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  • No encontraba corpiños de su talle, subió una historia a Instagram y tomó la decisión de su vida

    » TN

    Fecha: 11/01/2026 06:04

    Lo que comenzó como una simple historia de amigos yéndose de vacaciones, terminó con una empresa que hoy le da trabajo a muchas personas y le permite a miles de mujeres reencontrarse con sus cuerpos en la comodidad. Agustina, que fue participante en un reality de cocina, dejó de lado el dulce de leche, las tortas y los postres para apostar a un emprendimiento que no esperaba, pero que le llegó y no lo dejó escapar. Toda su vida atravesó el conflicto de no conseguir corpiños ni mallas por tener busto grande. O si las conseguía eran genéricas, con muy pocas opciones en colores, diseños y materiales. Leé también: No tenía trabajo, empezó a vender sahumerios y su vida cambió: No puedo creer lo que me pasó Con el tiempo decidió mandarlas a hacer a su gusto y medida. Y así, un día, una historia en Instagram lo cambió todo. Me iba de vacaciones con Dami, que es la persona que estuvo conmigo en Bake Off. Tenía muchos seguidores en redes sociales, estábamos en Las Vegas y yo me había mandado a hacer las bikinis para ese viaje porque nunca conseguía en ningún lado. Cuando compartí las fotos en las historias me empezaron a preguntar de dónde las había sacado porque no conseguían, recordó Agustina Guz en diálogo con TN. En ese momento algo en su cabeza resonó: Dije este es el momento. Había un montón de personas a las que les pasaba lo mismo que a mí, así que empecé a producir. Arranqué con mallas, hice una tirada muy chica de 300 prendas y antes de que termine diciembre vendí todo. Ahí pensé acá hay un nicho que atacar y un público que está sin producto que comprar, recordó. El calvario de lograr la comodidad Para la ahora empresaria, conseguir corpiños en la Argentina siempre fue un calvario: o solo conseguía un único modelo de un famoso supermercado y los mandaba a modificar a su medida o los hacía directamente a su gusto. Recién conoció otras opciones cuando comenzó a viajar y pudo comprar en el exterior y stockearse. De igual manera, el haber nacido con el busto grande a ella siempre la dejaba fuera de todo: desde los corpiños, a los vestidos y hasta camisas, la comodidad no estaba en su diccionario. Así, probando, comenzó con sus primeras tiradas de ventas con Dtalle by Aguz (IG Dtallebyaguz_). Lo que más me llamó la atención cuando empecé a vender fue, primero, la cantidad de gente que tenía el mismo problema que yo, y después fue que todas teníamos un punto en común: siempre conseguíamos lo mismo. Mis clientas me decían: hace 10 años uso el mismo corpiño, nunca usé uno de puntilla, nunca me puse un body o una malla de color. En ese momento pensé en que habiendo tantas marcas nadie se había ocupado en abarcar un nicho que evidentemente no es tan chico, cuenta. Pero con el arranque también comenzaron las dificultades. En aquel momento, Agus descubrió que lo más complejo fue conseguir talleres y aprender de moldería, ya que nada de lo que estaba preestablecido iba conforme a sus medidas. Lo primero que hice fue meterme con una fábrica que me hiciera el producto terminado, que me resolvió varias cosas, pero a lo largo del tiempo los costos no me servían. Me fui haciendo aliada de talleres, herramientas digitales que ayudan mucho a vender y descubrí que lo más difícil era conseguir ciertas cosas que funcionan medio como de ingeniería: por ejemplo, todo el mundo usa un bretel de seis milímetros, pero yo no puedo usar eso y conseguir esa materia prima en Argentina fue el desafío más grande. Tuve que mandar a hacer matrices para mí, las correderas que se venden estándar a mí no me sirven, los ganchos que uso yo no existen, me los hacen para mí. La matriz de los arcos que se usan en mis corpiños solo existen para mí, explicó Agustina. Así comenzó con producciones chicas y no tanto: la emprendedora tuvo que invertir para fabricar toda una infraestructura nueva, que no existía. Era una apuesta a ver qué pasaba, por suerte salió todo bien, pero podría haber fallado, reconoció. Pero para alcanzar el ideal de sus productos, Agustina comenzó con un estudio entre muchas mujeres que pasaban lo mismo que ella, situación que le permitió tomar moldes de diferentes tipos de cuerpos. Lo que pasa en el mercado es que se hace todo como un librito: por ejemplo, a un corpiño que tiene una taza de 130 se le ponen 50 centímetros de espalda. Yo hice todo un estudio, cité entre 50 u 60 personas, e hice la moldería cada