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» TN
Fecha: 14/01/2026 16:31
Para una Casa Blanca que persigue el dominio energético, la jugada del presidente Donald Trump para obtener el petróleo de Venezuela es muy prometedora. Tener el control efectivo de las exportaciones de petróleo de Venezuela podría ampliar la capacidad de Estados Unidos para proyectar su poder en todo el mundo sin preocuparse tanto por las consecuencias económicas y políticas de las crisis de los precios del petróleo. Podría reducir la influencia de los productores de petróleo de Medio Oriente y dejar a los grandes consumidores, como China, más dependientes de Estados Unidos. Leé también: Trump amenaza con dejar fuera de Venezuela a la mayor petrolera de Estados Unidos tras el cruce con su CEO El director del fondo soberano de Rusia, Kirill Dmitriev, dijo que ahora Washington podría tener una enorme influencia en el mercado del comercio mundial de petróleo. Tong Zhao, analista sobre China de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, dijo que en Beijing existía la preocupación de que la expansión de la influencia estadounidense en América Latina pudiera permitir a Estados Unidos cortar a voluntad el suministro de petróleo y otros recursos estratégicos de la región a China. Pero los grandes planes de Trump para el petróleo venezolano ya se han topado de bruces con la realidad, empezando por la aparente reticencia de las principales compañías petroleras estadounidenses a sumergirse de inmediato en Venezuela y el hecho relacionado de que, a diferencia de Rusia o Arabia Saudita, Estados Unidos no tiene una compañía petrolera nacional dispuesta a cumplir las órdenes del gobierno. Además, está librando su campaña por un mayor control de los mercados petroleros mundiales en una época en la que Estados Unidos ya es menos sensible a las perturbaciones del suministro mundial de petróleo que en décadas pasadas, cuando Trump perfeccionó su mentalidad de tomar el petróleo. Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero actualmente solo produce alrededor del 1 por ciento del petróleo mundial debido a años de sanciones y mala gestión. Trump ha dicho que las empresas estadounidenses gastarán miles de millones de dólares para mejorar las infraestructuras del país y aumentar su producción, un proceso que, según los analistas, llevaría años. Leé también: Trump impone un acuerdo forzado al chavismo y el petróleo venezolano empezará a llegar a Estados Unidos La estrategia de Trump plantea la cuestión de cuánto vale realmente el dominio energético hoy en día, dado que muchos analistas creen que ya hay un gran exceso de oferta de petróleo en los mercados mundiales. Con Trump, el estatus de Estados Unidos como el mayor petroestado del mundo es cada vez mayor, dijo Cliff Kupchan, presidente del Grupo Eurasia, una empresa de evaluación de riesgos políticos. En mi opinión, es una mala apuesta. Trump, sin embargo, proyecta confianza. Ya estamos en funcionamiento, dijo al recibir a ejecutivos petroleros en la Casa Blanca el viernes, y habló como si ya estuviera a cargo de las exportaciones de petróleo de Venezuela. Momentos después, el director ejecutivo de la mayor petrolera estadounidense, Exxon Mobil, dijo a Trump que Venezuela era inviable y no se comprometía a realizar grandes gastos. El domingo, Trump dijo a los periodistas a bordo del Air Force One que el gigante petrolero estadounidense estaba haciéndose el simpático. Probablemente, me inclinaría por mantener a Exxon fuera de Venezuela, dijo Trump. No me gustó su respuesta. Fue un tira y afloja que demostró la obsesión de Trump por el petróleo como botín del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la captura de su líder, Nicolás Maduro, el 3 de enero. También reveló los límites de su influencia como presidente estadounidense, en un mundo en el que las empresas energéticas no se muestran nada entusiastas por ver aún más combustibles fósiles en los mercados mundiales. El precio de referencia del petróleo en Estados Unidos cotizó la semana pasada cerca de los 56 dólares por barril, cerca