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» Clarin
Fecha: 11/01/2026 07:15
"¿Qué hacemos, vamos? El clima no acompaña. Bueh, dale, vengan a mi casa y yo saco el auto". Dicho y hecho. A pesar de los amenazantes nubarrones, Pancho Dotto levanta a fotógrafo y cronista de Clarín frente al pituco Edificio Yoo, en Parada 8 de Avenida Roosevelt, estratégicamente ubicado entre la Playa Brava y la Playa Mansa. La idea es ir charlando de la vida, sin agenda, mientras conduce uno de sus tesoros, un Rolls Royce blanco, modelo 1989, que atrae la mirada de todos. No es sencillo captar la atención en Punta del Este, pero Luis Francisco lo logra. Pancho de aquí, Pancho de allá, bocinazos, saludos a la distancia de peatones y ciclistas, el ex mánager de modelos es aclamado en estas playas. Y el hombre lo disfruta. "La gente ve este auto y cree que lo pagué un millón de dólares, y a mí me salió cien lucas". "Uno hizo mucho por Punta, aunque no me dieron la llave de la ciudad y a otros sí...", no la deja pasar. "Fueron 25 años de venir aquí con las mejores modelos de mi agencia y de la Argentina y lo que vivíamos en esos tiempos era una locura, qué época por Dios. Yo no paraba un segundo, dormía poco y nada, todo era laburo, laburo y estar pendiente de mis chicas, las cuidaba". Mientras maneja prudente, Pancho acomoda su endemoniada melena de león que el viento desordena y el cuello de su canchera camisa. Está fresco pero la lluvia se hace desear. La cuarta pared entre entrevistado y periodistas se evapora al instante y la conversación fluye, aunque la temática se desordena. Sus 70 años, ahora, son los que mandan. "Es la edad que murió Mario, mi querido hermano mayor. Setenta es un número fuerte, grande, que me está llevando cada vez con más frecuencia a tomar conciencia de la finitud. Pienso en la muerte, no le tengo miedo, pero la pienso. A veces, con amigos de la misma edad, que vienen unos días a Punta y se van apurados por sus obligaciones, les remarco esto... Estás en un lugar de placer, disfrutalo más porque no sabés hasta cuándo estarás en el mundo". "¡Grande Pancho, no te mueras nunca!", se escucha casualmente desde una esquina. "¡Vamos arriba!", devuelve caballero. "La gente me quiere y reconoce todo lo que yo hice para poner a Punta del Este en la cresta de la ola. ¿Sabés lo que era este lugar, en distintos años, con Araceli González, Valeria Mazza, Carola del Bianco, Dolores Barreiro, Nicole Neumann, Daniela Urzi y Pampita? Era un tsunami, un volcán en erupción de tanta diversión". Vamos recorriendo los barrios más exclusivos y no hay cuadra en la que el Rolls Royce no sea observado con admiración. "Tuve una vida frenética, la gente me dice que son como diez vidas normales. No sé, yo estaba compenetrado con la actividad, no era nada sencillo manejar a las pibas. Se ve que transmitía una imagen de tipo incansable porque una vez Mariana Arias le preguntó a Elizabeth 'Tota' Márquez, que fue pareja mía unos años: '¿Decime la verdad, cuántos gramos toma Pancho por día?'. Entonces Tota le respondió: 'Él es así, no toma nada, sólo que está totalmente chiflado'. Yo nunca me drogué en la vida. Jamás", refrenda. Hoy, casi un jubilado de alta gama, recuerda con nostalgia aquella versión de representante estrella, que se multiplicaba para no dejar a nadie en falta. "A veces se confundía a mí y a mi trabajo y me señalaban como un hombre de la noche, y nada más alejado. ¿Yo, la noche? En absoluto, aunque es cierto que a veces tenía eventos, presentaciones y debía ir a tomar una copita de champagne y poner la carita. A veces les tenía que decir -treinta años atrás- a chicas como Carolina Peleritti o Bárbara Durand, que no había boliche, que había que descansar y me tenía que mantener firme". Tomamos la avenida costanera y Pancho es un incansable decidor de historias. De una cuadra a la otra, tiene la misma facilidad de cambiar de tema como la que utiliza para manejar. El Rolls Royce marcha como una seda y el chofer acaricia el volante. "Ando jodido de la espalda. Tengo algunos dolores óseos producto de una artrosis degenerativa, que a veces me hace ver las estrellas. Antes de venirme a Punta, estuve dos semanas internado en el Centro Adventista de Vida Sana, en Entre Ríos, donde me hice chapa y pintura. De todo hice para llegar aquí aliviado". Hace foco en los dolores cervicales que a veces tiene, que se hacen insoportables, y debe recurrir a medicación intravenosa. "Tengo un umbral del dolor muy alto que ustedes no podrían soportar". Mientras, no desatiende dónde está Zunino, el cafecito predilecto en el que siempre para y adonde quiere seguir la conversación. Al estacionar en frente, todos las miradas de la clientela se posan en la humanidad del hombre de la ahora tupida barba blanca. "No me llevo mal con ser el foco de atención, me conocen... lo que no me gusta es que me juzguen". Bajamos pero primero nos corremos hasta cerca de la orilla del mar. Salta una pared y se anima a un trotecito ágil. El viento ya preocupa y después de unas tomas fotográficas, Pancho sueña con un capuccino y medialunas. "Van a probar las más ricas de Punta del Este". Llega media docena y todos las devoramos. "No puedo parar, llegué a Punta habiendo bajado seis kilos y ya