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  • "Nos habíamos amado tanto", una obra maestra de Scola

    » Clarin

    Fecha: 15/01/2026 06:31

    Ettore Scola era un director relevante cuando, medio siglo atrás, presentó Nos habíamos amado tanto. Un maestro y un innovador dentro de la época dorada del cine italiano. Y entre tantas obras inolvidables, Scola llegaría a convertir aquella película en lo que sus compatriotas definen como un capo lavoro. La tesis central de la obra son las expectativas de una generación en su caso, la juventud de la posguerra- frente a su época y cómo son defraudadas por el irresistible paso del tiempo. En el momento del reencuentro del triangulo de amigos, Gianni lamenta: El futuro pasa y ni nos dimos cuenta. Y su amigo Nicola responde: Vivir como se nos antoja cuesta poco, porque se paga con una cosa que no existe: la felicidad. Pero es la última sentencia la que definió a la película y se convirtió en símbolo de aquella generación: Quisimos cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros. Scola reconstruye la vida de estos tres jóvenes que se conocieron en la guerrilla antifascista de los 40. Y el reencuentro, décadas después, los tiene convertidos a Gianni en un ascendente abogado, Antonio en camillero de un hospital y al soñador Nicola en un maestro. Aquel triángulo de hierro tiene como eje el vínculo romántico que cada uno intenta con una soñadora más, Luciana, llegada de Udine con ilusiones de actriz. Para esos papeles, Scola contó con un verdadero dream team: Vittorio Gassman, Nino Manfredi, Stefano Saita Flores y, como objeto del deseo, Stefania Sandrelli. Recursos Scola apeló a flashback utilizando el blanco y negro, y luego el color con la fotografía de Claudio Cirillo- y su guion fue respaldado por la dupla de geniales creadores del cine de su época, Incrocci-Scarpelli. Sus personajes son, al principio, aquellos jóvenes idealistas, que sueñan con una sociedad más justa hasta que chocan con la realidad. La Italia de los 70 ya no tendrá nada que ver con aquel impulso inicial. Y uno de ellos, Gianni, se va acomodando al trabajar para un empresario sin escrúpulos, ligado a distintos manejos políticos. Se trata de Don Romolo quien, pese a todo, intenta darle un baño de realidad al antes idealista abogado: El hombre más sólo del mundo es el hombre rico. Fue en algunos aspectos, la obra más ambiciosa de Scola, con un tono de nostalgia, melancolía y desencanto hasta aquellas reflexiones finales. Con la inspiración, el antiguo y trágico sentido de la comedia y el compromiso civil y político que siempre han sido sus señas de identidad , Scola recurrió a Vittorio Gassman y Nino Manfredi (dos de los cuatro "coroneles" del cine italiano: los otros fueron Alberto Sordi y el inmenso Ugo Tognazzi ) para crear un fresco de la Italia de posguerra, explorado a través de la lente agridulce de las relaciones humanas, que fue al mismo tiempo una lúcida reflexión social y un conmovedor homenaje al ahora lejano pasado del neorrealismo, describiría mucho después Filippo Mazzarella (Corriere). El Rey de la Media Porción Ettore Scola era oriundo de Trevico, pero desde chico vivió en Roma y gran parte de su cinematografía es un testimonio de amor a la Ciudad Eterna. En Nos habíamos estarán los sitios infaltables Piazza Spagna, Piazza del Poppolo, la Fontana di Trevi, los paseos junto al Tíber- y convierte en un rincón de culto a una trattoria llamada El rey de la media porción, een la Piazza della Conzolazione. Décadas atrás la frecuentaban personajes como Begnini, políticos y deportistas. En realidad, la trattoria ya había sido retratada en otra película, La maleta de los sueños de Luigi Comencini. Y en aquel reducto lo que hacían era popularizar un sistema que aún hoy subsiste en Roma y otras ciudades italianas: el consumo de la media ración, una combinación entre frugalidad y la cortesía de no desperdiciar la comida. Más allá de aquel detalle, Nos habíamos revela todos los afectos, personales y culturales del propio director. Y así pasan Fellini, De Sica y Mastroianni interpretándose a sí mismos, o se proyectan escenas de Ladrón de Bicicletas, La Dolce Vita y el Acorazado Potemkin hasta el teatro de ONeill con un pasaje de Extraño interludio. Como definió otra de las críticas en su país, donde la película se estrenó en diciembre del 74, Scola construyó uno de los retratos más completos e iluminadores de la sociedad de posguerra y las consecuencias del auge económico. Sobre la firma Newsletter Clarín

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