle de comer, que está enfermo y nunca lo llevaron al veterinario. Y ahí también empieza un trabajo muy importante, que es generar conciencia. Si sos adulto responsable y tenés un animal, y sabés que no lo podés seguir teniendo, tu último acto de amor es buscarle una buena familia. Preguntar entre amigos, vecinos, usar las redes. Hoy hay mil opciones. No es pasarle la pelota al otro diciendo vos sos proteccionista, vos solucioná. ¿Y qué pasa cuando esa responsabilidad no aparece? Pasa de todo. Hay gente que se enoja, que critica, que pregunta ¿para qué están?. Y no es así. A veces directamente nos tiran los perros por arriba del muro del refugio. Y eso es gravísimo, porque no es que caen en un lugar vacío: caen en un canil donde hay otros perros, pueden generar peleas, lastimarse. Generalmente eso lo hacen con cachorros. Cuando no los pueden tirar, los dejan atados en la puerta o en una cajita. Abrís y te encontrás con la cajita sorpresa. Eso también impacta en la capacidad del refugio El predio es grande, pero no se puede hacer hacinamiento. Los animales tienen que estar bien. Cuando yo inicié, el refugio llegó a tener 250 animales en un espacio reducido, con seis o siete perros por canil, muchas peleas, mucha problemática. Las comisiones cambian cada dos años y cada una va tomando decisiones. Hoy la idea es tener menos animales, pero bien cuidados. ¿Cómo se organiza el trabajo dentro de la comisión? Somos entre 12 y 14 personas. Hay roles burocráticos, pero en realidad todos hacemos todo. Todos trabajamos, tenemos familia, nos enfermamos, tenemos una vida normal. La diferencia es que muchas veces resignamos descansos, una siesta, para ir a rescatar, buscar donaciones, ir al refugio a cambiar cuchitas, poner pipetas. Algunas compañeras tienen un día fijo, otras vamos cuando podemos. Y cuando no estamos en el refugio, seguimos trabajando afuera: veterinarias, animales internados, traslados. Contanos cómo funciona el tránsito de animales Nosotros nos hacemos cargo de la atención veterinaria y muchas veces del alimento. Hay personas que ofrecen su casa como tránsito y se hacen cargo del día a día. A veces pasa que se encariñan y deciden adoptar. Se hace el mismo proceso que con cualquier adopción: contrato, evaluación, y ese animal pasa a tener su familia definitiva. En estos años, ¿notaste cambios en la forma de trabajar o en la sociedad? Sí, muchísimo. Antes, perro que se veía en la calle, perro que se levantaba y se llevaba al refugio. Por eso se llegó a tener tantos animales. Hoy se entiende que no todos los animales tienen que ir al refugio. Existen los perros comunitarios: perros del barrio, cuidados entre vecinos, con cuchita, vacunados, castrados. Eso antes no existía. Hoy hay muchos proteccionistas independientes, grupitos de vecinos, amigos que se organizan para ayudar. Hoy Protectora no está sola, y eso es un avance enorme. ¿Cuál sentís que fue tu mayor desafío como rescatista? Son muchos y constantes. Yo jamás pensé que iba a meterme en medio de perros para sacar una perra en celo, o sacar gusanos de un animal antes de llegar al veterinario, o levantar cachorros helados que no sobreviven. Me pasó con un potrillo que había sido rechazado por la madre. Lo agarramos, lo tapamos, pusimos botellas con agua tibia, hicimos todo lo posible. Son cosas que te marcan, pero también son parte del camino. ¿Cómo evalúan el proceso de adopción? Desde cómo lo piden. El cachorro no es un juguete. Implica gastos, tiempo, compromiso. No es lo mismo un cachorro que un adulto. Evaluamos que la casa esté cerrada, que el animal esté seguro, que tenga atención veterinaria. No pedimos un palacio, pedimos que esté bien. Agua, comida, refugio, mimos. Eso es lo básico. ¿Qué es lo más gratificante del rescate? Verlos bien. Ver fotos del antes y después. Que una familia te escriba y te cuente cómo está. Saber que un animal se fue amado, contenido. Eso no tiene precio. O cruzarte con un perro adoptado que todavía te reconoce y viene a saludarte. Son pequeñas grandes cosas. Si alguien quisiera ayudar, ¿Qué consejo le darías? Que no tenga miedo. Todos somos capaces de hacer todo. No es señalar y decir allá hay un perro. Es animarse a dar el primer paso. Sacarlo de la calle, ponerlo en un patio, en un baño, llamar a un veterinario. Cualquiera puede hacerlo. No hay límite de edad. ¿Volverías a elegir este camino? Sí, sin dudas. Y si hubiese sabido antes muchas cosas, lo habría hecho antes. Todos podemos ayudar desde donde estamos. Algunos con animales, otros con personas. Pero siempre se puede ayudar. Te invitamos a ver lo más destacado de la entrevista a través de los reels en redes sociales, buscános como @Despertarentrerriano.
Ver noticia original