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» La Nacion
Fecha: 14/01/2026 17:54
El balance de la primera quincena: las tres tendencias que marcan un verano atípico en Pinamar y Cariló Respecto a la temporada anterior, hubo un crecimiento del 17% en términos de ocupación; sin embargo, los operadores turísticos afirman que hay un menor consumo - 6 minutos de lectura' PINAMAR (Enviada especial).- La primera quincena de enero en el partido de Pinamar cerró con jornadas de sol y playas colmadas, pero estuvo atravesada por una fuerte inestabilidad meteorológica. Días de calor intenso se alternaron con jornadas frías, lluviosas y una sudestada que, por momentos, redujo de manera abrupta la actividad en la playa, en los restaurantes y en los hoteles. Esa irregularidad fue el telón de fondo de una temporada que mostró números mejores que los del año pasado, pero que también confirmó un cambio profundo en la forma de vacacionar: menos días de estadía, decisiones de último momento y un gasto mucho más controlado. Según datos del municipio, durante los fines de semana de la primera quincena se registró un aumento interanual de hasta el 17%, con picos de ocupación que superaron el 90% en Cariló y más del 80% en todo el Partido de Pinamar. El intendente Juan Ibarguren sostuvo: Esta primera quincena de enero notamos un aumento en ocupación respecto al año anterior de hasta el 17% durante los fines de semana. Logramos niveles que superaron el 90% en localidades tales como Cariló y más de un 80% de ocupación hotelera en todo Pinamar. Y agregó que existen altas expectativas para la segunda quincena de enero. Paradores En la playa, los concesionarios describieron una quincena altamente dependiente de las condiciones meteorológicas. En Parador Boutique, en Pinamar, señalaron que la ocupación fue muy alta en los días soleados, especialmente durante la mañana y la tarde, pero que cayó de manera marcada cuando llegaron el frío, el viento y la lluvia. También indicaron que se profundizó una tendencia que ya venía creciendo: menos alquileres por quincena o mes y más contratos diarios, lo que incrementa la rotación de turistas y reduce la previsibilidad del negocio. En Parador Negroni, en la zona del centro de Pinamar, el restaurante y el sector de carpas trabajaron con buen nivel de actividad cuando el tiempo acompañó, pero el consumo se redujo de manera inmediata en las jornadas desfavorables. El mismo patrón se repitió en Hemingway, donde la ocupación rondó el 85%, por encima del verano pasado, aunque con una mirada de cautela hacia febrero, que por ahora muestra menos reservas. En Parador Neruda, en Cariló, el promedio se mantuvo cerca del 60%, en línea con 2025, pero con un cambio marcado en la modalidad de contratación: cada vez se alquila menos por períodos largos y más por día o por pocos días, una tendencia que se profundizó en esta temporada y que incrementa la dependencia del clima. Gastronomía La gastronomía de Pinamar también reflejó esa dinámica. Restaurantes, bares y locales de comida rápida trabajaron a sala llena en los días de sol, especialmente por la noche, pero registraron caídas importantes en las jornadas de frío y lluvia. En términos de consumo, el público eligió opciones más económicas, compartió platos o directamente cocinó en los departamentos, lo que impactó en el ticket promedio. El movimiento fue alto, pero el gasto por persona fue más moderado que en otros veranos. La hotelería de la ciudad de Pinamar acompañó ese mismo comportamiento. Los hoteles y apart-hotels trabajaron con muy buena ocupación los fines de semana, pero con estadías más cortas y reservas tomadas con poca anticipación. La mayoría de los huéspedes llegó por tres, cuatro o cinco noches, en lugar de los tradicionales bloques de siete o catorce. Además, muchos establecimientos debieron flexibilizar sus políticas de estadía mínima para adaptarse a una demanda que decide en función del clima y del presupuesto. En Cariló, la situación fue algo más sólida, aunque también atravesada por el mismo cambio de comportamiento. En el Cariló Palace informaron una mejora respecto del verano pasado, con una buena proporción de estadías de siete y catorce noches, aunque también con un crecimiento de las reservas de cuatro o cinco días. En el Hotel Ville Saint Germain señalaron que, tras una semana de Año Nuevo casi llena bajo el esquema de siete noches mínimas, debieron flexibilizar las condiciones y aceptar estancias más cortas. La mayoría de las consultas llega ahora muy cerca de la fecha, condicionada por el clima y el precio. Estadías Del lado de los turistas, la quincena confirmó un patrón generalizado de ajuste en el gasto y reducción de los días de estadía. En Pinamar, María Luján Rossi, llegada desde La Plata con sus dos hijos, alquiló un departamento por cuatro noches. Antes veníamos dos semanas, pero ahora no se puede. Entre el alquiler, la comida y la nafta, en cuatro días gastás lo que antes en diez. Entonces, preferimos venir menos tiempo, disfrutar y volver, explicó. También desde Buenos Aires, Tomás Bianchi viajó con tres amigos y se quedó cinco días. Hicimos números antes de venir. El alquiler, la nafta, el supermercado y salir a comer dos noches ya te consume una parte enorme del presupuesto. Por eso recortamos los días, contó. En Cariló, Ricardo Perdomo, jubilado, alquiló una casa por todo enero. Yo sigo viniendo un mes, pero veo que la mayoría no puede. Vienen tres o cuatro días y se van. Además, todo está más caro: el súper, salir a comer, cualquier cosa, señaló. Ana Paula Godoy, que vacaciona en Pinamar con su pareja, eligió quedarse una semana. Dividimos las vacaciones en dos partes. Quince días seguidos ya no entran en el presupuesto. Cocinamos en el departamento para poder estirar la estadía, explicó. Lucía Fernández combinó diez días entre Pinamar y Cariló, mientras trabaja de manera remota. Aunque esté trabajando, los gastos son los mismos: alquiler, supermercado, cafés, alguna comida afuera. Yo me quedo lo que puedo pagar, dijo. Desde la Secretaría de Turismo, Alejandra Apolonio explicó que la primera quincena combinó buenos niveles de ocupación con una alta rotación de visitantes, un esquema que permitió sostener la actividad aun cuando las estadías promedio fueron más cortas y el gasto más medido.
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