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  • Encontró a su mamá biológica en Facebook después de 23 años: Había una familia que nunca dejó de buscarme

    » Clarin

    Fecha: 12/01/2026 06:36

    Carla Falcón (28) siempre supo que era adoptada. No fue un secreto ni una revelación tardía: en su casa, la verdad estuvo desde el principio. Creció en Mar del Plata- donde vive-, con una familia que naturalizó la adopción y le dio, según repite, todo lo que necesitó para sentirse querida. Sin embargo, hubo una edad en la que las dudas sobre su origen empezaron a aparecer. Durante años, esas preguntas convivieron con la certeza de haber tenido una infancia feliz. Nunca me faltó amor, nunca me faltó nada, dice Carla, en una entrevista con Clarín. Aun así, en la adolescencia, la falta de respuestas empezó a pesarle: Pensaba que nunca iba a saber qué pasó con mi mamá biológica, si me quiso, si me buscó. La ansiedad y el miedo a no encontrar nunca esas respuestas la llevaron a iniciar terapia y a aceptar que quizás esa historia quedaría incompleta. Un día, en plena pandemia, la búsqueda volvió a activarse. En medio del encierro y la incertidumbre, la joven se sumó a un grupo de Facebook dedicado a personas que buscaban reconstruir su identidad o encontrar familiares biológicos. Casi sin expectativas, le escribió un mensaje al administrador del grupo. "Le hablé de noche y le pasé el único dato que tenía", asegura. A la mañana siguiente, tenía una respuesta: dos números de teléfono que podían corresponder a su mamá biológica. Uno de ellos era el indicado. Ese 14 de mayo de 2020, Carla descubrió que tenía una madre biológica que nunca había dejado de pensar en ella, tres hermanos mayores, una hermana menor y una familia entera que la había estado buscando. Me desperté siendo hija única y me fui a acostar con hermanos, una prima y una mamá biológica que nunca habían dejado de buscarme ni quererme, escribió ese mismo día en sus redes sociales. El primer contacto fue telefónico y se dio a través de Alejandra, su mamá del corazón. Horas más tarde, siguió una videollamada cargada de emoción. Escuché un hola, soy Claudia y fue una mezcla de alivio, felicidad y sorpresa. El escenario que me tocó fue algo que jamás me hubiera imaginado, agregó en su posteo. La historia detrás de la adopción Fue recién en febrero de 2021- casi nueve meses después de aquella llamada- que vio a su madre biológica por primera vez cara a cara. La mujer, oriunda de Florencio Varela, viajó con ayuda económica de un sobrino hasta Mar del Plata para conocerla. Se alojó en un hotel y allí se produjo el primer abrazo. Hubo mucho llanto, mucha emoción. Yo soy muy sensible y ella también, recuerda Carla. Al llegar, la recibió su hermana menor y, minutos después, quedó a solas con su mamá biológica. Nos abrazamos y lloramos no sé cuánto tiempo. Era todo muy fuerte. A su vez, la joven recuerda especialmente uno de esos primeros encuentros, cuando salió a merendar con sus padres adoptivos, Alejandra y Oscar, y su mamá biológica. Estábamos los cuatro y en mi cabeza pensaba: ¿Qué está pasando?, cuenta. Durante años, había imaginado mil escenarios posibles, pero ninguno se parecía a ese. Con el correr de las charlas, pudo reconstruir su historia. "Supe que decidió darme en adopción porque no contaba con los recursos económicos para criarme. Ya tenía tres hijos, sentía que no me podía dar lo básico y quería que yo tuviera una buena vida", dice Carla. En ese proceso, también conoció parte de la historia de su padre biológico. No era el mismo hombre que el padre de sus hermanos y se enteró años más tarde de que tenía una hija. Tampoco llegaron a tener contacto, ya que falleció pocos meses antes de que Carla pudiera reencontrarse cara a cara con su madre y con sus hermanos. La adopción se concretó a través de una red informal que comenzó en una parroquia y terminó llegando a su familia adoptiva. Hubo trámites judiciales y un encuentro breve pero clave: su mamá biológica la entregó en brazos a la mujer que la criaría. Se conocieron, estuvieron poco tiempo juntas, pero fue ella la que me entregó, relata. Lejos de los reproches que Carla temió durante años, el encuentro estuvo marcado por el agradecimiento. Yo no quería explicaciones ni reclamos. Solo quería agradecerle por haberme dado la vida y por haberme buscado una familia. "Claudia le contó a mi mamá que me había buscado mucho tiempo, pero no sabía qué nombre me habían puesto", cuenta. Y agrega: "Me dijo que me amaba, y que el día que me entregó fue el peor día de su vida. Pero cuando me vio y vio la vida que tuve, sintió que había tomado la decisión correcta. Hermanos, parecidos y una familia que se amplía Además de reencontrarse con su mamá biológica, Carla descubrió que tenía hermanos. Yo buscaba a mi mamá y de repente había toda una familia atrás, resume. A la menor la conoció ese mismo día, en el primer encuentro con su madre. Con Cintia, la hermana mayor -diez años más grande-, el vínculo fue casi inmediato. Es igual a mí, fue como verme en un espejo, dice. El primer encuentro con ella fue en Mar del Plata. Su hermana viajó desde Buenos Aires junto a su marido y sus hijos. En los días siguientes, Carla empezó a conocer al resto. A uno de sus hermanos todavía no lo vio en persona, aunque mantienen contacto. Con otro se encontró meses después, ya en Buenos Aires. Fue otro mar de lágrimas -recuerda-. Ellos sabían que habían tenido una hermanita que estuvo un mes y medio en la casa y que, de un día para el otro, dejó de estar. Para ellos también fue muy duro. Hoy mantiene vínculo con todos. Por la distancia, el contacto es más esporádico, pero existe: mensajes, llamados y encuentros cada vez que los tiempos y las distancias lo permiten. No es una relación diaria, pero es un vínculo muy sano, muy desde el amor, define. Dos mamás, dos familias Lejos de generar tensiones, la vida de Carla dio un giro inesperado: Yo siento que tengo dos familias y dos mamás. De un lado, la mujer que la crió, la acompañó siempre y la sostuvo incluso cuando expresó el deseo de conocer a su mamá biológica. Del otro, la mujer que la trajo al mundo y que hoy forma parte de su vida. Mis papás nunca me pusieron trabas. Sabían que podía pasar y me acompañaron en todo el proceso. Soy muy agradecida de la familia que tengo. Con la que mejor me llevo es mi abuela, ella es mi vida entera", dice emocionada. Y agrega: "Adoptar es el acto de amor más grande, pero dar en adopción también. Dejar el ego de lado para que tu hijo tenga una mejor vida y no pase necesidades debe ser muy fuerte". Hoy, a más de cinco años de aquel mensaje en Facebook, Carla siente que algo se ordenó internamente. Arquitecta a punto de recibirse y emprendedora de accesorios, reflexiona: Cuando tengo un mal día, miro para atrás y pienso en todo lo que tengo. Haber encontrado a mi familia es como un impulso para decir todo se puede. "¿Quién pudiera tener dos madres presentes que se preocupan por vos, que te cuidan y que te quieren? Yo sí", concluye sonriendo. Sobre la firma Mirá también Mirá también Mirá también Newsletter Clarín

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