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» La Nacion
Fecha: 14/01/2026 12:15
Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta. Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras. Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies. Entonces, ¿hasta qué profundidad logramos llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo? Las capas de la Tierra La Tierra está formada por cuatro capas principales. Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres. Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4. La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes. Debajo se encuentra el manto, de unos 3000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana. Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye, explicó Ferreira. Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre. El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5500 °C. Hacia lo superprofundo El punto más profundo de la corteza terrestre al que llegó una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie. Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí utilizamos perforadoras para ir aún más lejos. El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo. Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro. Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto. Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones. Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura. La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson. La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío. Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es algo increíblemente difícil de hacer, afirmó Jackson. Escanear la Tierra Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra? La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra. Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros. Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra, explicó Ferreira. Jackson describió esas imágenes como una especie de tomografías computarizadas de la Tierra. Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas. En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto, dijo Ferreira. Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra. Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos. *Por The Infinite Monkey Cage /Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.
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