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  • Despejando dudas sobre la importancia en la salud del orgasmo femenino, con la médica Gineco-obstetra Silvina Peirú

    Concordia » Despertar Entrerriano

    Fecha: 09/01/2026 11:07

    Despejando dudas sobre la importancia en la salud del orgasmo femenino, con la médica Gineco-obstetra Silvina Peirú Hablar de placer también es hablar de salud, bienestar emocional y libertad. En esta edición elegimos profundizar sobre la importancia del orgasmo en la vida de las mujeres, derribar mitos y comprender por qué aún sigue siendo un tema tabú para muchos. Para despejar todas estas dudas, Despertar Entrerriano dialogó con la médica Gineco-obstetra Silvina Peirú, quien aportó una mirada integral sobre la sexualidad femenina, atravesada por la historia, la biología, la cultura y la necesidad de volver a habitar el propio cuerpo sin mandatos. Empecemos explicando qué es un orgasmo y cuál es su importancia en la sexualidad de una mujer Médicamente, el orgasmo es una respuesta neurofisiológica compleja que involucra al cuerpo, la mente y la emocionalidad. Se manifiesta como oleadas de placer, contracciones rítmicas y una sensación de bienestar y descarga. No es solo una respuesta física, sino también una experiencia emocional y psíquica que permite el autoconocimiento, la regulación emocional y la conexión con uno mismo o con el otro. En las mujeres, el placer está ligado a un órgano cuya única función es dar placer: el clítoris. Aunque externamente solo se observa una pequeña parte, es un órgano mucho más amplio y complejo, con múltiples ramificaciones internas y gran cantidad de terminaciones nerviosas. Durante años fue poco estudiado y prácticamente silenciado, incluso dentro de la medicina. El orgasmo no define la sexualidad, ya que existen encuentros placenteros sin que este ocurra. Sin embargo, cuando se logra conectar con el placer desde un espacio de seguridad, el orgasmo resulta una experiencia profundamente enriquecedora para la salud emocional y el bienestar general. ¿Cuál es la diferencia entre el orgasmo femenino y el placer masculino? Hay muchas diferencias, tanto físicas como emocionales, y una de las más claras tiene que ver con cómo responde el cuerpo. Esto sucede justamente por el órgano del placer femenino, que es el clítoris. Para que un hombre logre una erección y pueda eyacular, los cuerpos cavernosos del pene necesitan alrededor de 50 mililitros de sangre. En cambio, para que una mujer alcance una excitación sexual adecuada y el clítoris, con todas sus ramificaciones internas, logre la congestión necesaria para llegar al orgasmo, se requiere cerca de medio litro de sangre. Imaginate la diferencia: lograr que toda esa sangre llegue, congestione el órgano y lo prepare para una respuesta orgásmica adecuada lleva tiempo, y eso explica por qué el cuerpo femenino necesita otros ritmos, estímulos y condiciones para el disfrute. ¿Qué beneficios tiene el orgasmo en la salud? Libera oxitocina, genera bienestar, el cuerpo se siente seguro. Vivimos en una sociedad atravesada por el estrés constante y los espacios de placer son cada vez más escasos. Además, estamos condicionados a una sexualidad compulsiva, muy influenciada por el porno, que no representa una sexualidad saludable. Esa mirada es profundamente machista y tiene muy poco que ver con el placer femenino real. También impone mandatos sobre los varones. Se promueve un único modelo de sexualidad que excluye diversidades de cuerpos, deseos y formas de vincularse, y eso genera frustración. ¿Por qué la mujer tarda más en llegar al orgasmo? Tarda más, pero no solamente por el estímulo. El contexto es fundamental. Para que una mujer pueda llegar a un orgasmo necesita sentirse segura. Cualquier situación que genere miedo, inseguridad o que conecte con experiencias traumáticas va a dificultar la descarga orgásmica. Las hormonas del placer solo circulan cuando hay confianza y seguridad. Cuando estamos en alerta, con adrenalina y cortisol elevados, esas hormonas no aparecen. No son compatibles. ¿Todas las mujeres llegan al orgasmo de la misma manera? Hay tantas formas como cuerpos. La sexualidad es absolutamente individual y cambia según la pareja, el momento vital y la historia personal. El factor común determinante es la seguridad. Sin seguridad emocional, física o psíquica, la conexión con el placer no es viable y el orgasmo no llega. ¿Qué consultas o creencias aparecen con mayor frecuencia? Hay mucha vergüenza y culpa. Muchas mujeres consultan por no poder llegar al orgasmo, por falta de deseo o por dolor en las relaciones sexuales. También hay mucha frustración: mujeres que no llegan con penetración, con sexo oral, dudas sobre el punto G, mujeres que solo pueden llegar estimulando el clítoris y se sienten culpables por eso. Todo esto tiene que ver con una sexualidad impuesta, vendida por el porno y por un modelo que no representa la experiencia real de las personas. ¿Por qué es tan importante hablar de estos temas y romper el silencio? Porque hay mandatos muy profundos en el linaje femenino: la mujer que cuida, que está disponible, que es correcta, medida, que materna. Nuestro arquetipo femenino más fuerte en la cultura cristiana es una mujer virgen que queda embarazada sin tener sexo. Esa imagen habla de una mujer reprimida. Desarmar esos mandatos es reconectar con el placer y con la libertad. Por ejemplo, la menopausia está muy reprimida porque es el momento en que la mujer deja de ser reproductora y puede disfrutar de su sexualidad con absoluta libertad. Pero la cultura la descarta porque ya no cumple esa función. La mujer que ya no menstrúa y no va a reproducir hijos tiene un enorme potencial sexual, pero es sacada de juego. Porque ya no cumple con el rol de madre obediente y sumisa que se espera. Desde la educación sexual, ¿qué falta enseñar para que el placer femenino deje de ser tabú? Me encantaría enseñar la masturbación como herramienta de autoconocimiento. Mirarse, tocarse, conocerse. Hay mucho tabú alrededor de eso. Se habla mucho de anticoncepción y de enfermedades de transmisión sexual, y está bien, pero se habla muy poco del encuentro con uno mismo. Todavía pesa el mito de la virginidad como algo que se entrega a otro, cuando en realidad es parte de uno. Llegamos al encuentro con otro desde un desconocimiento profundo de nuestro propio cuerpo. Necesitamos más espacios de placer. Vivimos con estrés, miedo e incertidumbre. Conectar con el disfrute no es superficial, es salud. El placer no es solo sexual: un abrazo, una caricia, una mirada también activan nuestras hormonas del bienestar. Pero muchas veces estamos más atentos a una pantalla que a escucharnos, mirarnos y disfrutar de estar presentes. Silvina Peirú MP 31274/9 Obstetricia y Ginecología Medicina Funcional Instagram: gineco_ladob

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