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  • Cuál será el precio justo del dólar y una alarma sobre la joya de la gestión libertaria

    » La Nacion

    Fecha: 11/01/2026 07:20

    Cuál será el precio justo del dólar y una alarma sobre la joya de la gestión libertaria El Gobierno espera garantizar un valor interesante para que el ahorrista venda, sin lastimar el objetivo de desinflación; Economía y el Banco Central, en una relación paradójica; el nerviosismo petrolero argentino se calmó con un informe privado tras los episodios en Venezuela - 10 minutos de lectura' Es una característica constitutiva de la gestión libertaria que viene desde la conducción. Javier Milei está cómodo con cosas que molestarían a otros presidentes. Sobre esa particularidad se definieron las maniobras que desplegará este año el Gobierno en relación con la amenaza permanente que recae sobre quien ejerce el poder: la marcha del dólar y los temores a una devaluación. Se impone la idea, hasta ahora, de convalidar un andar con sorpresas moderadas camino a un norte ya fijado. Algo nuevo, sin embargo, apareció en el camino. Son los efectos de la situación en Venezuela sobre la economía argentina, que ya comenzó a repercutir en las empresas que animan Vaca Muerta, la joya de la gestión libertaria al momento de atraer inversiones y generar exportaciones petroleras. El precio del dólar despierta pasiones entre los especialistas, catapulta negocios o sacrifica actividades hasta el punto de eliminarlas. El dispositivo cambiario para 2026 contempla esas particularidades con un objetivo que, bajo la mirada de la historia, parece siempre quimérico. Se trata de llegar a diciembre con más reservas en el Banco Central y menos inflación. Para eso, el valor del dólar deberá deslizarse en una proporción que haga interesante vender divisas para aquellos que las tienen. No hay fisuras en el equipo de Luis Caputo sobre este tema. Existe, también, una intención de desargentinizar la mentalidad financiera doméstica. En otros términos, ir contra la política del canuto en dólares, fortalecida a lo largo de años con capas geológicas de devaluaciones, cambios de moneda y eliminación de ceros en los billetes. Son cosas que se conversan entre el propio Milei, su ministro de Economía, su equipo ampliado y quienes habitan el flanco del Banco Central, bajo la conducción de Santiago Bausili. El ahorrista argentino tiene vicios distintos a los del resto del mundo. Muchos países sufren el problema del denominado home bias. Así se llama a la tendencia de los inversores a concentrar la mayor parte de sus recursos en activos de su propio país. Es algo que pasa porque están más informados de lo que ocurre a su alrededor, tienen una relación de familiaridad o vinculación emocional. Ese espíritu, a veces galvanizado en cierto patriotismo, va en contra de las sugerencias de los manuales financieros, ya que la diversificación internacional de las inversiones cotidianas tiende a reducir riesgos y mejorar rendimientos. La Argentina, en cambio, tiene un exceso de lo que le falta al resto del mundo. El inversor local conoce con cierta profundidad a las grandes compañías internacionales en desmedro de las firmas locales, y es capaz de prestarles dinero a otros estados antes que al suyo. Es la tendencia que Economía quiere desmontar convirtiendo al ahorrista en algo más parecido al de otros países. La profundización de esa mirada llega hasta el barrio. Se trata de que quien tenga dinero lo vuelque a la calle para abrir un local, mejorar el que tiene o financiar un proyecto cuyo éxito esté atado al futuro del país, una decisión riesgosa. El objetivo manifiesto de que los ciudadanos saquen los dólares del colchón es la expresión más ambiciosa de un concepto mucho más extenso. Aunque puede parecer lejano, el Gobierno se aferra a esas previsiones para anticipar qué pasará con el dólar, cómo pagará sus deudas y cuáles son los riesgos de devaluación, entre muchas otras cosas. El equipo económico se impuso una regla remodelada para administrar las tensiones cambiarias este año. Cuando se sienta frente a su escritorio, Bausili ve que el BCRA solo tiene dos pasivos en pesos para gestionar. Por uno debe pagar. Son los denominados pasivos remunerados del Banco Central, como los pases u otros instrumentos. La mayor parte de los recursos está en pasivos por los que nadie le pide nada a cambio. Son los pesos que circulan en la calle. Desde la mirada del BCRA, lo mejor es tener más de lo último y menos de lo primero. Cuando Milei llegó al poder, los pasivos que pagan equivalían a cuatro veces la base monetaria la calle, pero se fueron reduciendo, entre otras cosas, porque paulatinamente el BCRA fue recuperando esos bonos a cambio de liberar dinero en la economía. El equipo económico se maneja con indicios de que la Argentina requerirá cada vez más pesos, pero tiene menos opciones para poner dinero en la calle. Una alternativa sería emitir para financiar al tesoro, algo que en el universo libertario forma parte de otra dimensión, la kirchnerista. En cualquier caso, el Gobierno asume que necesitará emitir. La pregunta es, ¿contra qué? Si el Banco Central cederá pesos, espera por ellos obtener dólares. Desde la mirada oficialista, esos billetes son la única chance que hay para atender la demanda de pesos. Bausili también podría comprarle bonos a Caputo, pero nada de eso está en las prioridades de ambos. La pregunta anterior abre muchas otras, más específicas. Una de ellas es, ¿qué debería pasar para que ocurra el escenario en el que los ahorristas rompen su canuto para financiar un proyecto de la economía real a través del mercado de capitales o mediante el uso de sus recursos en el local vacío que está a la