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» Nova Entre Rios
Fecha: 08/01/2026 19:06
Después de más de 40 años a la deriva, el iceberg A-23A uno de los más grandes y antiguos jamás observados está llegando a su final. Actualmente flota en el Atlántico Sur, entre el extremo de Sudamérica y la isla Georgia del Sur, y muestra un llamativo color azul causado por grandes acumulaciones de agua de deshielo en su superficie. El iceberg se desprendió de la Antártida en 1986, cuando tenía un tamaño aproximado de 4.000 kilómetros cuadrados, el doble del estado de Rhode Island. Durante décadas permaneció casi intacto, pero en los últimos meses ha comenzado a fragmentarse rápidamente al entrar en aguas más cálidas del verano austral. A comienzos de 2026, su superficie se había reducido a poco más de 1.100 kilómetros cuadrados. Imágenes satelitales muestran extensas charcas de agua azul sobre el hielo. Este color se debe a que el agua de deshielo se acumula en grietas y depresiones, empapando el iceberg y dándole ese aspecto azulado tan característico. A pesar de haber perdido gran parte de su tamaño, A-23A sigue siendo enorme: aún es más grande que la ciudad de Nueva York. Última imagen del Iceberg A-23A captada el pasado 27 de diciembre de 2025 por el satélite Terra de la NASA. Credit: NASA/Terra. El peso del agua acumulada está acelerando su desintegración. Cuando el agua se filtra en las grietas, ejerce presión y las ensancha, lo que provoca que grandes bloques de hielo se rompan. En los bordes del iceberg se observa una fina franja blanca que actúa como una especie de barrera natural, reteniendo el agua en el interior. Este efecto se produce porque los bordes del hielo se derriten más rápido y se curvan hacia arriba. Las líneas azules y blancas que recorren la superficie del iceberg no son recientes: se formaron hace cientos de años, cuando ese hielo aún era parte de un glaciar que se desplazaba lentamente sobre la roca antártica. Hoy, esas antiguas marcas guían el flujo del agua de deshielo. Algunas zonas claras indican posibles fugas, donde el peso del agua habría perforado el hielo, permitiendo que el agua dulce cayera directamente al océano desde decenas de metros de altura. Este tipo de descargas es una señal clara de que el iceberg está perdiendo su estructura interna. Los científicos creen que A-23A podría desaparecer por completo en cuestión de días o semanas. El verano austral, con temperaturas más altas y cielos despejados, acelera el proceso de derretimiento en una región conocida como el cementerio de icebergs. Aunque el final de A-23A está cerca, no es un caso aislado. A lo largo de la costa antártica todavía existen muchos icebergs gigantes, algunos incluso más grandes, que continúan a la deriva o permanecen casi inmóviles.
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