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  • Renzo Olivo, el último campeón de la Davis activo, con un futuro incierto y una relación tóxica con el tenis

    » La Nacion

    Fecha: 14/01/2026 11:39

    Renzo Olivo, el último campeón de la Davis activo, con un futuro incierto y una relación tóxica con el tenis A los 33 años y tras 203 días alejado del circuito, reapareció en el Challenger del Tenis Club Argentino, pero se retiró por un problema físico; presiones, asfixia y objetivos no cumplidos - 11 minutos de lectura' Son las 15.50 y el calor (más de 35°) es un castigo. La acción en el court 3 del Tenis Club Argentino terminó. El supervisor acelera el próximo turno y llama al rosarino Renzo Olivo y al brasileño Pedro Sakamoto (375°), protagonistas de otro partido por la primera rueda del Challenger 50 que esta semana se juega en Palermo. El argentino, último jugador activo de los siete que participaron en la campaña del título nacional en la Copa Davis 2016, termina la entrada en calor, saluda a su novia Martina, cierra los ojos, respira profundo, se cuelga el raquetero rojo en un hombro y empieza a caminar hacia la cancha, ubicada en un extremo, junto a la avenida Belisario Roldán, frente al Planetario. Olivo, de 33 años, miembro de la valiosa camada 1992, no compite oficialmente desde hace 203 días, del 23 de junio, cuando perdió en Lima ante el tailandés Maximus Jones. Por entonces era 308°, hoy es 511°: posiciones ingratas para un tenista que fue top 80 de ATP (78°, en 2017), que sacudió Roland Garros 2017 al derrotar a Jo-Wilfried Tsonga en el Philippe Chatrier (por la primera ronda; el francés era 11°) y que fue número 8 mundial como junior. Desde aquel partido en la capital de Perú hasta estos días pasaron muchas cosas dentro de su cuerpo, de su mente. No sé si es un adiós o un hasta luego, solo sé que tengo que alejarme un tiempo, no sé cuánto, pero lo que sea necesario. Desde mis 12 años que me tuve que ir a vivir solo afuera y arrancó esta alocada vida; hoy, 21 años después, mi cuerpo y cabeza me están pidiendo un freno. Me enamoré del tenis y no de la vida del tenis, había posteado el 2 de julio último. El pequeño court 3 del TCA, con semejante temperatura y sin ningún rincón con sombra, es para osados. Sakamoto toma la iniciática con el drive. Martina sufre desde un rincón. A Renzo se lo advierte nervioso; despierta aplausos dibujando drop shots, una de sus especialidades, pero falla derechas sencillas. Maldice, se seca el sudor. Pierde 6-4 el primer set. Se lo observa incómodo. Arranca el segundo parcial y el brasileño quiebra el saque del rosarino, que se queda inmóvil, inclinado hacia adelante, sosteniéndose con la raqueta en el piso. Van 41 minutos; no puede más. Un espasmo lumbar no le permite continuar. Me quedé duro, reniega. Se acerca a la red, saluda a su rival y al umpire. Permanece sentado en su banco por un momento, cabizbajo, pensativo, mareado. Hasta que recobra la fuerza, se cuelga el raquetero y se marcha rumbo al vestuario, probablemente con un sinfín de pensamientos. Renzo, el ilusionista, como fue bautizado por sus cualidades técnicas, decidió jugar en Buenos Aires para tratar de hallar respuestas a la incertidumbre que lo carcome: seguir o retirarse. Ahora, en la primera semana de febrero, tiene previsto actuar en el Challenger de Rosario, su ciudad natal. ////// Quise venir a probar, a jugar en casa. Estos cinco o seis meses fueron duros; no tenía ganas de nada relacionado con el tenis. No agarraba una raqueta, no hacía nada... Pero empecé a pelotear un poco, a entrenar a algún que otro jugador que me pedía, vi que estaba este torneo de Buenos Aires y pensé que yo iba a estar un poquito mejor. Pero la realidad es que físicamente es difícil, porque están todos súper entrenados y, cuando no estás a la altura, se siente. Erré mucho, me costó la movilidad, no me sentí a la altura. Nunca paré tanto tiempo, ni en la pandemia. Ahora queda Rosario, de acá a un par de semanas; espero prepararlo mejor y, bueno, el futuro es incierto..., le describe Olivo a LA NACION. La voz