de su nivel más bajo en cinco años. 1973 pasó hace mucho, dijo Amy Myers Jaffe, investigadora de energía y geopolítica de la Universidad de Nueva York. El petróleo ya no es nuestro talón de Aquiles, afirmó. Jaffe se refería al embargo de petróleo de 1973, cuando los países árabes exportadores de petróleo castigaron a Estados Unidos por su apoyo a Israel y, al hacerlo, demostraron la vulnerabilidad de depender de las importaciones de petróleo extranjero. Ahora, Estados Unidos no solo es el mayor productor de petróleo del mundo, dijo, sino que gran parte de nuestra economía funciona con otras fuentes de energía. Sin embargo, la visión del petróleo como fuerza motriz de la geopolítica ha estado grabada en la mente de Trump desde al menos la década de 1980. Mencionó la crisis del petróleo de 1973 en su libro El arte de la negociación de 1987, y señaló en él que el embargo petrolero devastó las líneas aéreas estadounidenses. Después de haber regresado a la Casa Blanca el año pasado, Trump anunció la formación de un Consejo Nacional para el Dominio de la Energía con el objetivo de reducir nuestra dependencia de las importaciones extranjeras. El ataque de Trump a Venezuela se ha convertido en una oportunidad única para poner en práctica lo que ha pedido desde hace tiempo: tomar el petróleo de otro país. Van a entrar con cientos de miles de millones de dólares para perforar petróleo, y es bueno para Venezuela y es estupendo para Estados Unidos, dijo Trump tras reunirse el viernes con ejecutivos petroleros, sin aclarar qué empresas harían esas inversiones y realizarían las perforaciones. Al menos, en teoría, tener cierto control sobre las exportaciones de petróleo venezolano podría proporcionar a Trump una influencia internacional adicional. Meghan OSullivan, directora del Proyecto de Geopolítica de la Energía de la Harvard Kennedy School, dijo que uno de los resultados podría ser una menor influencia del cártel petrolero de la OPEP y de los adversarios de Estados Unidos que podrían tratar de influir en los mercados petroleros. Zhao, analista del Carnegie sobre China, dijo que Beijing parecía estar nervioso por el creciente papel de Estados Unidos en los mercados petroleros, más aún debido a la inestabilidad en Irán. Aunque solo alrededor del 5 por ciento de las importaciones totales de crudo de China proceden de Venezuela, dijo, este país podría adquirir mayor importancia como fuente si el acceso de China al petróleo iraní se viera sometido a presión. Mientras Trump considera otra posible intervención militar extranjera -esta vez en Irán-, el papel del petróleo en la geopolítica podría volver a cobrar relevancia. OSullivan, quien formó parte del gobierno de George W. Bush durante la guerra de Irak, afirmó que Trump estaba menos limitado por la amenaza de un aumento repentino de los precios del petróleo como resultado de una acción militar en Medio Oriente de lo que podrían haberlo estado presidentes anteriores. Sin embargo, dijo, Trump aún podría verse desafiado por los productores de petróleo del Golfo, como Arabia Saudita, que necesitan precios del petróleo más altos. Es posible que no se sientan inclinados a extraer más petróleo para garantizar precios bajos de la gasolina para el consumidor estadounidense si las acciones de Trump provocan más disturbios, dijo OSullivan en un correo electrónico. Kupchan, presidente del Grupo Eurasia, predijo que Trump pronto podría manifestar también su interés por el petróleo iraní. Añadió que la atención prestada al petróleo parecía distraer al gobierno de Trump de la necesidad de aumentar la competitividad de Estados Unidos en la venta de tecnologías eléctricas de vanguardia al mundo, un terreno en el que China destaca. Trump no se equivoca al pensar que el petróleo venezolano e iraní pueden tener alguna influencia, dijo Kupchan. Lo importante, sin embargo, es que la contrapartida es realmente grave. --------------------------------- Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente, fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.
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