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» Clarin
Fecha: 15/01/2026 06:31
El progresivo deshielo de las regiones polares ha transformado territorios históricamente marginales en espacio de creciente centralidad geopolítica. El Ártico, en particular, se ha convertido en un escenario donde convergen intereses estratégicos, económicos, científicos y militares. En este contexto, la renovada atención de Estados Unidos en Groenlandia no puede entenderse como un hecho aislado, sino como parte de una reconfiguración mas amplia del poder global en latitudes extremas. Groenlandia ocupa una posición geográfica privilegiada en el Atlántico Norte lo que la convierte en un punto clave para la seguridad hemisférica. Desde la Guerra Fría, Estados Unidos ha mantenido una presencia estratégica en la isla, especialmente a través de la base Thule, fundamental para los sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles. El cambio climático ha reforzado este valor, al reducir las distancias operativas y abrir nuevas rutas marítimas que incrementan la importancia del control del espacio ártico. A este componente militar, se suma el interés económico. Groenlandia alberga importantes reservas de minerales críticos, como tierras raras, uranio y otros recursos estratégicos esenciales para las industrias tecnológicas y de defensa. Para Estados Unidos, asegurar el acceso pleno a estos recursos forma parte de una estrategia más amplia orientada a reducir su dependencia de cadenas de suministro dominadas en particular por China. Justamente, el interés chino en el Ártico y en Groenlandia ha sido un factor adicional en la intensificación del renovado interés estadounidense. Aunque China no es un Estado ártico, se ha autodefinido como una potencia ártica y ha incrementado de manera sostenida su presencia mediante inversiones, proyectos de infraestructura y cooperación científica. Estas iniciativas, presentadas bajo una retórica de desarrollo y conocimiento, son percibidas por Washington como instrumentos de influencia a largo plazo. La estrategia china en las latitudes extremas se inscribe en una lógica global. El Ártico para Beijing es concebido como una extensión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en su versión denominada Ruta de la Seda Polar, que busca diversificar rutas comerciales, garantizar acceso a recursos y ampliar su proyección geopolítica. Desde esa perspectiva Groenlandia representa una pieza valiosa por su ubicación, su potencial económico y su estatus político autónomo dentro del Reino de Dinamarca. El interés estratégico en las regiones polares refleja una transformación profunda del orden geográfico contemporáneo. Groenlandia, en ese sentido, se erige como un símbolo que permite anticipar una tendencia que trasciende el hemisferio norte. En el Cono Sur, la Antártida y el Atlántico Sur se perfilan como espacios de creciente valor estratégico en un contexto de cambio climático, presión sobre recursos críticos, competencia entre grandes potencias y redefinición de la seguridad global. Desde esta perspectiva, la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido introduce un elemento diferenciador porque ancla al Atlántico Sur en una tensión concreta, histórica y aún no resuelta con una potencia colonial extrarregional, a diferencia de otros espacios polares donde la competencia es más indirecta. Sin perjuicio de la evolución diplomática de la cuestión Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, las latitudes extremas del hemisferio sur ya no deberían entenderse como periferias inmóviles, sino como escenarios clave en la redefinición del orden geopolítico del siglo XXI. Sobre la firma Newsletter Clarín
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