nostálgica, la mirada humedecida, las gesticulaciones ilustran mucho. Lo invade la indefinición y, también, la congoja. Se trata, en definitiva, de lo que realiza desde hace unas tres décadas: juega al tenis desde los 4 años. La verdad que no sé si Rosario será el final; no lo tengo decidido. Si es el final, será sin previo aviso porque hoy no lo sé. No lo sé. Estoy en una encrucijada, en el medio de no saber qué hacer. Sigo sintiendo ganas de competir y sentirme apto, pero la realidad es que, si uno no le dedica el 100% a este deporte, es muy difícil. Es muy físico y te empieza a pasar factura enseguida, confiesa Olivo, que logró su primer punto para el ranking ATP en 2009. Con apenas 12 años y sin conocimiento de inglés, se mudó a Francia para desarrollarse en la academia de Patrick Mouratoglou. Vivió allí más de tres años. Durante mucho tiempo lloró por el desapego, aguardando el momento de retornar al país. Pero la vorágine juvenil y los sueños de ser profesional lo hicieron crecer y avanzar. Hoy, haciendo una evaluación profunda, discierne cuál fue una de las razones por las que perdió el fuego. Lo que más me cansó fueron los viajes. Las últimas dos giras profesionales del año pasado me tocaron una fibra nueva; fue raro. Siempre me costó viajar, pero lo hacía con piloto automático; es tu laburo, lo hacés y listo. Pero el año pasado hice un clic. No tenía ganas de irme de mi casa. Y me fui a Perú a jugar y me doblé el tobillo. Creo que todo pasa por algo, ¿viste? Y ahí tuve tres semanas de recuperación y, en esos días, entrenando con Edu Schwank, que pasó por un proceso parecido en su carrera, sufriendo las distancias, me sentí identificado. Él me recomendó tomarme un mes sabático, sin presión de nada, sin culpas. Porque, cuando parás, tenés la culpa de que no estás entrenando, de que no estás viajando, la defensa de puntos para el ranking... Y estás todo el tiempo con esa presión. Y la verdad es que ese primer mes fue una liberación total que nunca había sentido. Me gustan las redes sociales, pero no miraba ningún resultado, quise estar totalmente alejado. Estaba asqueado totalmente, revela Renzo, ganador de tres títulos del Challenger Tour (Santos y Buenos Aires 2016, San Benedetto 2019). Olivo reconoce que el año pasado se sintió identificado con Federico Gómez, que en forma desgarradora habló sobre su salud mental. Pero Renzo no llegó al extremo de tener pensamientos suicidas, como el tenista de Merlo. Creo que todos nos sentimos identificados, pero él lo hizo público -apunta-. Los jugadores lo entendimos perfectamente. La defensa de los puntos y el tema económico para los que no nos consolidamos en el top 100 es asfixiante. Vivimos un estrés constante. Yo ahora tuve cinco o seis meses sin estrés. Y no era tan consciente de cómo vivía, porque uno lo hace normal, pero cuando te quitás la vida del tenis el estrés te baja a muchísimos niveles. Y ahora, con esto de jugar el torneo, hace dos semanas que me volvió ese estrés y era como que. -Fue todo un mensaje. -Sí. Y no quiero sentir esto, viste. Tenés que estar muy contenido para aguantar y tener mucha gente atrás, algo que es difícil porque económicamente muy pocos pueden hacerlo. Esa no es la realidad de la mayoría de los jugadores que viajan solos o con el entrenador. Viajé mucho solo el año pasado y tenía que ocuparme de todo: el hotel, del entrenamiento, la credencial, el encordado... Son, capaz, diez cosas que no parecen mucho, pero las tenés que resolver en medio del entrenamiento y la competencia. Y si no estás fresco de cabeza... De joven lo hacés porque no lo viviste nunca y lo estás viviendo recién, es el derecho del piso. Pero cuando lo hiciste tantas veces es como que cuesta mucho. Varias veces probó haciendo terapia, pero no le resultó. Sí hubo un deporte que, en los últimos años, lo obsesionó: el golf. Me mantuvo sano, por así decir, porque voy a jugar cuatro horas, ponele, y no toco el teléfono. Esa fue como mi terapia de estos años. Y, después, obviamente estar con la familia ayuda. Yo siempre quise sentir una vida normal, estable; nunca lo había