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  • El curso de las reformas económicas: el orden de los factores altera el producto

    » Clarin

    Fecha: 08/01/2026 16:32

    "Houston: tenemos un problema! fue el famoso mensaje que la tripulación de la misión a la Luna Apolo 13 envió a su base cuando explotó un tanque de oxígeno a bordo. La frase se aplica a la forma en la que se esta llevando a cabo la apertura de la economía en la Argentina. Esta reforma es imprescindible para que el país re-emerja de su declinación secular. En mi análisis, el cierre de la economía a partir de la posguerra fue la causa central de la reversión de su sendero de desarrollo, o sea del hecho de que el país se transformara, de tierra de asentamiento reciente, como Australia o Canadá, en un típico país subdesarrollado. El problema es que la manera en que se esta efectuando, sin generar previamente crédito abundante para la reconversión de empresas no competitivas ni relaciones laborales más conducentes a la re-estructuración de firmas y mecanismos institucionales que ayuden a la reinserción de trabajadores desplazados, producirá mayor quiebra de empresas y aumento de la desocupación que lo que sucedería si antes se hubieran realizado estas otras reformas. En el lenguaje técnico de la ciencia social, diríamos que se trata de un problema de secuenciamiento de políticas. Para que haya crédito fácil para la reconversión, haría falta, entre otras cosas, no solo eliminar la alta inflación (se va por ese camino) sino también generar confianza, esa variable tan central e inasible, en la continuidad de esta política. Ello puede darse en tres situaciones. La primera, que felizmente no se aplica a la Argentina actual, es en un régimen no democrático, como el totalitario de China y el autoritario de Chile cuando estos países abrieron su economía el siglo pasado, en el cual el gobierno controla firmemente el poder y no aparecen en el horizonte desafíos viables a su autoridad. La segunda, cuando, en un régimen democrático, el apoyo social a la apertura económica es masivo. La tercera, cuando el programa es compartido por el partido gobernante y sectores amplios de la oposición, como sucedió en España después del franquismo e Israel en los 80s. Este último escenario no parece muy probable en la Argentina actual, pero la dinámica de la sucesión del liderazgo en el movimiento peronista podría dar sorpresas. El segundo escenario es posible, pero presupondría, por parte del Gobierno, una gran muñeca política para la formación de coaliciones, y una labor intensa de descripción de los beneficios de la apertura en el mediano plazo (recordar el gobernar es explicar de Fernando Henrique Cardoso). Ambas tareas parecen muy arduas en un país sin mucha tradición de coaliciones, y cuyos agentes económicos, como podría esperarse en una economía cerrada y corporativizada, tienen fuerte aversión al riesgo. En lo que respecta a la reforma laboral, el proyecto actualmente ante el Congreso es un paso adelante, al establecer un fondo de cese laboral. Lo ideal sería sustituir las indemnizaciones por despido por un seguro de desempleo robusto, que proteja a todos los trabajadores cualquiera sea su antigüedad. Esta sustitución parece políticamente muy difícil (fuera de actividades cuyos trabajadores son mayormente temporarios), por lo que la alternativa podría ser suplementar la indemnización recibida por empleados con poca antigüedad. Pero también sería necesario establecer un mecanismo institucional de ayuda a la reinserción de trabajadores desplazados, es decir una política activa de empleo, como la de los Países Bajos o Dinamarca: agencias (públicas, pero que podrían ser privadas) que analicen el potencial de empleo de cada desocupado y lo guíen en la búsqueda de trabajo. Y que, cuando sea necesario, le proporcionen entrenamiento para puestos en los que haya demanda, o lo orienten hacia programas que ofrezcan ese entrenamiento. Es necesario tener en cuenta que, aunque la política de re-industrialización internacionalmente competitiva sea exitosa, la industria manufacturera, con la tecnología actual, no resolverá el problema del empleo. Muchos trabajadores desplazados por la apertura encontraran trabajo en las empresas industriales que se expandan o se creen, pero el futuro del empleo esta en los servicios, de calificación alta y baja. No es fácil para un obrero que no pudo reinsertarse en la industria reciclarse como programador de software o empleado de hotel, pero es la transición que experimenta gran parte de la clase trabajadora en todo el mundo. El secuenciamiento de las reformas es esencial para preservar la viabilidad social y política de la re-estructuración institucional. La evidencia muestra que es verdad que la economía abierta de mercado es la versión más eficiente del capitalismo. Pero, para que sea socialmente viable, requiere un estado de bienestar que, en su organización más conducente al crecimiento y el fortalecimiento de la democracia republicana, debería ser sustentable, y contener mecanismos de re-inserción en la estructura ocupacional. Viablidad social: de eso se trata. Carlos Waisman es Doctor en Sociología por la Universidad de Harvard. Profesor emérito de la Universidad de California. Sobre la firma Newsletter Clarín

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