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  • Mar del Plata, el kilómetro cero de la memoria

    » Clarin

    Fecha: 10/01/2026 06:25

    Ya verás. Solo hay que caminar por la Rambla hacia el norte, pasando La Perla, Constitución y después... Es cierto que hacia el sur el paisaje no se compara con ninguno del mundo, pero ya verás. Sí, es verdad que desde el Torreón hasta el Cabo Corrientes, y de allí hasta Playa Grande, están las mejores vistas de Mar del Plata: el mar espumoso de un lado y el verde de las barrancas del otro. Y también es cierto que en una hora de caminata -desde el Casino al puerto- no encontrarás una playa más bonita que Varese. Pero ya verás. Nadie encuentra lo que no extraña. Saldrás entonces de Punta Iglesia con el sol tibio de la mañana y enfilarás hacia el norte, hacia Camet, orillando el mar. Recordarás a la niña que fuiste, asomada a las rejas del primer balneario con piletas de agua salada que tuvo la ciudad, donde se transmitían programas de radio y empezabas a soñar con ser parte de ese mundo. Los recuerdos aparecen en imágenes: Maradona jugando al voley, Sofovich al truco, y más allá, bajo una sombrilla, el elenco del lugar más top de los 80, con Alberto Olmedo, Emilio Disi, Guillermo Bredeston... Mar del Plata es el kilómetro cero de tu memoria. Aquí quedaron las huellas de tus primeros pasos sobre la arena. Por eso ahora levantarás la mirada y seguirás caminando con determinación hasta el balneario Alfonsina, mientras vuelve la canción de Mercedes Sosa que escuchaste mil veces en el viejo tocadiscos de la abuela Asunta: Desde allí caminarás casi una hora y media hasta Camet, pasando por el Museo del Mar y por el lobo marino que construyó Marta Minujín hace más de una década con papelitos de alfajores Havanna, y que todavía sigue ahí. Como todo lo que está hecho para perdurar. Como los sabores de la infancia. Finalmente, llegarás a las playas frente al Parque Camet. Espacio, silencio, horizonte. Kilómetros de arena amplia donde pasaste tus mejores veranos. Hasta este rincón de la Costa llegaste durante la Dictadura, después de que tus tíos decidieran abandonar Punta Mogotes por haber dejado de ser un balneario virgen. Con el impulso del Mundial, los militares avanzaron rápido con el mayor proyecto balneario de Mar del Plata, pensado para que el turista de clase media pudiera pasar allí el día entero. No era nuestro caso. Con primos, padres y tíos, levantábamos campamento al mediodía, después de que los mayores hojeaban el Clarín sobre la reposera. Entre los chicos, pasábamos de la paleta al barrenador y del vóley al fútbol sin más escalas que las que imponía mamá para untarnos crema Nivea de lata azul sobre los hombros. Así, hasta la mañana siguiente, cuando comenzaba el ritual de armar la canasta con el mate, las bolas de fraile, el diario con el Loco Chávez en la contratapa y todo el mundo que crujía en esas páginas, mientras tu única preocupación era saber si al día siguiente iba a llover o no. Sobre la firma Newsletter Clarín

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