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» La Nacion
Fecha: 09/01/2026 06:52
Laura Novoa: qué le da felicidad hoy, con cuáles de sus ex trabajaría y el tango como vía de escape tras una separación La actriz, que estrena Las que gritan en la calle Corrientes, cuenta que decidió hacer temporada en Buenos Aires para estar cerca de sus padres y habla del paso del tiempo como una bendición, que permite reinventarse - 10 minutos de lectura' Soy una actriz rara: popular y prestigiosa; las dos cosas, dice Laura Novoa mientras habla de trabajo, prepara mate, algún tipo de té o cafecito (hago el mejor café del barrio), cuenta que sus hijos todavía viven con ella -Franco, de 19- o casi, muy cerquita -Mora, de 23-, y que este verano no hace temporada en Mar del Plata porque prefirió Buenos Aires para estar cerca de sus padres, ya mayores, por si la necesitan. Y todo coincidió porque estoy en una obra que me desafía como actriz, con un equipo y un director hermosos, dice Laura sobre el proyecto que integra junto con las actrices Julia Zenko, Eugenia Guerty y Karina Piñeiro, dirigidas por Manuel González Gil. Se trata de Las que gritan, de los españoles José María del Castillo y Antonio Rincón Cano, estrenada en Madrid en 2024, y que podrá verse a partir del sábado 10 en el Teatro Metropolitan. Tres hermanas con frustraciones a cuestas -una monja, una amante de la naturaleza y una ejecutiva fría y exitosa (el personaje que encarna Laura)- son convocadas por su madre para pasar juntas un fin de semana. En la casa, la madre tiene guardadas-por diferentes razones- todo tipo de drogas que, al ser consumidas, dan lugar al despliegue de cuadros musicales psicodélicos. Todas cambian sus vidas después de ese encuentro. Es una comedia dramática pero muy disparatada. Si bien no es un musical, cantamos y bailamos: Julia, que es una cantante increíble, interpreta a la madre y canta tres canciones; el resto, las tres hijas, tenemos un cuadro musical cada una, explica Novoa. -¿Ya habías cantado? -Tuve un paso -larga un carcajada- por el Cantando 2020. Me gusta contarlo así: mi mamá, cuando era chica, me decía que yo era una gran cantante. Y crecí con esas palabras, me tiraba muchas flores y me creí que cantaba muy bien. Siempre me gustó actuar, cantar y bailar pero, profesionalmente, se me dio lo primero. Hasta que fui al Cantando y ahí se me fueron las ganas de cantar, me mató la ilusión. Porque todo fue muy agresivo, me resultó muy frustrante y triste lo que pasó con ese show del jurado. -Para tu primera incursión como cantante te tocó la jaula de los leones... -Y sí, aunque yo no quería ser cantante. Pero fui y así pasó. Soy disléxica y trato con chicos con discapacidades porque me interesa la integración. Sé muy bien cuál es el valor de cuidar y alentar porque desde afuera se puede tanto matar de raíz como permitir que ese brote -que a lo mejor parece un yuyo- crezca y se convierta en flor. -Y ahora vas a cantar en la obra. -Exacto. Las vueltas de la vida y esta profesión maravillosa que ahora me permite abrazar este proyecto. Y empezaron a salir flores. El coach vocal de la obra, Rodrigo Segura, me dice que soy una cantante devenida actriz y no una actriz que canta. -¡Volvió mamá! -Sí, volvió mamá. Justo en este momento. Cuidar al artista Laura y sus dos hermanos son hijos de Elena Neuman y el gran actor Pepe Novoa, a quien hace un par de meses la Fundación SAGAI le brindó un homenaje por su trayectoria artística y política, con mucha admiración y cariño de parte de sus compañeros. El último trabajo de Pepe, por ahora, fue en la tercera temporada de El encargado, en 2024, la serie de Mariano Cohn y Gastón Duprat que protagoniza Guillermo Francella. Para esa ocasión, tuvo un acompañamiento especial, el de su propia hija que, además de actriz, también trabaja como coach actoral para teatro, televisión y cine. Me gusta cuidar al artista. Tuve la oportunidad de couchear a mi papá y cuidarlo. Porque son muchas horas de grabación para una persona grande -ya tiene 88 años- y, por ejemplo, lo llevaba a casa a comer y se dormía una siestita antes de volver. Fue un volver a vivir para él, se reencontró con Norman Briski, estoy muy agradecida de que pudiera hacerlo, dice. -Además del canto, pocos saben que sos bailarina de tango... -Sí, hace 30 años que bailo. Nunca pude aplicarlo a ningún trabajo y me encantaría. Para mí siempre fue un hobby, empecé a aprender cuando hacía Poliladrón (ElTrece, 1995-97) y me seguía mucha gente, fue un pico de popularidad. Y en el único lugar donde no avisaban a la prensa ni dejaban sacar fotos después de medianoche era en La Viruta (milonga en Palermo). Porque hay mucha trampa en el tango. Pero, sí, en realidad en algo puedo aplicar lo que sé del tango, tengo otra emprendimiento. -¿Enseñás tango? -No. Recomiendo a turistas extranjeros -y también argentinos de visita en Buenos Aires- obras de teatro y lugares para bailar y escuchar tango. Primero charlamos como para saber qué les interesa, y los guío porque veo mucho teatro off. Lo hago solo para gente que me recomiendan, que llega a través de conocidos y es una forma de sumar otro ingreso. -¿En el tango, se consigue novio/a? -Yo no. De amor no sé nada, no puedo recomendar nada. Hay historias de amor con extranjeros, eso sí siempre se escucha. Pero sí lo recomiendo mucho para mujeres separadas, no por el levante, al que nunca presté atención, sino porque es un momento en que alguien te