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» La Nacion
Fecha: 15/01/2026 03:30
Entre montañas y lagos que reflejan el cielo, Laura Laprida (35) suspira profundo reconociendo ese paraíso. San Martín de los Andes es el lugar al que vuelve cada vez que puede, desde que tiene uso de razón. Esta vez, no solo la acompaña su marido, el fotógrafo Eugenio Levis, sino que a su lado, bajo la sombra que regala un árbol frondoso, descansa plácidamente su hijo, Otto, de cinco meses, con quien debuta en su rol de mamá. Laura y su familia llegaron desde Madrid, donde viven hace seis años, justo para las fiestas y, después de eventos varios para que sus afectos conocieran a su heredero, volaron al sur. Hay muchos planes que no hago porque estoy con Otto. Mientras otros se tiran al agua, van a pescar o hacen excursiones, yo estoy a la sombra con él. Siento que es parte del proceso. Hoy me toca esto y lo vivo con mucha aceptación y alegría, le cuenta la actriz a ¡HOLA! Argentina. ¿Cómo fue la llegada a Argentina? Fue muy linda. Hoy, con las redes sociales y la tecnología, Otto ya era bastante conocido antes de llegar: hicimos mucho FaceTime con la familia, así que todos sentían que ya lo conocían un poco. De todas maneras, cuando llegamos intenté que el encuentro presencial fuera paulatino y tranquilo, teniendo en cuenta lo que implica un viaje largo, el cambio de clima y también el cambio de casa. En Buenos Aires nos estamos quedando en la casa de mis padres [la Trilliza de Oro María Eugenia y el ex polista Horacio Laprida], en Pilar, así que para Otto fue pasar de estar solo con mamá y papá a convivir con los abuelos. El primer día estuvimos tranquilos, y al día siguiente vinieron mis hermanos con mis sobrinos a conocerlo. Más adelante, de a poco, fui organizando los encuentros más grandes: el clan de las Trillizas, que es enorme, vino a almorzar un día a casa para conocerlo. Siempre traté de hacerlo de manera escalonada, cuidando sus tiempos. El 22 nos volvemos a Madrid, a seguir con nuestra rutina. ¿Te cuesta compartirlo? No me cuesta nada compartirlo. De hecho, desde el principio tuve claro que quería que Otto fuera un bebé sociable. A la semana del alta del hospital, cuando mis padres se fueron, empecé a organizar comidas en casa para que vinieran amigos y familiares a conocerlo. Otto siempre fue muy sociable, y siento que eso también se fue construyendo: hoy, con cinco meses, va con todo el mundo, se deja dormir por cualquiera, está siempre de buen humor y disfruta estar rodeado de gente. Hay momentos en los que aparece algo más instintivo de querer guardarlo un poco más para mí. Cuando eso pasa, lo escucho y estamos solos. Siento que encontré un equilibrio entre compartirlo y respetar también mis propios tiempos y los de él. En general, me gusta compartirlo y me hace bien hacerlo. Aprovecharon para bautizarlo. ¿Cómo fue la organización? El bautismo lo organizó mamá a la distancia, con mucho amor. Fue algo íntimo y sencillo, tal como lo queríamos: participaron solamente mi familia y la familia de Eugenio. Primero fuimos a la capilla, donde nos acompañó el padre Javier, que es el sacerdote de la familia, y después hicimos un almuerzo en la casa de mis padres. Y UN DÍA LLEGÓ OTTO ¿Cómo viviste el embarazo? El embarazo llegó hasta la semana 40. No me ofrecieron esperar hasta la 41 o la 42 porque los controles indicaban que Otto venía grande y que, de una semana a otra, había aumentado bastante de peso. El 11 de agosto fui a la consulta y el médico me explicó que el bebé todavía estaba alto, que no terminaba de encajarse, y que por su tamaño prefería no correr riesgos. Entonces decidimos que al día siguiente me internaría para iniciar una inducción y comenzar el trabajo de parto. ¿Estaban solos con Eugenio o ya había llegado la familia para acompañarlos? Los días previos estuve muy acompañada por mi familia. Vinieron mamá, papá y mi tía Emilia. Emilia se volvió el 6 de agosto y mis papás se quedaron conmigo, acompañándome a cada control y estando muy presentes emocionalmente. El 12 de agosto me interné a las 8 de la mañana y ellos se quedaron durante todo el proceso, que fue largo: estuve 16 horas en trabajo de parto. Era pleno agosto y el hospital estaba prácticamente vacío, así que pasaron