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Crespo » Paralelo 32
Fecha: 11/01/2026 09:12
En las Siete Colinas los accesos no invitan a conocerla Potenciado por rutas en mal estado, oscuridad y desinterés por el paisaje, la foto revela una verdad incómoda: sin caminos dignos, no hay destino que funcione. Victoria.- Con el inicio del verano, se multiplican los anuncios, los actos y las inauguraciones. Cada localidad busca mostrarse activa, atractiva, preparada para recibir visitantes. Sin embargo, hay una pregunta previa que pocas veces aparece en la agenda: ¿en qué condiciones se llega a Victoria? Esa pregunta incomoda. No es sencillo recordar cuándo fue la última vez que se planificó una restauración integral de la Ruta Provincial Nº11 o de la Ruta Nº26. Probablemente haya que remontarse a más de una década y media atrás. Desde entonces, el deterioro fue sostenido y previsible. Lo que vino después no fueron obras estructurales, sino ensanches parciales y soluciones temporales que no alcanzaron a revertir el problema. Hoy, quienes ingresan o salen de la ciudad se encuentran con una traza mal demarcada, banquinas en condiciones irregulares y, en el acceso desde Paraná, una ausencia casi total de iluminación. No es un detalle menor: se trata de seguridad vial, de previsibilidad y de respeto por quienes transitan esas rutas todos los días. Las rutas 11 y 26 son provinciales y dependen de Vialidad de Entre Ríos. Sin embargo, lejos de conocerse un plan de mejoras o de mantenimiento general, las únicas novedades suelen ser intervenciones mínimas y aisladas, como las realizadas a la altura de Antelo. Necesarias, sí. Suficientes, claramente no. En contraste, lo que sí avanza con rapidez es la instalación de cámaras de control de velocidad, con límites de 60 km/h en distintos tramos. Esto generó críticas entre quienes se trasladan de manera habitual entre Victoria y Paraná, y también entre quienes utilizan la ruta de forma ocasional. El problema no es el control, sino la contradicción: se exige cumplir normas estrictas sobre una infraestructura que muestra signos evidentes de abandono. A este escenario se suma otro punto sensible: el estado del puente Rosario-Victoria, la llamada Ruta Nacional Nº174. Ya que en estos días volvió a circular información sobre un ultimátum para que se inicien obras, bajo la advertencia del propio presidente de la Nación de que la concesión podría pasar al segundo oferente. Mientras tanto, el desgaste de la traza continúa. El panorama se vuelve todavía más difícil de justificar si se lo observa desde el punto de vista turístico. Todas las entradas a Victoria presentan deficiencias evidentes: desde Nogoyá, desde Gualeguay y, especialmente, desde Paraná. No hay una verdadera carta de presentación. No hay bienvenida. No hay una puesta en valor del entorno, ni siquiera mediante una modesta jardinería. El tramo que va desde el Aeroclub una vez más sin iluminación hasta el barrio Abadía, expone con claridad una oportunidad desperdiciada. La topografía natural de la zona invita a hacer mucho con muy poco. Barrancas, visuales abiertas, paisaje. Sin embargo, nunca ocurrió nada. Ni una intervención básica, ni una idea sostenida que entienda que el ingreso a una ciudad también forma parte de su identidad. Existe, además, una desigualdad histórica difícil de ignorar. La Costa del Uruguay cuenta con rutas de hormigón y mejores niveles de mantenimiento. La Costa del Paraná, en cambio, sigue relegada, con trazas de asfalto deterioradas y una inversión que no llega al mismo ritmo. Victoria vuelve a quedar en ese segundo plano. La ciudad no siempre es considerada un punto prioritario, aunque lo es desde lo geográfico y lo estratégico. Conecta regiones, corredores productivos y circuitos turísticos. Sin embargo, cada verano parece volver la misma espera. Tal vez, antes de cortar cintas y anunciar novedades, valga la pena volver a lo esencial. Para que algo funcione, para que una ciudad reciba, crezca y se muestre, lo primero son los caminos que conducen a ella. En Victoria, esos caminos siguen esperando.
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