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» Clarin
Fecha: 12/01/2026 06:22
Siempre es fascinante por su complejidad agridulce la relación que los artistas establecen con algunas de sus obras. El fotógrafo Ramón Masats, uno de los renovadores de la imagen documental en España, confesó que llegó a odiar Seminario, su fotografía más famosa. Esa imagen capta el momento exacto (decisivo precisaría su colega Cartier-Bresson) en el que un seminarista de sotana devenido arquero, se estira y vuela cuan largo es y de espaldas al lente, tratando de alcanzar la pelota que llegan a acariciar los dedos de su mano derecha. No se puede mirar esa foto de Masats sin contener el aliento. Es un pedazo de vida, un fragmento de mundo en blanco y negro que rezuma emoción. Sabemos cómo termina la escena, pero en ese instante suspendido en la retina por la magia del clic, todavía parece posible que pase algo que distraiga el golazo de su perfección y premie al chico con una atajada olímpica. Es una foto sublime y aunque Masats (1931-2024) logró otras espléndidas, se entiende que ante ella el propio artista sintiera celos de la aleación de suerte, talento y mirada que le permitió captarla. Seminario integra la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York y pudo disfrutarse de cerca en Madrid, donde fue tomada en 1960, en la exhibición Leica. Un siglo de fotografía, junto a las fotos inolvidables de otros maestros, que usaron esas máquinas pequeñas y ligeras para narrar de otro modo la efervescencia de lo que existe. A esos curiosos irredentos les debemos las 174 imágenes (algunas tatuadas como memoria del siglo XX: ese tiempo fue esas imágenes) reunidas en secciones de foto urbana y experimental, mujeres y paisajes, entre otras, con las que la muestra rindió homenaje al centenario de la aparición de la Leica 1, producida en 1925. Su tamaño y el uso de la película de 35 mm, que empleaba el cine hasta entonces, delinearon un formato compacto que redefinió el fotoperiodismo. Celular mediante, todos podemos llevar una cámara en el bolsillo. Pero en 1914 cuando Oskar Barnack, un ingeniero óptico alemán, inventó un prototipo (la Ur-Leica), anhelando un dispositivo que pudiera acompañarlo en sus paseos, aquello parecía ciencia ficción. Era asmático y aspiraba a reducir el peso de los equipos fotográficos. Hizo mucho más. Nos regaló un aparato cercano y precioso, capaz de tallar la luz y de volver inmortal todo lo que atrapa. Sobre la firma Newsletter Clarín
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