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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 12/01/2026 23:11
En Concordia se sigue discutiendo el síntoma y no la enfermedad. Se dramatiza el despido siempre doloroso, siempre injusto cuando no hay reglas claras pero se evita el diagnóstico profundo de un modelo que convirtió al Estado municipal en bolsa de trabajo militante, refugio político y botín electoral durante décadas. La actual crisis, detonada entre diciembre de 2025 y enero de 2026, no nació con Francisco Azcué, pero estalla en su gestión por una combinación explosiva: herencia irresponsable, falta de coraje político, comunicación errática y oportunismo opositor. El dato que incomoda a todos: diez años contratados y nadie se hizo cargo Entre los despedidos hay personas que llevaban cerca de diez años prestando servicios en el municipio. Diez años de contratos precarios, renovaciones discrecionales y promesas implícitas. Diez años en los que ningún intendente peronista incluido Enrique Cresto se ocupó de regularizar su situación, ni siquiera después de su primera gestión. Ese solo dato deja al descubierto una verdad incómoda: no se trató de un olvido administrativo, sino de una decisión política. Mantenerlos contratados era funcional al control, a la obediencia, al portate bien si querés que te renueven. Mientras tanto, conviven aún hoy empleados en planta permanente que no asisten a trabajar, según lo expresado por algunos municipales de vieja data, muchos de ellos incorporados durante las gestiones de Gustavo Bordet y del propio Enrique Cresto. Un cóctel de desidia, desprolijidad y desprecio por el trabajador real, típico de quienes se sintieron dueños eternos del Estado. Cresto: el arquitecto del caos que nunca volvió a buscar su tropa Hay un responsable político estructural de este desastre: Enrique Cresto. No por los despidos actuales, sino por haber sobredimensionado la planta, inflado contratos y consolidado un esquema clientelar sin salida. Cuando perdió el poder, no se llevó su gente, no ordenó la retirada, no asumió el costo humano de su modelo. Dejó una bomba activada y se fue. Una práctica conocida del peronismo local: gobernar como si fuera para siempre y, cuando se pierde, abandonar a los propios. Azcué: ajuste sin relato, auditoría sin luz y torpeza política Francisco Azcué no puede esconderse eternamente detrás de la herencia recibida. Gobernar no es solo recortar: es explicar, transparentar y mostrar los papeles. El actual intendente llegó sin un plantel técnico sólido, dudó en tocar de entrada la cuota peronista enquistada en el municipio y cuando lo hizo, lo hizo tarde y mal comunicado. Para colmo, encargó una auditoría a la Universidad del Litoral con la instrucción de no hacerla pública. La pregunta es inevitable: ¿Qué es lo que no debía saberse? ¿Qué contratos, qué nombres, qué desmanejos no resistían la luz? En política, el silencio también comunica. Y en este caso, grita. Daniel Cedro: indignación selectiva y memoria frágil En medio del conflicto aparece Daniel Cedro, vicepresidente del Frente Entrerriano Federal, rasgándose las vestiduras y calificando la gestión de Azcué como deplorable y deshumanizada. La pregunta que nadie le hace y que es imprescindible es simple: ¿Dónde estaba Cedro cuando se sobredimensionaba la planta municipal con militantes? ¿Por qué nunca fijó posición contra el abuso estructural que hoy dice defender? Resulta llamativo que quien fue parte del sistema, hoy se presente como fiscal moral aprovechando el río revuelto. No se lo escuchó denunciar el modelo que incubó el problema. Solo aparece ahora, cuando el costo político ya no lo paga el peronismo que gobernó, sino otro. Villalba y Azcué: el espectáculo de la degradación institucional El episodio entre el intendente y la concejal Claudia Villalba, en plena Maratón de Reyes, no es un hecho aislado: es el símbolo de la degradación del debate político en Concordia. Gritos, insultos, acusaciones cruzadas, forcejeos, denuncias policiales, comunicados partidarios contradictorios. Todo en público, todo grabado, todo viralizado. Villalba denuncia violencia e intimidación. El oficialismo habla de provocación y denuncia falsa. Lo cierto es que el Ejecutivo respondió a un reclamo político con descalificaciones y un operativo de seguridad, y la oposición eligió el show antes que el debate serio. Ambos pierden. Y pierde la ciudad. La ciudad más pobre del país y la hipocresía transversal Todo esto ocurre en la ciudad más pobre de la Argentina, un título vergonzoso que ningún intendente peronista asumió como fracaso propio. Gobernaron durante décadas y jamás modificaron la estructura de pobreza, aunque sí supieron utilizarla como base electoral. Hoy, el ajuste llega sin pedagogía, sin verdad completa y sin horizonte. Y cuando el ajuste no se explica y la corrupción no se exhibe, la motosierra deja de ser saneamiento y se convierte en castigo. La pregunta final Concordia está ante una encrucijada histórica: ¿Va a seguir atrapada en el clientelismo, el oportunismo y la violencia verbal, o va a animarse a desnudar el pasado con nombres, cifras y responsabilidades para construir algo distinto? Porque sin verdad, no hay justicia social. Y sin memoria política, todo ajuste termina siendo una estafa más. Alejandro Monzón para Análisis Litoral
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