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» Clarin
Fecha: 11/01/2026 08:10
¿Elefante blanco? ¿Agujero negro? ¿Qué implica para la Ciudad de Buenos Aires y su trama urbana la oscuridad que genera la tienda departamental Harrods, en calle Florida al 800? Un ícono que permanece cerrado desde 1998 y posee una doble representación: la material -la concreta, el edificio, su valor- y la inmaterial, la que se construye con la memoria colectiva, la de miles de personas que pasaron en algún momento de su vida por la que fue la única sucursal fuera de Gran Bretaña de una marca de lujo que continúa siendo un símbolo. La tienda fue inaugurada en 1914 y sobre la fachada de Florida se puede ver aún la firma de los arquitectos que intervinieron en la obra: el británico Paul Bell Chambers y el norteamericano Louis Newbery Thomas. Ambos firmaron otras obras notables, que son Patrimonio Histórico Nacional, como el First National Bank of Boston (en Florida y Diagonal Norte, hoy ICBC) y la estación de trenes de La Plata. Harrods también tiene protección y se encuentra ubicada dentro del Area de Protección Histórica 51 (APH Catedral al Norte). Originalmente la tienda tenía dos frentes, por Florida y Paraguay; con los años se anexan otras parcelas y así es que termina abarcando frentes hacia los cuatro lados de la manzana (como se dijo, Florida y Paraguay, más San Martín y Avenida Córdoba). El otro acceso destacado era justamente por la esquina de Avenida Córdoba y San Martín, en donde se puede ver una cúpula enorme, de zinc con un trabajo decorativo muy destacado. Hoy esa cúpula en parte refleja el estado general de Harrods. Con los años y la falta de mantenimiento, el zinc se fue quebrando a tal punto que se puede ver, incluso desde la vereda, parte de la estructura compositiva de la cúpula. Esta otra parte del edificio fue construida por una empresa británica y el arquitecto Santiago Mayaud-Maisonneuve. Y así está el edificio hoy, como su cúpula: deteriorado, sin mejoras, en proceso de pérdida de ornamentación -cartelería original, casetones decorativos, cristales, etc.-, oscuro. Y oscureciendo su entorno. En diálogo con Clarín, la arquitecta y urbanista Johanna Coifman aporta su mirada sobre este tema: "Entiendo a las ciudades como un ecosistema. Todo lo que ocurre en ella se vincula: lo social, lo económico, lo ambiental, etc. Harrods no es solamente una estructura abandonada y vacía, sino que impacta en la cuadra, en la manzana y en el barrio, pero en definitiva en toda la Ciudad. Hay un impacto urbano muy concreto, porque las persianas bajas son como paredones que nadie cuida, un árbol deja de crecer, la gente no pasa por miedo. Son zonas que no son de nadie, que nadie cuida, que nadie reclama". Este impacto queda en evidencia sobre todo en calle San Martín, donde hay 100 metros continuos de persianas bajas, también rotas, descuidadas, oxidadas, estropeadas. "Hoy sabemos que una ciudad saludable y sostenible es la que logra una buena mixtura de usos, una densidad y una actividad a lo largo del día, 24/7. Harrods está ubicada en el Area Central, que históricamente tuvo un uso muy saturado y que ahora está atravesando un proceso de transformación que aceleró la pandemia de coronavirus. Entonces, también creo que este proyecto no está en cualquier zona, que debería alinearse para que se pueda hacer algo en conjunto. Este tipo de desafíos urbanos a veces requieren respuestas más integradas y no soluciones o intervenciones mono sectoriales", opinó Coifman, además divulgadora de temas vinculados a la arquitectura y el urbanismo en redes sociales (@arqbookvirtual). Los propietarios de Harrods hablaron a lo largo de estas décadas en contadas ocasiones; sobre todo para anunciar proyectos que no se concretaron. Uno de ellos es Atilio Gibertoni, la pata local. Hay otros dueños de la tienda, que vivirían en Europa. Esta vez Gibertoni no respondió a los llamados de Clarín. En off the record funcionarios y empresarios -que lograron cierto avance y diálogo con los propietarios para realizar algún proyecto en el pasado- coincidieron en señalar que la propiedad podría tener problemas de titularidad: en criollo, podría estar "flojita" de papeles. Pero no es algo inusual. Ocurre con propiedades de todo tipo, dimensión y valor. Algunas con cierta notoriedad, como Casa Basavilbaso -o Mansión Estrugamou-, ubicada en Retiro; lleva cerrada muchos años, se considera que es la residencia más cara de la Ciudad (se encuentra a la venta por varias inmobiliarias a la vez, por 10 millones de dólares), y en algún momento supo tener casi 30 herederos pugnando por ella. Otra propiedad que estuvo afectada por temas de titularidad y abandono fue la Confitería del Molino, de la familia