14/01/2026 19:18
14/01/2026 19:16
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
14/01/2026 19:15
» Clarin
Fecha: 14/01/2026 17:35
Joaquín Rodrigo Ibarra tenía 21 años y soñaba con ser ingeniero. Vivía con su mamá, sus abuelos y sus dos hermanas en la ciudad de Banda de Río Salí, en las afueras de la capital tucumana. Tenía una sobrina, de quien también era el padrino. Además, tenía una banda de amigos con los que se juntaban seguido a jugar a las cartas o con la computadora. Este lunes cerca de las 2 le dijo a su mamá que iba a ir a la casa de uno de ellos. Siempre se reunían de noche, pero era la primera vez que salía de madrugada. ¡¿A estas horas?!, le preguntó sorprendida. Luego le dijo que tenga cuidado. Joaquín caminó las 15 cuadras hasta la casa de su amigo, en el barrio Julio Abraham, ubicado en la localidad de Alderetes. Cuando llegó tocó timbre y esperó a que la abrieran. En ese momento fue sorprendido por dos motochorros. El que iba como acompañante, tapado con una capucha y gorra, bajó y lo encaró armado. El joven levantó sus dos brazos y dejó caer una bolsa blanca de tela donde llevaba una bermuda y una remera. El ladrón la agarró y amagó con volver a subirse a la moto, pero regresó hacía donde estaba Joaquín, todavía inmóvil por la situación. En ese momento el motochorro levantó su brazo, golpeó en la cabeza a Joaquín y le disparó. El joven no tuvo reacción. Su cuerpo cayó desplomado. Aunque fue trasladado al Hospital Padilla murió cerca de las 5 del mismo día. El hecho quedó registrado en dos cámaras de seguridad de un depósito de una distribuidora, ubicado a metros del lugar de la escena del crimen. Luego del asalto, los dos motochorros escaparon del lugar, mientras que el personal de la Unidad de Investigaciones Criminales y Delitos Complejos Este de la Policía de Tucumán montó un operativo cerrojo que permitió detenerlos a las pocas horas. Los sospechosos tienen 16 y 17 años. Cuando fueron apresados también quedaron detenidos familiares que intentaron evitar el arresto, precisaron fuentes policiales. Se procedió al secuestro de la ropa que vestían en el momento de robo y un teléfono celular afirmó el comisario principal Daniel Brito. El jefe policial agregó que ambos tienen antecedentes penales. La fiscal María del Carmen Reuter, a cargo de la Unidad Fiscal de Homicidios de Feria, los imputó como coautores del delito de homicidio criminis causa. Para la fiscal, el menor regresó y le disparó a Joaquín con el fin de asegurarse de que no los reconociese con posterioridad y garantizar la impunidad de ambos, según precisó en la audiencia de imputación. Los adolescentes fueron trasladados al Instituto Roca después de que se les impusieran una medida de disposición provisoria por el plazo de cuatro meses. El recuerdo de su familia Joaquín era el único hijo varón. Tenía una hermana mayor de 30 años y una de 14. Vivían todos en una misma casa, junto a su mamá, abuelos y a su pequeña ahijada. Él era un niño superbueno, inocente, no tenía maldad, nunca trajo un problema a casa. Un excelente amigo, mucha gente que lo conoce lo quería, lo describió a Clarín Marisel, su hermana mayor. La escuela primaria la hizo en el Juan C. Méndez y la secundaria en la Escuela de Comercio de Banda de Salí. Estaba por entrar a estudiar Ingeniería, una carrera costosa, pero Joaquín contaba con el apoyo de su familia. Para comprar sus cosas y darse gustos trabajaba haciendo changas con uno de los tantos amigos que tenía. Su hermana dijo que eran 8 de un grupo y otros 15 de otro; todos del barrio. Le gustaba juntarse con sus amigos. Eso lo complacía. Sus amigos eran excelente, no tenían vicios ni maldad. Él iba a sus casas o venían a la nuestra, recordó la mujer. No se resistió a nada Marisel describió el momento en que su hermano fue asesinado. Lo han querido matar porque no le robaron nada. Le llevaron eso solo, dijo, en referencia a la bolsa de tela blanca donde solo tenía una bermuda y una remera. Los motochorros no se llevaron ni el celular de Joaquín. Él tiro la bolsa, no se resistió a nada. En el video se ve todo claro. No había necesidad de que lo mataran. No entiendo por porqué lo terminan matando. Nos lo han arrebatado porque era un niño, dijo, al bordo de las lágrimas. Marisel junto a su familia piden que se haga justicia. Me lo han arrebatado cuando recién empezaba a vivir, no puedo aceptar esto. Nunca me imaginé que me lo quiten así. Esta mañana me levanté con un vacío inmenso, recién caí de lo que pasó, señaló. Él no va a estar nunca más con nosotros, no tenemos nada más para compartir. Nos mataron en vida. No sé qué habrá sentido mi hermano, si fue dolor, impotencia o desesperación. No quiero imaginar como latía su corazón cuando le apuntaron. No pude estar ahí cuando siempre lo acompañé. Me lo quitaron por nada. Ellos siguen respirando yo ya no lo tengo a mi hermano, cerró la mujer, llorando. AA Sobre la firma Mirá también Mirá también Newsletter Clarín
Ver noticia original