11/01/2026 05:04
11/01/2026 05:04
11/01/2026 05:04
11/01/2026 05:04
11/01/2026 05:04
11/01/2026 04:59
11/01/2026 04:56
11/01/2026 04:55
11/01/2026 04:55
11/01/2026 04:55
» Clarin
Fecha: 10/01/2026 09:00
El déficit fiscal esperado para este año en Estados Unidos es 7,7% del producto bruto, según la estimación del Fondo Monetario Internacional. Se ubica por debajo de los niveles de pandemia (10%) pero en niveles históricos altos para un momento en el que ni el mundo ni Washington enfrentan guerras o emergencias de magnitud. Dicho esto, nada indica que ese desequilibrio vaya a ceder. Es más: ¿podría aumentar? ¿cuáles serían las consecuencias si así fuera? Estados Unidos no está sumido en una depresión y un abultado déficit presupuestario impulsado por el gasto en defensa, recortes de impuestos y una inflación que no afloja será más difícil de revertir en un año de elecciones legislativas (2026). Sin embargo nada de esto es una novedad. Algo así se vio con J. F. Kennedy y continuó con casi todos los presidentes republicanos como Richard Nixon, Ronald Reagan, George W. Bush y Donald Trump. En el caso de este último, todo indica que incluso va por más: primero busca bajar las tasas, segundo que haya petróleo barato y tercero mantener los aranceles proteccionistas. Respecto a lo primero, Trump anunció esta semana que las compañías de financiamiento hipotecario respaldadas por el gobierno, Fannie Mae y Freddie Mac, comprarían US$ 200.000 millones de hipotecas como parte de un esfuerzo más amplio de abordar el drástico aumento en el costo de la vivienda. El aumento supera el 50% desde 2018. Esta medida procurará hacer bajar las tasas. Es una de mis muchas medidas para restaurar la capacidad de pago y accesibilidad, algo que la administración Biden destruyó por completo, publicó Trump en redes sociales. Estamos recuperando el sueño americano que fue destruido por la administración anterior. Algo similar ya había hecho Washington durante la crisis financiera de 2008-2009, cuando millones de estadounidenses no pudieron pagar más las hipotecas y el gobierno se hizo cargo de esos títulos para evitar un colapso del mercado y el quiebre de las familias. En segundo lugar, la aventura en Venezuela de Trump buscará aumentar la oferta de energía y así abaratar llenar el tanque del auto. Aunque coincide la mayoría de los analistas que quizás no consiga tantos beneficios de inmediato y sí más incertidumbre y gastos. El presidente de EE.UU. anunció que controlaría las ventas de petróleo venezolano, del cual Estados Unidos recibirá entre 30 y 50 millones de barriles. Sin duda eso describe el enfoque mercantilista de Trump en la política interna con la política exterior. Sin embargo las intervenciones de Washington en el pasado en otros países tuvieron casi siempre motivos económicos, por ejemplo controlar que la oferta de los recursos que necesitan sus empresas no quede en manos de sus rivales. Esto ocurrió con el petróleo entre los 70 y los 90, que es cuando Trump forjó su mirada del mundo y de la globalización. Pero el mundo cambió. Controlar hoy en día el petróleo de Venezuela conlleva un beneficio modesto e incierto, dice Greg Ip, columnista de The Wall Street Journal. EE.UU. se convirtió en un exportador neto de petróleo en 2020. Debido a la eficiencia, el gas natural y las energías renovables, y a la disminución de la participación de los sectores de uso intensivo de energía, el consumo mundial de crudo cayó a más de la mitad desde 1979 para el Banco Mundial. Hoy la carrera mundial es por la producción de tecnología y servicios, y no de recursos. Fue la falta de oferta de semiconductores, por ejemplo, lo que casi hace quebrar a la industria automotriz en la pandemia. Estados Unidos gasta mucho más en importaciones de computadores que de petróleo y sus empresas más grandes son tecnológicas y no petroleras. Según estimaciones del sector, Venezuela podría llegar a producir más de un millón de barriles por día recién en 24 meses generando un ingreso de US$15.000 millones, una cifra baja para EE.UU. si se tiene en cuenta que en su territorio la producción de gas y petróleo deja US$240.000 millones al año. Pero además resta inyectar dólares para revertir décadas de desinversión. Según S&P Global Energy, haría falta al menos unos US$ 20.000 millones .Y eso no incluye la inversión en hacer más segura a Venezuela. El Instituto Americano Empresario estimó que Washington gastó entre US$1.400 y US$1.600 millones interceptando lanchas con drogas y capturando a Nicolás Maduro. El control del territorio es caro, como descubrieron en el pasado los imperios, a no ser que estén en pleno conflicto o enfrenten una amenaza. Finalmente, los aranceles de Trump trajeron US$600.000 millones de dólares a la economía estadounidense. Si la Corte Suprema determina que son ilegales, Trump se vería obligado a devolver el dinero. Y habrá más déficit fiscal, quizás hasta el infinito y más allá, frase que pertenecía al personaje de la película Toy Story, el astronauta Buzz Lightyear. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original