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  • Petróleo: qué puede cambiar con la caída de Maduro

    » Clarin

    Fecha: 15/01/2026 06:31

    La salida del poder de Maduro genera varios interrogantes sobre la futura administración del gobierno venezolano. Seguramente, el inicio de este proceso de cambio estará caracterizado por una fuerte injerencia de Estados Unidos en las decisiones políticas y económicas de ese país, por lo menos mientras dure la administración Trump. Independientemente de la incertidumbre coyuntural, la caída de Maduro no impactará a la economía de los países de América Latina con excepción, claro, de Cuba que históricamente ha dependido de algunos servicios y del petróleo venezolano. Tampoco en el mercado petrolero ni en el desarrollo de Vaca Muerta Venezuela atesora la principal reserva comprobada de crudo a nivel mundial. De acuerdo con informes de la EIA, Energy Information Administration cuenta con más de 300.000 millones de barriles o 300 billones de barriles (bb) de crudo pesado y extrapesado. Pero, solo produce 0,9 millones de barriles diarios (mbd), mientras que EEUU con reservas de 74 bb, (25% de Venezuela) es el mayor productor del mundo con 14 millones diarios,15 veces Venezuela. Es decir, no es cuestión de reservas sino de capacidad para ponerlas en valor. Venezuela llegó a producir en los 90, antes del chavismo, hasta 3,5 mbd y, para volver a conseguir esa producción, sería necesario invertir más de U$ 80.000 millones, dado el estado deplorable de equipos e instalaciones, y también tiempo, entre 5 y 10 años. A pesar de la encendida e insistente convocatoria de Trump a las principales petroleras estadounidenses a invertir en Venezuela, la respuesta de estas ha sido muy cauta. No están dispuestas a participar mientras no se aclare el panorama institucional y legal en el país, y algunas como Conoco- Phillips y Exxon Mobile exigen antes pagos por más de USD 30.000 millones, por las expropiaciones de Chávez. Razón no les falta a las petroleras, las condiciones de incertidumbre imperantes a corto y mediano plazo no son propicias para realizar inversiones de envergadura que inmovilizarán por décadas, máxime cuando la mayoría de las empresas convocadas ya fuera víctima del atropello chavista que le expropió activos, negocios y propiedades sin el correspondiente resarcimiento. Chevron es la excepción, al haber desarrollado alguna actividad en Venezuela a instancias de acuerdos de la administración Biden con Maduro en 2022. Ha salido a buscar financiación por U$ 2000 millones que necesita para que no caiga la exigua producción actual e incrementarla en no más de 500.000 bd dentro de tres años. Mientras tanto, mantiene el statusquo a la espera de definiciones. Por lo tanto, esta intervención de EEUU en Venezuela no incidirá en el precio del petróleo por ahora. Las exportaciones actuales, del orden de los 700.000 bd, se redireccionarán hacían las refinerías estadounidenses en las costas del golfo diseñadas para procesar crudo pesado, actualmente con capacidad ociosa, y dejará de venderle a China ese volumen. EE.UU obtiene un beneficio adicional, tal vez más importante. Al evitar esas exportaciones irregulares, que se liquidaban en yuanes o cripto monedas en mercados poco transparentes, se alentaba una alternativa al dólar, moneda excluyente en las transacciones del negocio petrolero y que significa para EE.UU el control de los mercados financieros mundiales desde el acuerdo alcanzado con Arabia Saudita en los 70. También se beneficia Venezuela con el cambio ya que buena parte de las exportaciones eran para amortizar deudas con China y ahora, dependiendo del reparto que se acuerde con EE.UU de la renta petrolera, le ingresarán divisas por miles de millones de dólares, que servirán para empezar a estabilizar la destruida economía venezolana. Demás está decir que la industria petrolera estadounidense tendría grandes beneficios con un revival petrolero venezolano, por cuestiones de mercado a futuro y por la necesidad de importar petróleo pesado. También veo un interés estratégico para los EEUU a largo plazo cuando la producción de los shale oil de las cuencas estadounidenses, comiencen a declinar su producción y entonces el petróleo de Venezuela puede constituirse en un interesante back up. Pero las características y plazos de ese revival hoy no se pueden definir. Dependen de múltiples interrogantes, además de los políticos, que comprenden la reorganización institucional del país, los precios del mercado, y las alternativas de inversión petrolera en otros lugares del mundo como, porque no, Argentina. Otro aspecto muy importante y que puede condicionar el atractivo inversor en Venezuela es si el mundo va a volver a las políticas energéticas del siglo XX o retomará las del siglo XXI en el que se había acordado una agenda global para terminar con la combustión de hidrocarburos. Hoy ya se habla poco de la transición energética hacia el denominado Net Zero ante la embestida de Trump con su drill baby drill y el lobby petrolero negando el cambio climático de origen antropogénico. Por el momento nada indica que en el corto plazo pueda cambiar la cosa. Si triunfa el criterio del siglo pasado, es decir que se usará petróleo hasta que se acabe, Venezuela tiene un gran futuro ya que tendrá tiempo para monetizar los 300bb de reserva, caso contrario le quedará la mayoría de esas reservas bajo tierra. Desde mi punto de vista, Venezuela posee muchos y variados recursos naturales y una memoria democrática que la dictadura chavista no ha logrado borrar en la mayoría de sus ciudadanos. Por tal motivo confío en que Venezuela podrá recuperarse política e institucionalmente y constituirse en un interesante aporte para el bloque geopolítico de Occidente. Sobre la firma Newsletter Clarín

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