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  • Susana Romero y su encuentro con Salvador Dalí: Necesito verte el c...

    » Clarin

    Fecha: 13/01/2026 07:13

    Según Wikipedia, Susana Romero (Buenos Aires, Argentina, 20 de junio de 1958) es una actriz, locutora, conductora y artista plástica argentina. Y me dicen que vaya. Entonces voy al hotel Le Meurice y ahí está él, Dalí, Salvador Dalí con Gala, su mujer. Ella con las piernas cruzadas sobre un escritorio. Lo primero que me dice es que estaba buscando una modelo con determinadas características. El se mostraba muy amigable con la Argentina, con el mate, hablaba del dulce de leche. Yo, en ese momento, año '80, '81, era flaca y él andaba buscando caderas. Nos lo cuenta así, como al pasar, onda cashual, pero buscando provocar una evidente curiosidad. Menciona a Dalí. A Dalí menciona la famosa Chica Olmedo, la histórica "Negra Romero" del sketch de Rogelio Roldán. Dicho de su boca, y perdón por la suspicacia, la sola mención de Dalí podía equivaler a un riesgo de artificialidad previo a que te escupieran carozos de IA en la cara. ¿Cómo matchear Dalí con aquel símbolo sexual que también seducía vendiendo cigarrillos Jockey con música de Raúl Porchetto? Cierto tipo de belleza Su gracia pionera consistió en poner toda la vanidad al servicio de representar lo autóctono. "La morocha que rompió con un modelo". En 1973, Susana se consagraba Miss Argentina en el Sheraton Hotel, con decenas de aspirantes rubias. Un tipo de belleza que sin duda le allanó el camino a Pampita. Años después Susana Romero haría un abracadabra en su carrera y expondría sus propios cuadros. Una galería del centro porteño con obras de ella y de otros dos pintores. En el afiche que anunciaba la movida se la podía ver haciendo un plano de body painting. En vivo y con botas, Romero debe medir más de un metro ochenta. El flequillo de siempre, los ojos resaltados con delineador y una remera de lycra calce perfecto. Muy fácil seguir las pistas de su belleza viviente. ¿Pensabas encontrarte con una vieja chota y fofa?", pregunta arqueando una de sus cejas. "Sólo me dejé estar cuando tuve a mis hijas. Ahora es mi tiempo, ahora me toca a mí. -Explicame estos cuadros. -¿Qué te parecen? -Lindos. ¿Qué influencias aceptás? -Una recibe mucha información. Particularmente me gusta Kandinsky. Caminamos por la muestra dando pasos cortos mientras vamos hablando de arte. -¿Qué oreja se había rebanado Van Gogh? -Mmm... no, no me acuerdo -dice atrayendo más miradas que todos los cuadros juntos-. -Revisando los archivos, lo último que encontré de vos es que te habías hecho vegetariana. -¿Nada más? ¿No había otra cosa? -dice con un desdén de ironía relajada-. Contará que estuvo en una iglesia evangelista, que la ayudaron, pero que en realidad ella cree en la Virgen. Y que la pintura "ya estaba de antes. También dirá que tiene una conexión con la estrella de Sirio. La pedimos, casi con urgencia, que vuelva a lo de Salvador Dalí. "Date vuelta" Bueno, yo estaba contratada en París, era modelo y en una agencia para la que trabajaba me dijeron que tenía una entrevista con un artista plástico, sin mencionar su nombre. Parece que ésa era la condición. Entonces entro a la suite de hotel y ahí estaba Dalí". El Hotel Le Meurice es un lujoso palacio parisino que tiene una conexión histórica con Dalí, quien lo usaba a modo de "segunda casa" durante un mes al año. Los entendidos dicen que fue el huésped más excéntrico del hotel. Su suite era la número 102, un departamento de 150 m2 decorado estilo Luis XVI con vista al Jardín de las Tullerías. Esta habitación estuvo ocupada por el Rey de España y yo quiero vivir todo el tiempo que pueda en ambientes que me recuerden a la monarquía de mi país. Hasta hasta allí llegó nuestra Susana Romero. "El necesitaba un modelo vivo para pintar a una mujer de espaldas. Básicamente estaba buscando caderas. Me dice: Necesito verte el culo No, no te desnudes, date vuelta. Me di vuelta y dudó: Lindo culo, pero estoy buscando otra cosa. Alguien como Gala, pero más joven que Gala, ¿entiendes? Estoy buscando caderas y un gran culo. Dice que no tiene fotos ni souvenirs. No existían los celulares en ese momento, se justifica. Tampoco sabía que iba a cruzarme con Dalí. Fue una sorpresa que tengo guardada en mi corazón. Después, para familiarizarnos con la materia, nombramos a Silvia Pérez, Adriana Brodsky, Beatriz Salomón. Hubo broncas, envidias, no sé -dice-. Cuando se murió Alberto (Olmedo) nos hicieron un vacío. Nos aniquilaron laboral y psicológicamente. Nos apartaron de todo y ya no hubo más trabajo para nadie. Nunca lo entendí. Después de Olmedo empecé con los uruguayos, en Comicolor, y me decían que tenía que tener poca ropa. Renuncié. Después fue con Darío Vittori: quería que saliera en bolas. Me fui. -¿Estaba mal lo que te pedían? -Me pasan el guion de El último argentino virgen. Una comedia. Digo: "¡qué bueno!" Me tiro en la cama a leerlo y al final dice: Y se saca la ropa. A mí nunca me reconocieron, siempre fui el objeto sexual, lo que provocaba en los hombres. Siempre me sentí de la misma manera: usada. Me llevaban a comer y me mostraban como a un trofeo -y se queda colgada de un pensamiento-. ¿Sabés qué...? -¿Qué? -Reencarnaría en alguien sin cuerpo. Sobre la firma Newsletter Clarín

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