cuerpo, explicó. El diferencial con mi marca es que todo está hecho y pensado por una persona que lo prueba, yo no saco al mercado nada que yo no haya probado antes, o mi mamá, mi hermana y otras personas que tengo de referencia, agregó. Es por eso que, asegura, no hay otra marca con su misma tabla de talles. Está literalmente inventada por mí, reconoció con orgullo. De esa forma, salió al mercado con productos de encaje, algodón, deportivos y bikinis que van del 100 al 135, en colores, texturas y diseños cancheros, pensados para todo tipo de edad y hasta siguiendo la tendencia del momento. Empecé pensando que iba a ser un emprendimiento chico y hoy somos una empresa, trabajamos entre seis y ocho talleres, tenemos empleados, cortadores, un montón de gente que trabaja con nosotros y producimos una cantidad que nunca pensé que íbamos a producir. Llegamos a todos lados del país, tenemos venta minorista y mayorista. No sé si alguna vez esto fue el objetivo, sino que me subí al barco y producimos, aseguró. De 300 mallas del inicio, Agus hoy tiene cerca de 7000 ventas al mes a todo el país y sueña con exportar. Lo mejor de todo son los comentarios que recibimos sobre cómo nuestros productos hacen sentir a las personas: hay gente que te manda un mensaje y te dice a mis 56 años nunca me puse una bikini hasta que conocí a tu marca. Eso nos da la seguridad de que estamos haciendo las cosas bien, y también escuchamos a las clientas con los puntos malos que son los que no hacen mejorar, insistió la emprendedora. Y de esos comentarios, también surgieron otros que nunca imaginó: También recibimos un montón de mensajes que te dicen me cambiaste la vida y vos pensás en que solamente hacés corpiños y mallas, ¿cómo les voy a cambiar la vida? Pero uno no nota la dimensión de lo feo que es estar incómodo todo el día. Uno tiene que vivir y a las tetas no las podés dejar en la mesa de luz y salir a trabajar, las tenés que llevar puestas todo el día y si no hay una prenda que te permita hacer lo que hace toda la gente porque todo el día te estás acomodando, te pica o estás incómoda genera un montón de limitantes. Es por eso que, sostuvo, entendió que el me cambiaste la vida no es exagerado, sino que el día a día muchas veces depende de que uno este cómodo y darle esa posibilidad a mujeres que tenían un mercado en contra, fue, al final, un gran premio. La vida siendo melonera Desde chica, asegura, Agustina recibió incontablemente la misma pregunta: ¿nunca pensaste en sacarte? Fui una sola vez a averiguar cuando tenía 22 años y el cirujano fue muy práctico y me dijo que las cicatrices que me iban a quedar no me iban a gustar, que no me lo recomendaba y que si algún día quería ser madre seguramente tenía que arreglarme nuevamente el busto. En ese momento lo dejé de lado. Además, todo el mundo te dice sacate y nadie le dice a alguien que es muy alto che, cortate las piernas. Si sos tetona te dicen cortate las tetas y pareciera que es mucho más simple, pero no deja de ser una operación. Obvio que para quienes lo necesitan es entendible, mis clientas me comentan mucho que las obras sociales no lo cubren y hay gente que sí tiene problemas en la columna y son operaciones carísimas, pero no es mi caso, explicó. Acerca de los comentarios que antes eran mayores en la calle y hoy se trasladaron también a las redes, Agus reconoce que, desafortunadamente, se acostumbró. Al principio me enojaba mucho más que en los últimos años, pero si de más adolescente hay muchas cosas que son más violentas, groseras y me he agarrado a piñas, he escupido gente en la calle, he insultado por demás, he corrido gente para pegarle de las cosas horribles que me han dicho, señaló y lamentó: Después te acostumbrás y aprendés a hacer oídos sordos porque si no terminás afectada y creo que los comentarios más crueles siempre vienen de las mujeres. Sobre el final, la emprendedora se refirió a la temporada de verano y la exposición. Para quienes son meloneras, como decimos nosotras, y se van a la playa, pileta o algún lugar donde se tienen que poner mallas, primero sepan que los comentarios siempre van a existir porque la gente no tiene una vida muy alegre evidentemente y se divierte opinando del resto, entonces que no los afecte y disfruten del momento. Y a los que opinan, mejor que podrían callarse, porque ese comentario no suma y a otro por ahí le modifica la vida. Con respecto a su otro amor, Agustina concluyó entre risas: A la pastelería la abandoné 100%, no hago tortas ni para mi cumpleaños.

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