estoy como dos arriba. El pantalón que tenía holgado, ahora me queda como una calza", mientras encarga tres más. Dice que ahora disfruta más la ciudad en la que estuvo tantos años pero sin conocerla. "Salgo poco, lo justo y necesario. No soy de ir al mar, tengo un poco de complejo con mi cuerpo, no sé, cosas mías... Prefiero ir a lugares donde me siento cómodo o donde hay amigos. A veces me llaman para ir aquí o allá, eventos diferentes... Voy a empezar a hacer lo que hace Pampita, pasar un cachet", risas. Fiel a su verborragia, los temas aparecen y se escurren en segundos. Pronuncia decenas de nombres y marcas de los últimos años y hace una leve pausa para beber su capuccino. ¿Seguís de novio con esa chica de veintipico? "Estuve hasta hace poco... ya no, estoy solo, pero no quiero estar solo lo que me queda de vida. Quiero encontrar una mujer con quien compartir. ¿Edad? (Sonríe pícaro). No más de cincuenta, si puede ser". Se abre otra ventana, la de los egos en una profesión como la que tenía y que se podía tornar inmanejable. Vuelven a aparecer divas como Pampita, Valeria Mazza, Dolores Barreiro, Carola del Bianco, Carolina Peleritti. "Yo hice mucho, pero mucho por ellas. A veces no nos damos cuenta de las manos que nos dan y la gente, sin darse cuenta, se olvida de llamar a alguien para agradecer". No hay pausas en Pancho, que duda en pedir otra medialuna. "Si yo no descubría a Pampita, hubiera sido una chica como muchas que hubiese ganado comerciales, pero no hubiese sido la Pampita que conocemos. Ella lo tiene claro y yo también. Y hablamos de Pampita porque es actualidad, pero lo mismo diría de Déborah de Corral, de Peleritti o de Valeria Mazza, la lista es interminable... Yo fui el que le puso a Valeria el rótulo de la Claudia Schiffer argentina. Yo lo decía y se me reían en la cara". Saca pecho cuando por primera vez habla de él sin que se le consulte. "Ser parte de la agencia Dotto era grosso, una locura, era tener sentido de pertenencia, era tener un rostro, un cachet, credibilidad. Dotto se convirtió en una dottomanía, fue una marca premium, una moda, pero no quiero hablar en tercera persona como hacía nuestro querido Diegote. Hay ex modelos que todavía hablan en tercera persona que te ponen los pelos de punta, pará un poco, ¿quién sos?", ríe a carcajadas. ¿A los 70 mantenés ese ojo clínico, descubridor de lolitas? "Sí, tengo un ojo entrenado que sigue funcionando y sigue descubriendo... Lamentablemente se mantiene ese don, pero no lo ejercito, no quiero más, lo odio. Me pasó hace un año, cuando vi una chica estupenda, distinta, que a primera vista supe que podría haber trabajado conmigo. Y lo sufrí de alguna manera porque ya no tenía más la agencia, ya está, la cerré en 2014. ¿Qué le voy a decir a esa piba? Pensar que yo me recorría el país de punta a punta, durante meses, veía más de siete mil chicas personalmente y con suerte encontraba una, sólo una de entre miles. Se terminó". ¿Por qué cerraste la agencia? "Yo no daba más, tenía la cabeza estallada y también estaba cansado de la falta de agradecimiento y no podía terminar de duelar la partida de mis modelos, que se iban sin dar explicaciones... Yo tenía que reacomodar la pirámide, ascendía a nuevas modelos, inflándolas hasta llegar allá arriba y el pelotudo que las inflaba era yo... Y cuando llegaban a lo más alto, se olvidaban de cada escalón". Llegan otras medialunas y una ronda nueva de expresos. Reconoce que siente "cosas" cuando abre una revista o enciende el televisor y ve "a Pampita, a Iván (De Pineda) o a Valeria, que tienen un presente exitoso y a mí me carcome la cabeza. ¿Por qué? Porque yo los conocí hace un montón, los tuve, trabajé con ellos y están vigentes... y yo estoy afuera. Me genera sensaciones raras, pero yo me fui, me corrí". Cerró la agencia hace más de once años, ¿de qué vivís Pancho? "Yo soy el peor inversor, soy gastador serial... Y soy generoso, invito siempre, de toda la vida, siempre iba a los mejores restoranes y pagaba yo, un delirio. Pero me la gané laburando y además tengo propiedades... Tenía otra casa acá en Punta que hace un tiempo la vendí a dos palitos verdes, que se están volando". Confiesa que fue un empedernido workaholic. "Fui demasiado compulsivo para todo y dejé de lado mi vida personal. ¿Hijos? Con las chicas que yo viví, primero se querían casar y luego tener hijos... 'No te escuché lo que dijiste, ¿cómo?' -reproduce un diálogo-. '¿Me dijiste de tener un hijo? ¿A vos te parece que yo estoy en condiciones de ser padre? Yo llego a casa y lo que menos quiero es encontrarme con un bebé llorando, me vuelvo loco. ¿Y cuándo va a ser? No va a ser por ahora'. Ese era yo, que no podía salir de ese laberinto laboral". Está oscureciendo y el frío veraniego hace estragos en la mesa que comanda Pancho. ¿Volvería a hacer el mismo camino como representante? "No, claro que no repetiría el mismo camino, lo haría muy diferente, seguro. Así va a terminar el documental que se está proyectando. '¿Lo volverías a hacer igual? De ninguna manera. Fin'. Es que yo me involucraba demasiado, me metía en las vidas de mis modelos y dejé de lado la mía". PS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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