abraza y te dejás llevar, es contención afectiva y después cada uno a su casa, no pasa nada. Yo tengo mi pareja de baile, Alberto Schwindt, que es bailarín y profe de tango, somos amigos, me ama y lo amo, y hace como 20 años que arreglamos para ir a bailar y queda ahí. Tiempos bisagra En el último tiempo, a Laura Novoa le tocaron dos grandes personajes en series: el protagónico de María Marta, el crimen del country (2022), sobre el caso García Belsunce, y una de las tres amigas envenenadas por Yiya Murano, en Yiya (2025), que interpreta Julieta Zylberberg. Igual que tantos colegas, ya no puede contar con la usina de ficciones que supo ser la televisión abierta, reemplazada por otro modo de producir y consumir audiovisuales. Estamos en una bisagra, entre el momento difícil del país y los cambios tecnológicos. Hay que cuidar nuestro cine, el arte, la cultura. Pero me da vergüenza hablar de emergencia cultural cuando hay discapacitados y jubilados en estado de emergencia. Es una pena que no haya más ficción en la tele, soy muy espectadora de la tele, me gustaba -soy medio vieja de cabeza- prender la tele, justo enganchar la novela y después comentar con la verdulera o el taxista lo que vimos; eso me parecía hermoso. Creo que con las plataformas va a pasar lo mismo, algo ya pasa, pero es más salpicadito. No se hacen tantas series al año como se hacían antes telenovelas. Y con una serie al año que te toque no podés vivir. Hoy lo veo con mi hija, Mora Segade, que es actriz, escribe y dirige, y resulta mucho más difícil porque antes te tocaba un Poliladron y se te abrían las posibilidades, compara. -La televisión era clave para equilibrar el hacer lo que te gusta con pagar las cuentas -¡Sí! Porque en esta profesión a veces hacés cosas por dinero y otras porque te gusta, te da felicidad. Hicimos una obra en el off, con Valentina Bassi, Los gestos bárbaros (de Juan Ignacio Fernández y dirección de Cristian Drut), que estrenamos en 2024 gracias al apoyo de (Sebastián) Blutrach en el Picadero, y después seguimos en Hasta Trilce y en el Cultural Borges. Y se hizo muy complicado sostenerlo económicamente. Amo hacerla, me da placer y quisiera volver con la obra, pero entiendo que es muy difícil si tenés que pagar más a la niñera que cuida a tu hijo que lo que ganás por ese trabajo. Esa ecuación se mantenía cuando tenías la televisión. Sin ese ingreso, se complica mucho. -¿Pasaste vaivenes económicos? -Sí, como cualquiera. Por eso acepté entrar al Cantando en la pandemia. Había comprado la casa, puse toda la plata ahí y no tenia para pagar el gas. Y no la pasé bien. Por otro lado, cuando acepté ser parte de la telenovela Dulce amor (Telefe, 2012/13), estaba haciendo teatro en el San Martín y quería eso pero no me alcanzaba; me había separado, mis hijos eran chicos, no me pasaban alimentos, necesitaba otra cosa y surgió esta tira y acepté. Venía de hacer de Evita en Lo que el tiempo nos dejó (Telefé, 2010), el personaje que más amé. Pero acepté y te puedo decir que fue de lo que más disfruté hacer, aprendí muchísimo, me dio popularidad, iba muy liviana a hacerlo, me hizo muy bien. La vida es maravillosa porque ya todo lo que hice, mi historia, habla de mí y no soy el resultado de un trabajo. -Conociste la popularidad intensa. Pero hoy quizás muchos jóvenes no te conocen. -No tienen ni idea. Pero eso tiene algo maravilloso, que es la posibilidad de ser redescubierta todo el tiempo. Mi hija, que estudió en la FUC (Universidad del Cine), me llamó para hacer los cortos que tienen que presentar. ¡Fui la madre mala de todos los cortos de la FUC! ¿Y quién te dice que alguno de ellos se transforma en un director extraordinario y se acuerda, no de Laura Novoa, sino de esa viejita que actúa bien? Nunca sabés por dónde viene. Esta profesión es un camino, hay que plantar la semilla eternamente. -¿Recomendarías trabajar con los ex? -Me he enamorado mucho del talento, por lo cual recontra trabajaría con mis ex. Hace poco estuve en París y paré en la casa de mi ex (Éric Métayer) que es actor, escritor, director, tiene varios premios Molière; tengo otro ex, productor, con quien amaría trabajar por las cosas que hace y porque con él aprendí a amar a los productores, entendí que puede ser tu mejor amigo; con Mario Segade, el padre de mis hijos, es un gran escritor, muy talentoso y lo admiro. Trabajé en una obra suya antes de separarnos, Un poco muerto (2009, con Marcos Montes y Silvina Bosco) pero hoy se hace muy difícil sentarse a hablar con él, hay rupturas afectivas: digamos que podría trabajar con él pero lo que ya no se puede es compartir una Navidad. -¿Y con Fabián Vena, con el que empezaste en Socorro, quinto año (Canal 9, 1990)? -Sí, por supuesto que trabajaría. -¿La palabra felicidad, qué significa hoy para vos? -En esta segunda mitad de la vida, después de haber trabajado y corrido tanto, pienso en cuántos años fuertes me quedan, cuántas montañas podré subir todavía. Le escapo a la idea de felicidad que es enorme y pienso más en la vida hecha a mano, las pequeñas cosas que me dan felicidad, manejar yo el carrito y no que me lo manejen, que la ambición no me lleve puesta. Claro que me encantaría tener un gran protagónico en cine. Pero el arte está en mirar la mitad del vaso lleno. Para agendar Las que gritan. A partir del 10 de enero, los sábados, a las 23 y domingos a las 21, en el Teatro Metropolitan (Corrientes 1343).
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