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  • Lluvia ácida corroe a peronistas radicales | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 13/01/2026 08:48

    Los otrora dos grandes partidos que surcaron la política protagónica de la Argentina están prendidos de dos broches apenas: la Unión Cívica Radical, del capataz de la gran estancia nacional Javier Milei y el peronismo de Cristina eterna. Hoy, son parte de los libros de historia y comensales en una mesa de invitados y si se niegan a aceptar la propuesta es simple, se compran. Apareados como nostalgias de tango, ambos partidos perdieron las partituras y nadie se ofrece a buscarlas, guardarse es la mejor opción. El Justicialismo quizás sume algún par de tonos debido a la fuerte conducción de Cristina, paradójicamente, dueña a su vez, de los males propios que implosionan en el PJ electoralmente. La UCR por su parte, peregrina mansamente detrás de un Milei que sale al toro agrandadísimo mostrando la obediencia debida que le refractaron en la última posta del 26 de Octubre de 2025 los votantes que, como contraste, horas antes del acto eleccionario, lo mandaban públicamente a la funeraria. A simple vista, hay más historia que futuro para los grandes sellos de la política argentina. La acción gremial suma fracasos y la gente la puso de espaldas. El argentino medio esconde el voto, chilla a lo marrano por sus penurias y luego sin sonrojarse demasiado salta el charco y el sapo se vuelve princesa. Luces de gataflorismo brillan por todos lados. Me quejo, sufro, pero dame más, surge como ecuación de todo por 2 pesos. Estos partidos ya no militan, los comités y las unidades básicas son simples testimonios de la decadencia que reviven cada tanto con alguna visita estelar o en acontecimientos electorales. La muchachada de hoy se mueve con redes y relegan a repechaje el mano a mano. El almanaque rompe estrategias de acercamiento. Los partidos políticos sobreviven con lo que tienen y es demasiado asqueroso el marketing de compra venta, y algo más oneroso, el alquiler a circunstancia. Los buenos no se animan a salir con el hocico preparado para morder y entonces todo se convierte en pragmatismo puro y se profundiza el culto a la conveniencia: lo colectivo no gira en el sentido que corresponde y todo se reduce a lo individual, es decir lo que mejor les funciona a los sectores de poder. Atomizados siempre se usa con el signo menos. El peronismo y el radicalismo son hoy, nostalgias de una historia que derrocharon en la cloaca de políticas erradas y enchastradas por la corrupción. El justicialismo ha sido desde su nacimiento demasiado propenso al verticalismo, lo que dice el mariscal de campo es palabra sagrada la sutileza es que ya no está el General y todos le huyen a tomar el bastón de mando al que refería la mística peronista: mientras nadie salte por encima de Cristina todo va a seguir siendo el peronismo de la obsecuencia. Donde haya un perro que ladre más fuerte que el resto se hace la venia y a surcar el más de lo mismo. El radicalismo de saco y corbata en cambio debate, mucho, intensamente hasta que viene alguien de afuera y le come la ración completa y ya no les queda otra, así van quedando los que se van subiendo al trolebús del usufructo de cosechas ajenas a cambio de alquilar la estructura partidaria y los que chillan pidiendo respeto. Algunos se hicieron kirchneristas otros frigeristas: todo es lo mismo. Se ofende brutalmente a la vieja política por sus particularidades, pero en la nueva que ofrece novedosos azahares de felicidad no se construye ni se dialoga, se gana rompiendo al adversario: todo vale y cuanto más agresivo más se festeja. Había tiempos en que las peleas terminaban, cuando uno de los dos caía o aparecía la sangre, hoy al caído se le patea la cabeza y cuando más sangre salpique mejor será el saldo y el valor del correctivo. Argentina vive el karma de las desapariciones, ayer víctimas de la dictadura militar que asoló nuestro país sobre las postrimerías del siglo pasado. Hoy, producto de la catástrofe que viene generando la política en estos 42 años de democracia, invisibilizados en la más humillante pobreza y la indiferencia social. Argentina huele feo por todos lados. Peronistas y radicales tienen todo un pasado por delante.

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