vuelta de su casa? El primer paso es que la economía crezca en un contexto de relativa armonía para que la gente se sienta cómoda, permanezca por períodos cada vez más largos en la moneda local y la base monetaria pueda aumentar sin sobresaltos mientras el Gobierno muestra que está comprando dólares. Más allá de la teoría, el Gobierno considera que acumuló evidencias prácticas que muestren ese movimiento de palancas en la vida diaria. En marzo de 2024, con el nuevo modelo en etapa embrionaria y una inflación altísima (fue del 11% ese mes), casi no había dinero en las cajas de ahorro de los argentinos. Esa situación tuvo un comportamiento pendular. Cuando crecía la confianza en el modelo, subía la cuenta en pesos, y viceversa. El equipo económico advierte que los saldos transaccionales van creciendo. Para que esa tendencia continúe, debe mejorar la actividad, algo que, en el mediano plazo, facilitaría el fortalecimiento de las reservas del BCRA. En todos los escenarios, el mapa hacia el tesoro contempla ir por una ruta en la que se abastece la demanda de dinero a un ritmo más lento del que indicarían otras variables, de manera que las condiciones monetarias sean apretadas y ayuden a comprimir la inflación, aunque eso implique una economía que arrastra lastre. Al dólar se lo trata con los puños cerrados. El directorio de la entidad monetaria espera un año con menos sobresaltos que el anterior, cuando fue necesario acudir a la ayuda de Donald Trump para rescatar a un plan que se hundía tras el inesperado éxito electoral de Axel Kicillof en las elecciones de la provincia de Buenos Aires. La primera evidencia es, justamente, la política: este año no hay comicios, que en 2025 detonaron la salida de más de US$5000 millones por la corrida contra el peso solo en septiembre. La hoja de trabajo del Gobierno muestra más ítems en el mismo sentido. La Reserva Federal (FED) está bajando las tasas y no empujará los flujos de países emergentes como la Argentina hacia inversiones en EE.UU.. Es un factor de inestabilidad menos, que le costó caro a Mauricio Macri, en especial a partir de 2018. El dolarducto que intenta construir el Gobierno acaba de agregar un nuevo condimento de incertidumbre a la ecuación. Venezuela está volviendo a la consideración petrolera internacional. Los temores principales para el país pasan porque Trump les ordene a las empresas norteamericanas aumentar sus inversiones en ese recurso del Caribe. Un movimiento de ese estilo funcionaría como una aspiradora de capital por el que compite Vaca Muerta, que en la gestión libertaria tuvo un comportamiento excepcional. La otra amenaza para el país es que el aumento de la producción de crudo en Venezuela deprima los precios internacionales y la Argentina cobre más barato lo que vende. La semana que pasó fue pródiga en informes de consultoras internacionales que analizaban el impacto del nuevo escenario. Uno de los más consultados en empresas de primera línea, como YPF y Pan American Energy, es el de Rystad Energy. Hoy Venezuela produce un millón de barriles diarios de petróleo, lejos de los más de tres millones de otras épocas. El trabajo plantea que para que el país vuelva a producir esos niveles de crudo hay un camino técnico sin contar las dificultades políticas y financieras que termina en 2040. Es decir, no es un problema de corto plazo para la Argentina. Además, remarca que la vuelta plena de las grandes compañías del mundo requeriría una reforma profunda del marco legal y regulatorio, acompañada por una reestructuración integral de PDVSA la empresa pública y cambios de fondo en la Ley de Hidrocarburos. A esto debería sumarse el respaldo explícito del gobierno de Estados Unidos en forma de garantías políticas y jurídicas que reduzcan el riesgo país percibido. Incluso bajo ese escenario, advierte el análisis, los litigios pendientes con ExxonMobil y ConocoPhillips, junto con la persistencia del riesgo geopolítico, seguirían siendo un factor de peso a la hora de frenar o encarecer las decisiones de inversión. Una aclaración fundamental: el petróleo de Vaca Muerta es de mejor calidad, en general, que el venezolano, por lo que tiene clientes distintos. El sector privado mostró esta semana, sin embargo, dónde lo golpean ya los sucesos que involucran a Nicolás Maduro. Es en las expectativas. A eso atribuye la caída cercana al 7% en el precio de las acciones de compañías argentinas que cotizan en Wall Street, como YPF, Vista y Pampa Energía. El Gobierno está construyendo otra alianza de beneficios mutuos para pavimentar el camino del dólar con un grupo muy distinto al de las empresas más grandes del país, pero que igualmente puede traer dólares. Es con los gobernadores. La ciudad de Buenos Aires (Jorge Macri) recolectó US$600 millones mediante una colocación de deuda en noviembre pasado. Y Santa Fe (Maximiliano Pullaro) recibió otros US$800 millones por la misma vía. Son fondos que, en parte, se usarán para hacer obras, de manera que deberán pasar por la ventanilla del BCRA para cambiarse a pesos porque pagarán mano de obra y cemento. La lista de gobernadores dispuestos a financiarse en dólares es más larga. Bausili tiene el objetivo declarado de sumar hasta US$17.000 millones este año. Necesita una ayuda especial, la del ministro de Economía, Luis Caputo, que le sigue sacando dólares para pagar deuda, como hizo anteayer. Eso, por la imposibilidad de obtener préstamos convenientes en el mercado internacional. Es el punto que aún falta despejar para saber si el tránsito cambiario de este año será tan amable como esperan los más optimistas del equipo económico o sumará un nuevo capítulo al estrés histórico de los argentinos con el dólar.

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