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» Clarin
Fecha: 10/01/2026 06:24
El sol cae de lleno sobre la arena y el celular suena. No es un mensaje personal: es el comprobante de una transferencia. A unos metros del mar, una vendedora baja la vista, confirma el pago y recién entonces entrega la bolsa. En Pinamar, este verano, el sonido que acompaña a la playa ya no es el del cierre de una billetera, sino el listo, llegó que habilita la venta. El efectivo parece haberse quedado en la sombrilla o directamente en casa. Alejandro Bedin camina por la orilla cargando pelotas e inflables de colores. Cuando Clarín le pregunta qué se usa más para pagar, no duda: La gente ya no lleva la billetera a la playa, todo nos lo pagan con billetera virtual. Él se maneja con alias y cuenta bancaria. No tiene posnet: Te cobra un porcentaje, explica. La escena se repite una y otra vez durante el día: celular en mano, transferencia y entrega inmediata. Unos metros más allá, Gabriel Báez, vendedor de choclos, confirma la tendencia. Estoy agarrando más transferencia. Hoy, desde que arrancó la temporada, recién agarré efectivo, dice. Otro vendedor ambulante coincide, sin rodeos: El efectivo ya no existe. La frase se repite entre quienes caminan kilómetros de arena bajo el sol, con el celular siempre a mano y la señal como aliada indispensable. Darío Altamirano vende barriletes en la playa y marca un cambio claro respecto del verano pasado. Todo transferencia, pero es muy variado. A comparación del año pasado ahora se está usando mucho más y también nosotros los vendedores nos estamos adaptando a la transferencia, cuenta. Reconoce que al principio le costó aceptar pagos digitales: El año pasado me daba miedo porque a veces tardaba en llegar o tenía miedo de que me estafen. Con el correr de los meses, la desconfianza cedió y el sistema se volvió parte de la rutina laboral. Más adelante, otro vendedor, que ofrece bebidas frías y recorre la playa desde temprano, aporta un matiz al fenómeno. Todavía aparece algo de efectivo, pero cada vez menos. La mayoría saca el celular y paga así nomás, cuenta. Según dice, ya ni pregunta cómo van a pagar: Directamente digo el precio y me piden el alias. Para él, la ventaja es clara: menos cambio, menos billetes mojados, menos riesgo. La escena se vuelve casi coreográfica frente a Manuela Alderete, que vende vestidos. Está con una clienta. Las dos miran la pantalla del celular, quietas, esperando. Un segundo más tarde, Manuela sonríe: Listo, llegó. Recién ahí entrega la bolsa. Gracias, responde la clienta antes de irse. La vendedora lo resume sin vueltas: Hay más transferencia que efectivo. Yo tengo un alias y ellos me pasan. Hasta ahora no me dieron efectivo y hay días en que estoy sin recibir nada en efectivo. Del otro lado de la compra, los turistas confirman el cambio de hábitos. Tadeo, Manuel y Pablo llegaron desde la ciudad de Buenos Aires y pasan el día entre chapuzones y mates. Pagan todo desde el teléfono. Usamos tarjeta o transferencia, todo desde el celular, dicen. Tadeo aclara que usa contactless. Manuel es más tajante: Yo la billetera ya no la uso. Sobre una manta, tomando sol, Oriana, Celeste y Victoria, las tres de Quilmes, muestran que la transición no es idéntica para todos. Yo uso efectivo, dice una. Yo uso transferencia, responde otra. Yo también, suma la tercera. Celeste aclara que para el boliche lleva la billetera. Sus amigas coinciden en lo contrario: Yo directamente llevo solo el celular, no tengo y no uso billetera. Victoria agrega un detalle: El efectivo lo uso solo para comprar ropa porque siempre encuentro algún descuento. La familia Pucheta, de La Plata, llegó a la playa con lo justo. Usamos mucho más transferencia. En efectivo solo cuando hacen promoción, explican. Incluso cuando pasa el churrero, pagan con el celular. El efectivo es para comer por ahí. Nosotros solo usamos el celular para venir a la playa. Entre reposeras, heladeritas y vendedores ambulantes, el efectivo pierde terreno. El verano en Pinamar se paga con alias, QR y teléfonos que resisten el sol y la arena. Un cambio silencioso pero visible, que transforma la rutina de quienes trabajan y pasan tiempo frente al mar. En la playa, este verano, la billetera ya no es un objeto imprescindible: alcanza con que el celular tenga batería y señal para avisar que el pago llegó. AS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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