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https://www.elentrerios.com/ » El Entre Rios
Fecha: 11/01/2026 08:20
La de la AFA es una historia con múltiples aristas, que va desde el mero y desprolijo hurto de fondos que pertenecen a la AFA y a todos sus afiliados, en favor de un puñado de truhanes de ocasión, hasta el abierto amaño de partidos, en todas las categorías, para permitir que clubes de escritorio, sin aficionados pero con el aval de los máximos dirigentes del fútbol y sus cómplices, asciendan de manera meteórica a la primera división. Todo el mundo sabe lo que pasó, y todo el mundo sabe que hay unos cuantos clubes más en las categorías inferiores que vienen replicando el mismo camino. Con tantos cómplices silenciosos alrededor, es lógico que los dirigentes que urdieron las trampas y el robo de dinero se sintieran invulnerables y se descuidaran. Como suele ocurrir, la ruta del dinero fue la que destapó la olla. Cometieron la imprudencia de pasar el dinero por bancos de EE.UU., y ahí dejaron impresas las huellas que permitieron destapar el asunto. Es preocupante eso de que todo el mundo sabe. Por temor o por complicidad, ese todo el mundo prefiere el silencio, o el sometimiento, a la transparencia. Los argentinos suelen enorgullecerse de sus cualidades varoniles (ensalzan al macho argentino, al homo argentum, como reflejan tantas películas y series al respecto). Sin embargo, nuestra historia reciente y no tan reciente está plena de silencios cobardes con las injusticias y los atropellos a los que quienes detentan el poder nos han acostumbrado. Porque, así como todo el mundo sabe lo que pasa en el fútbol, también todo el mundo sabe que hay corrupción en la obra pública, en la administración de los dólares durante los momentos de cepo cambiario más duro, en el manejo de los planes sociales, o que los intendentes se arreglan con los narcotraficantes que operan en sus distritos, y que la policía prefiere coimear a labrar infracciones de tránsito. Pero callan. Las historias de héroes que lucharon contra viento y marea por nuestra independencia, y se plantaron ante las injusticias o las tiranías, parecen desde la mirada actual apenas una anomalía dentro de una historia de ilusiones perdidas en la maraña de asociaciones con fines ilícitos. Se ha acuñado en las últimas décadas una frase siniestra: ¡se llenó!, para referirse a personas (o individuos) que de la noche a la mañana gestaron fortunas. Se celebra el logro con independencia de su origen. Los medios (la trampa, en muchos casos) se han subordinado al fin (llenarse de dinero}, y los bandidos han devenido en héroes contemporáneos, por el tamaño de sus posesiones. La vara moral está baja, y quienes pretenden mantenerla alta son acallados por la prepotencia a la que se resignan. Quienes sueñan con un futuro mejor, más justo, son considerados idealistas irrecuperables que no entienden las reglas actuales, en las que domina la prepotencia impiadosa de los mafiosos que, a diario, les mojan la oreja.
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