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  • "Decía que era Dios en la tierra": los terribles testimonios de las denunciantes de la secta liderada por dos empleados del Senado bonaerense

    » TN

    Fecha: 14/01/2026 17:35

    Las mujeres que denunciaron haber sido abusadas por Nicolás Rodríguez y su novia Daniela Silvia Muñóz, ambos empleados del Senado bonaerense, contaron cómo actuaba la secta La orden de la luz que lideraba la pareja y revelaron detalles escabrosos. Los testimonios hablan de manipulación disfrazada de espiritualidad, de poder divino y mencionan las tres personalidades místicas que tenía el líder de la comunidad, con las cuales ejercía presión y amenazaba a las víctimas para poder abusar de ellas. Leé también: Detuvieron a dos empleados del Senado bonaerense acusados de liderar una secta que abusaba de mujeres Rodríguez y Muñóz permanecen detenidos por orden de la fiscal Betina Lacki, titular de la UFI N°2 de La Plata, quien a fines de diciembre los procesó por abuso sexual con acceso carnal agravado en al menos cuatro hechos que habrían ocurrido entre el 2015 y el 2019. Él en calidad de autor y ella como partícipe necesario. Según la fiscalía, la secta tenía una estructura piramidal. Por un lado, Rodríguez, que era el líder máximo, identificado como el Dios Kiei, un guerrero con supuestos poderes mundiales y un semidiós reencarnado, se presentaba como un ser al que las víctimas debían servir y satisfacer por ser su propósito en el mundo. A su lado, Daniela Silva Muñoz actuaba como Sensei o maestra espiritual. Su papel era el de facilitadora. Utilizaba su posición de confidente o amiga para persuadir a las víctimas de mantener vínculos sexuales con Rodríguez, y argumentaba que no se podía romper la trieja (relación de tres). De acuerdo a los testimonios de las denunciantes, ellos se conocían de distintos ámbitos. Algunas llegaban a tener el primer contacto a través de la militancia política, ya que la pareja era referente del Movimiento Ciudadano La Capitana de La Plata, un partido kirchnerista que militó a Unión por la Patria y que se define como Popular, democrático, feminista y latinoamericanista. También el vínculo se gestó en el ámbito universitario, donde Rodríguez era ayudante de un profesor de Ciencias Políticas. Incluso, una de las denunciantes contó en su declaración que el hombre le pagaba los estudios y le generaba una dependencia económica de la cual le costaba salir por presiones y amenazas que ejercía sobre ella. Otro de los lugares donde conocía a sus víctimas era en eventos y encuentro de mujeres, donde Muñóz era referente de Género en la agrupación que integraba junto a su pareja. Sin embargo, según consta en el documento fiscal, en clara oposición a las funciones que debería llevar a cabo, persuadía a las víctimas a presentarse en su domicilio o en la propia oficina del Senado, dejándolas encerradas con Nicolás para que este abusara de ellas. Crul, el Misterioso y Kiei: las tres personalidades del líder de la secta La estructura de creencias permitía a Rodríguez manifestar diversas esencias o personalidades de vidas pasadas, cada una con una función en la manipulación. De acuerdo al testimonio de una de las víctimas, al que accedió TN, se habla de al menos tres identidades. Él decía que podía traer al presente vidas pasadas. Ahora entiendo que tenía diferentes personalidades. Yo conocía tres. Crul era el más violento, como una especie de mono, de los primeros hombres de la tierra, el más primitivo. Me golpeaba fuerte, abusaba de mí y dos veces me levantó del cuello contra la pared, detalló una de las denunciantes. Otra esencia era el Misterioso, el que venía a aconsejarme y decirme lo que tenía que hacer, a ayudar al que se llamaba el buda, o el mesías, o el Dios, refiriéndose a Nicolás. Me decía que tenía que garantizar su satisfacción, agregó la mujer. El Kiei era otra esencia. Desde el 2018 hasta que pude cortar, es el que me llevó a tener relación con Daniela, me decía que iba a matar a mis hermanos si no hacía lo que me decía. A Nicolás varias veces lo encontraba adentro de mi casa, pintado con la cara de negro, vestido de negro y con una catana o navajas. Una vez me dejó una navaja en mi almohada, recordó la chica. Por otro lado, existían sesiones de reentrenamiento o para domar el fuego en la casa de Silva Muñoz, donde se obligaba a las víctimas a apagar llamas con las manos si se rebelaban, vinculando el dolor físico con la desobediencia espiritual. Daniela y Nicolás me decían que éramos elementos. Yo era fuego por mi carácter, que tenía que controlarlo, si yo me rebelaba me hacían apagar el fuego con la mano. Me dolía y me decían que ese dolor era el que les provocaba cuando me rebelaba, contó una de las denunciantes. Además, la secta usaba tácticas psicológicas para mantenerlas en alerta. A través de distintos mails, enviaban mensajes sobre fuerzas malignas, demonios o el fin del mundo. Con esto ordenaban a las víctimas realizar acciones absurdas, como esperar en la calle de madrugada para probar su lealtad. Tengo una cuenta con 200 mails donde me enviaban a la madrugada que el Kiei estaba en peligro, que me aleje de las ventanas, que arme un bolso y que espere afuera que me iban a levantar. Recuerdo una vez que estaba atada de pies y manos en una combi. Al otro día tenía moretones en el cuerpo. Yo le conté todo a una amiga porque tenía miedo que me pasara algo. Le dije que si aparecía muerta no es porque me quería suicidar, sino porque ellos me hicieron algo, reveló. Para mantener a las víctimas, las amenazaban y la estructura imponía una cláusula de no retorno. A las víctimas se les decía que si intentaban abandonar la orden de forma secreta, serían asesinadas ellas o sus familias. Un aspecto clave de la manipulación era cómo la secta se solapaba con la militancia política de los implicados. Los líderes utilizaban sus cargos -Rodríguez como referente político y Silva Muñoz como referente de género- para crear una dependencia económica y laboral.

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