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» Clarin
Fecha: 06/01/2026 20:55
Si algo hizo Trump en los últimos días, además de ordenar la captura de Maduro, fue enterrar cualquier sofisticación del lenguaje político, la ambigüedad propia de las relaciones internacionales y las capas de sentido de los grandes discursos. Ya lo había hecho antes, pero nunca con tanto énfasis y para describir un episodio de semejante magnitud. Construido en la enunciación simple de la televisión y en la brevedad elemental de Twitter, con la misma cara y el mismo tono que sentenciaba "You are fired" en su reality, ahora exhibe su limitación metafórica para amenazar "watch your ass", al presidente colombiano Petro. La diferencia es que ya no se trata de un set de televisión sino de la Casa Blanca, y que sus interlocutores no son pseudo famosos, sino presidentes. El operativo "Resolución absoluta", la acción más sorprendente y exitosa de su gestión, sirvió para mostrar esa particularidad, que no es para nada inocua. (Vale resaltar que el nombre del operativo responde a la tradición del lenguaje diplomático, que dice y esconde a la vez) "Gobernaremos el país hasta que podamos garantizar una transición segura", afirmó. "Si no se portan bien lanzaremos un segundo ataque" (...) "Nosotros estamos a cargo" (...) "Necesitamos acceso total al petroleo y a otras cosas en el país que nos permiten reconstruirlo". Trump parece dar por terminada la época en que los vínculos entre naciones se apoyaban en eufemismos y ambigüedades, necesarios para sostener frágiles equilibrios y no cerrar alternativas, e inaugura la etapa de la honestidad brutal. ¿Algo para decirle a otro presidente? "Cuida tu culo" (Watch your ass). No hace falta ser un refinado analista para decodificar el sentido. Hubo períodos Vietnam e Irak son ejemplos que suscitaron preguntas sobre un retorno al imperialismo de los Estados Unidos, pero los mensajes de los líderes estadounidenses se encubrían con discursos sobre democracia. La forma en que Trump está hablando es algo que no hemos visto en mucho tiempo, se asombró Edward Frantz, historiador de la Universidad de Indianápolis. A propósito, en todo su discurso posterior a la madrugada del ataque a Caracas, Trump nunca pronunció la palabra democracia al hablar del futuro de Venezuela, pero sí dejó claro su interés por el petroleo. Para muchos, la evidencia de su cabeza de broker inmobiliario que entiende todo como una operación comercial. "Estaba oscuro. Las luces de Caracas se habían apagado en gran parte gracias a cierta experiencia de la que disponemos. Estaba oscuro, y la muerte estaba por todas partes. Pero los capturamos. Si hubieran visto lo que yo vi anoche, se habrían quedado boquiabiertos". ¿Es parte de un guión cinematográfico o la descripción de un presidente de un ataque a otro país? Con su estilo crudo, posesivo y amenazante, su lenguaje de propietario sin matices, Trump marca una fractura y se reafirma como una excepción de la clase política. La pregunta es por qué lo hace. Una respuesta posible la ofrece el alemán Thomas Bauer, quien escribió: "la intolerancia a la ambigüedad es el signo de nuestro tiempo". Y sigue: "La sociedad moderna ya no acepta ambigüedades, lo cual se traduce en una drástica reducción de matices en las opiniones y posiciones sociales". Lejos de ser una rareza, el presidente de los Estados Unidos sería entonces un adelantado intérprete de la época. Y su estilo brutal no sería aquello que puede condenarlo, sino, por el contrario, la "cualidad" que lo consagra. Sobre la firma Newsletter Clarín
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