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  • El desafío de despertar la creatividad de los chicos y alejarlos de las pantallas

    » La Nacion

    Fecha: 12/01/2026 15:00

    En vacaciones, los chicos y adolescentes se encuentran con un montón de tiempo disponible que a menudo no saben usar, acostumbrados como están a que alguien siempre les diga lo que tienen que hacer (maestra, profe de actividad extraescolar, colonia de fin de semana). Propuestas, proyectos e ideas llegaron desde afuera durante todo el año y los chicos ya no encuentran lo que quieren, desean, o necesitan. En algunos casos no pudieron elegir: si el colegio tenía uniforme tenían que ponerse esa ropa y no otra, si la clase de guitarra era a las 18, a esa hora tenían que tomarla. Los padres a menudo nos excedemos en las actividades pautadas y regladas en las que embarcamos a nuestros hijos durante el año, sin dar tiempo ni oportunidad para que ellos permanezcan en la nada misma, se aburran y miren hacia adentro para encontrar el camino a descubrir qué los entusiasma, de qué tienen ganas, qué les gusta, qué los motiva y/o ilusiona. Por estas razones cuesta que desarrollen la iniciativa personal, la creatividad, la imaginación, incluso la autonomía. Gran cantidad de familias seguimos durante el año escolar el modelo de mantener a nuestros hijos con agenda armada y bien llena. Con estas actividades, ellos están ocupados y usan menos pantallas sin que tengamos que prohibirla, no se pelean entre hermanos, no nos interrumpen en nuestro trabajo ni nos hacen reclamos a cada rato. No nos miran con cara de carnero degollado diciendo estoy aburrido, etc. Pero, estas cuestiones llevan a que en vacacione los chicos no sepan qué les gusta, qué quieren, ni sepan entretenerse sin que alguien los dirija, ¡o sin pantallas! Porque cuando durante el año escolar volvían cansados al final del recorrido de los días de semana, se lanzaban a la pantalla, convencidos de que ahí sí hacían lo que realmente querían sin darse cuenta de que ese contenido los llenaba de dopamina y los hacía ultradependientes de ese placer instantáneo, que necesita más y más, que nunca alcanza ni los sacia; una pantalla que los llevaba de las narices y los apartaba de ellos mismos. La primera cuestión es darnos cuenta de lo importante que es para el verdadero bienestar de nuestros hijos que les demos la oportunidad y/o hagamos lugar para bucear adentro de ellos y ver qué les interesa, qué quieren realmente. El comienzo de las vacaciones es un excelente momento para intentarlo. Esto implica no dejarnos llevar por la infinidad de propuestas que se nos ofrecen, para revisarlas junto a ellos, elegir unas pocas de calidad y acompañarlos en el dolor de lo que no van a hacer. Porque tiene mucho peso para ellos el FOMO, el miedo de perderse algo, del que tanto se habla hoy que ¿no será acaso un recurso más de las sociedades de consumo? Hacer nada Dejemos en este diciembre tiempo para la nada misma, el aburrimiento, el no-plan. Después de un par de días seguramente difíciles van a empezar a surgir en los más chiquitos los juegos, en los más grandes otras actividades, como paseos, lecturas, invitaciones, juegos, etc. Y si no surgen, lo que puede ocurrir si están muy alejados de ese bucear hacia adentro de ellos, tendremos que ayudarlos con alguna idea, como cocinar galletitas para sus padrinos. Incluso ayudarlos a empezar, especialmente a los más chiquitos (¿vamos a dar una vuelta en bici?, ¿armamos un rompecabezas?) o a los más grandes (¿y si jugamos una generala?) hasta que se reencuentren con el placer de esas actividades que tanto disfrutamos los que crecimos sin pantallas, con más vereda y siestas largas. La creatividad, la imaginación, el confiar en lo que nos dice nuestro mundo interno requiere práctica y muchos de nuestros chicos no la tienen. El estado de flujo, o fluir (flow conepto de Mihaly Csikszentmihalyi) es un estado mental de máxima motivación y concentración, en el que el tiempo vuela, disfrutamos a pleno lo que hacemos y nos esforzamos sin que nos cueste hacerlo. Requiere tiempo para encontrar aquello que nos interesa y nos motiva, nada sencillo cuando los chicos vienen de tantos meses, días y horas ocupados en actividades pautadas y pegados a las pantallas (chupete electrónico) cada minuto libre de sus días. Evidentemente, lleva más tiempo y más caras feas y reclamos todos van, todos lo tienen, todos lo hacen que darles una pantalla o llenarlos de actividades organizadas. Pero intentémoslo recordando el valor de no hacer nada y de aburrirse para poder buscar en su interior las respuestas, los intereses personales, los desafíos, sin dejarse seducir permanentemente por los espejismos que ofrece la sociedad de consumo que, irremediablemente, los apartan a ellos, y también a nosotros, de nuestro eje.

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