Roccatagliata. El enorme valor testimonial y arquitectónico de la propiedad terminó por salvarla. En 2015 una ley ordenó su expropiación y en 2017 el Estado Nacional pagó por ella más de 11 millones de dólares. La Ciudad de Buenos Aires tiene su propia ley de expropiación. Bienes que deben ser considerados de utilidad pública para que el Estado tome la determinación de pagar por ellos; obviamente estos temas deben ser debatidos en la Legislatura. Existen casos de mucho impacto, como fue Manzana 66, en Balvanera. Un inversor privado compró, poco a poco, todas las parcelas de una manzana para construir un estadio; los vecinos se opusieron y lograron que a cambio del estadio se construyera una plaza, patio de juegos y un jardín de infantes. En este caso la Ciudad permutó esta manzana por otra, en Saavedra, para que el inversor realizara un desarrollo inmobiliario. La ley porteña contempla la posibilidad de que incluso un privado lleve a cabo la expropiación. Por supuesto, cumpliendo una serie de pasos: primero el bien debe ser declarado de "utilidad pública" y segundo, se debe designar a la empresa o al privado como "sujeto expropiante" (todo por ley). Y finalmente, pagar la indemnización (la tasación la lleva a cabo el Banco de la Ciudad). Es decir, la Ciudad le da la herramienta de expropiación al privado, pero al mismo tiempo no pone un peso. Con la conformación actual de la Legislatura porteña -ultra fragmentada, con el peronismo como primera minoría, pero con una amplia representación libertaria- es casi imposible pensar en una expropiación, incluso en una expropiación privada. Para los comerciantes que se encuentran en las inmediaciones del edificio la sola mención de Harrods es siempre un sube y baja de emociones: la ilusión por la posibilidad de que suceda algo, la decepción porque ven que no pasa nada. Y así durante décadas. En Paraguay y Florida, un mozo del Bar Notable Florida Garden charla con Clarín y cuenta: "Siempre atendés a un turista que se queda impresionado con los carteles de Harrods, no lo pueden creer. Nosotros siempre tenemos gente y movimiento porque somos un lugar con mucho reconocimiento, pero no me quiero imaginar lo que sería el café con un proyecto grande al lado. Ya estamos esperando con ansias el Plaza". Con "el Plaza" el hombre hace referencia a la obra de restauración y puesta en valor del Plaza Hotel Buenos Aires que lleva a cabo el Grupo Alvear (de los Sutton - Dabbah) a sólo 150 metros. En estos momentos trabajan en los subsuelos y la planta baja de lo que será el nuevo edificio (en la esquina de San Martín y Marcelo T. de Alvear) y en la fachada del edificio histórico. La fachada que confunde. Sobre calle Florida, y a simple vista, pareciera que hay una parte de las tiendas Harrods que sí esta en funcionamiento. Hay movimiento, luces y un acceso que conduce a una galería. Pero no, se trata de otro edificio, el Thompson, donde funcionó una mueblería, también británica. Ambos se construyeron casi al unísono, pero no por los mismos arquitectos. En el Thompson intervinieron dos británicos: Sydney Follet y James Farmer. Años después ambos intervinieron también en la construcción del anexo de Gath & Chaves, otra tienda departamental de aquellas épocas, también sobre calle Florida. Ambos edificios fueron concebidos ya como tiendas, por eso tienen plantas libres y una fachada dominada por vidrieras de hierro y cristal. Responde a un estilo conocido como "Eduardiano", que se difundió en Gran Bretaña durante el reinado de Eduardo VII (entre 1901 y 1910). No es tan común en la Ciudad, aunque tiene ejemplares destacados. Adolfo Brodaric, investigador especialista en arquitectura de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, identificó otras obras importantes de este tipo de arquitectura: la Embajada Británica, la estación terminal del ferrocarril Mitre y un edificio muy destacado, ubicado en Rivadavia y Libertad, destinado a la Compañía Unión Telefónica. En el caso de Harrods y Thompson, Brodaric se la juega con una teoría: "No hay documentación que pruebe que ambos estudios de arquitectos trabajaran juntos en estos proyectos, pero no me llamaría para nada la atención que quizá se hayan sentado a planear cómo resolver esa gran fachada. Hay un lenguaje tan similar entre ambos edificios que pudo haber sido posible". Harrods en 2006, para la Revista Viva, por Cecilia Profético Una de las últimas veces que Clarín entró a Harrods fue en 2006, con la fotoperiodista Cecilia Profetico. En una producción para revista Viva, mostró cómo estaba entonces la tienda, con algunos sectores todavía intactos a ocho años de su cierre. AS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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