vivido. Estar 30 semanas afuera de tu casa es una locura, es muy difícil que la cabeza aguante tanto tiempo, puntualiza el diestro. -¿Hoy estás enojado con el tenis? -No sé si la palabra es enojado. Siempre de chiquito las expectativas conmigo fueron muy altas. Era demasiado bueno, entonces fue como que El otro día me quedé hablando con Pedrito [Cachin; se retiró en noviembre] y me dijo que logró más de lo que él anhelaba o pensaba. Y yo no estoy en esa línea. Él está tranquilo y esa es la clave, sin importar si fuiste 100, 200, 300, lo que sea. Creo que pocos tenistas pueden tener la sensación de terminar tranquilo. Mi expectativa era mayor; es como que no cumplí los objetivos que tenía en la cabeza. Siempre apunté muy a lo grande y, al no lograrlo, me frustró mucho. Lamenta haber tenido un paso fugaz por el top 100. Creo que tenía el nivel para tener mayor continuidad. Incluso, la expectativa de afuera era grande: Que Renzo esto, que Renzo lo otro. Jugás increíble. La realidad es que nunca sentí que tuviera facilidad como para dominar en el circuito. Sí, tengo cualidades que por ahí otros no, pero eso no te lleva a ganar el partido. Entonces era todo muy frustrante. Me decían: Te sobra nivel. Y era como que la puta madre. La gente no lo hace de mala voluntad, no lo sentí así. De hecho, amigos míos me dicen si voy a volver. Pero el esfuerzo es muy grande, tengo que salir de esa comodidad que tengo hoy en Rosario; sé que tendría que hacer el esfuerzo de venirme a Buenos Aires y entrenar acá. Y es como que no estoy mentalmente preparado para eso, describe crudamente. Mientras están activos, los deportistas profesionales se alimentan de la adrenalina, aunque también la rechazan porque les genera un gran desgaste emocional. Es como la droga del ser humano, sentenció Gastón Gaudio ante LA NACION, en 2014. Pero extrañan ese sentimiento cuando se retiran. Es así. Yo siento una toxicidad impresionante con el tenis; es una relación tóxica completamente -reconoce Olivo-. Me pasó en estos meses: extraño un poco la competencia y estás con ganas de nuevo, pero después volvés al ruedo y decís: Pará: por algo, era difícil. Es así, es muy difícil de describirlo. Olivo dice tener algunos proyectos para encarar, relacionados con el tenis, pero no tiene certezas. Por lo pronto, junto con su familia tienen canchas de tenis en el centro de Rosario y una tienda de artículos deportivos allí y, también, en Funes, donde está exhibida la réplica de la Ensaladera que la Federación Internacional les entregó a todos los campeones. Renzo actuó en la primera ronda de las cuatro de 2016, en el 3-2 ante Polonia, en Gdansk: cayó en dobles, con Carlos Berlocq, ante Marcin Matkowski y Lukasz Kubot; y en singles, con la serie definida, frente a un muy joven Hubert Hurkacz. Increíble. Pienso y no me cae la ficha que hayan pasado diez años. La Copa la tengo en exposición. Me pasó algo raro con la Davis porque por un lado salimos campeones, pero por dentro me quedó la espina de no haber podido aportar al menos un punto. Terminé contra Hurkacz, me voy al vestuario, estaban todos festejando y yo estaba medio triste por el partido. Pero obviamente es un momento que valoro mucho, recapitula Olivo. -¿Qué es lo mejor que te dio el tenis? -La conducta. Te enseña a seguir siempre, a levantarte. Después, otras cosas como idioma, cultura, amigos, puertas abiertas. También te da constancia, lo cual es una enseñanza de vida: que te golpeen y te levantes a entrenar, agarrando fuerza no sé de dónde. Hoy, un poco más de otro lado, lo miro con admiración. Digo: Guau, cómo le metía, cómo entrenaba. En esto tenés que ser egoísta, un poco egocéntrico, creerte que sos bueno. No creo que haya alguno de los buenos que no se crea el mejor. Es un pensamiento que también te lleva a golpearte mucho. Yo competía todo el tiempo, hasta con mis hermanos y amigos. Es una manera de ser de los de deportistas individuales; lo incorporás de chico. El tenis todo el tiempo te lleva al límite y aguantás, aguantás, aguantás hasta que no podés más.

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