muchas horas solos en la sala de espera. Tuve contracciones, llegué a dilatar 10 centímetros y empujé durante aproximadamente una hora y media. Pero Otto estaba trabado en uno de mis huesos de la pelvis y no lograba descender. Ante esa situación, el equipo médico decidió avanzar con una cesárea. Otto nació a las 23:45 de ese mismo día. ¿Cómo fue la recuperación? Intensa. Venía de muchas horas de trabajo de parto y de un cuerpo muy exigido, incluso con maniobras para intentar ayudar al bebé a bajar, así que el postoperatorio se me hizo pesado. Ahí fue clave el acompañamiento: mamá, Eugenio y papá me ayudaron muchísimo, tanto física como emocionalmente. ¿Cómo es Otto? La verdad es que Otto es un bebé fácil, por suerte. Es tranquilo, muy fácil de leer: cuando tiene una molestia, cuando llora, todo tiene un motivo claro. Siento que estoy muy conectada con él. Se deja dormir por mí, por mi hermana, por quien esté con él; es sociable, carismático, muy simpático. Siempre está de buen humor, incluso cuando se despierta de las siestas. Eso, sin duda, ayuda muchísimo y hace que todo sea más liviano. ¿Qué es lo que más te maravilla de la maternidad? Me maravilla lo mucho que lo disfruto. De verdad lo estoy disfrutando muchísimo. Me divierto con él, elijo estar con él. Mucha gente me dice Dejalo un rato solo, y la verdad es que no quiero. Me gusta que esté conmigo, me entretiene, me da placer. ¿Y lo que más te costó? La lactancia fue lo más difícil desde el comienzo. Por eso hacemos lactancia mixta. Me costó mucho aceptar que necesitaba complementar con la mamadera. Hubo un trabajo interno importante de aceptación y de perdón hacia mí misma. Hoy entendí que la fórmula es una gran aliada. ¿Cómo lo ves a Eugenio como papá? Eugenio es un padrazo. Creo que incluso está más sorprendido que yo con todo lo que implica un bebé. A él, al principio, le costaba un poco la idea de ser padre, sobre todo porque no tuvo bebés cerca en su entorno. Vivimos muchos años afuera y no tuvo esa experiencia previa. Pero lo veo superpredispuesto a aprender, a evolucionar, a animarse. Le gustan los desafíos, lo puede dormir, se involucra y está muy entusiasmado. Eso me encanta y me da mucha tranquilidad. ¿Pedís consejos? La verdad es que no demasiado. Hay un choque generacional fuerte. Comentarios del tipo Yo lo dejaba en la cuna y se dormía solo o Yo nunca los dormí en brazos no me sirven. Yo observo a Otto, lo conozco, sé qué le funciona y qué no. Me guío más por lo que me muestra él que por los consejos externos. No siempre es fácil, porque uno convive con opiniones de otras generaciones, pero entiendo que son otros tiempos y otras formas de criar. Yo sigo adelante con lo que siento que es mejor para mi hijo. EL FUTURO DE A TRES ¿Estás pensando en la vuelta al trabajo? La verdad es que nunca dejo de estar vinculada al trabajo. Al dedicarme a algo tan creativo, siempre estoy creando, aun en los momentos en los que no me encuentro frente a cámara. Durante el embarazo, en el primer trimestre estuve haciendo una obra en un teatro muy reconocido de Madrid, una comedia que fue una experiencia hermosa. Después, cuando terminó la obra y empecé a transitar más el embarazo, me permití bajar un cambio y empollar un poco más, pero sin desconectarme del todo. En ese tiempo escribí una película, desarrollé un guion y armé cuatro proyectos que hoy estoy presentando a productores y directores con los que trabajo en España, y que también me gustaría poder presentar acá, en la Argentina. Para mí el trabajo es parte de quien soy, y eso no se apaga con la maternidad. Por supuesto que me encantaría volver a la televisión, a grabar, a filmar. Sé que eso va a implicar organización, sobre todo teniendo un bebé tan chiquito, pero lo pienso con mucha calma y planificación. Mi idea es poder destetarlo completamente alrededor de los seis meses, cuando empiece con la alimentación sólida, y ahí ganar un poco más de libertad si aparece algún proyecto. Además, Eugenio trabaja desde casa, así que nos organizamos mucho en equipo. Si surge un viaje, Otto irá conmigo; y si no, se quedará con su papá. Me siento muy tranquila con esa dinámica y con la idea de que el trabajo y la maternidad puedan convivir.
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