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Concordia » Lt15 Concordia
Fecha: 06/01/2026 15:01
La santaelenense Ana Paula Fernández se recibió de profesora de Inglés y ama la cultura del animé. En julio de 2024 inició su nuevo camino en el exterior Ana Paula Fernández nació en Santa Elena, es profesora de Inglés recibida en el Instituto de Educación Superior de la ciudad norteña, es políglota y apasionada por la cultura del animé. Actualmente reside en Great Falls, en el estado de Virginia (costa este de Estados Unidos) a partir de un programa de intercambio cultural (Aur Pair) y trabaja cuidando a dos niñas estadounidenses, a quienes les enseña japonés y español, mientras cursa estudios sobre Entretenimiento Virtual y Arte Digital. La santaelenense describió la experiencia como única y muy enriquecedora. En diálogo con UNO aseguró que la posibilidad de conocer el mundo no es a partir de la suerte, sino resultado de años de preparación académica y una sólida organización personal. El camino de la persistencia La trayectoria de Ana Paula no estuvo exenta de obstáculos. En 2018, atravesó una etapa personal difícil coincidiendo con una crisis económica que parecía alejar su meta de viajar al exterior. Sin embargo, su pasión por el animé, que nació en su infancia viendo Naruto en casa de sus abuelos, mantuvo vivo su deseo de conocer tierras niponas y también azuzó su idea de conocer otros lugares. Aunque muchos atribuyen sus logros a la suerte, Ana es enfática en desmentirlo: Fueron siete años en los que me estuve preparando y no fue fácil. Hoy habla ocho idiomas, los más fluidos el inglés y el japonés, además claro, del español. Gran parte de este conocimiento lo adquirió de forma autodidacta a través de YouTube y plataformas de intercambio con nativos. Japón: silencio y tradición Luego de instalarse en Estados Unidos, Ana Paula cumplió su gran sueño: recorrer Japón durante dos semanas. Viajó sola, visitó ciudades como Tokio, Kioto, Osaka, Nara e Ibaraki, donde pudo contrastar la modernidad de barrios como Akihabara (el paraíso del animé) con la serenidad de templos clásicos como el Pabellón Dorado. De la cultura japonesa, destacó el profundo respeto por el silencio y la puntualidad extrema. Según contó, fue grande su sorpresa al ver que, por ejemplo, en el metro los conductores pidieran disculpas por un retraso de apenas un minuto, e incluso entregaran certificados de tardanza a los pasajeros para que puediesen entregar en sus trabajos. Para ella, Japón representa la fusión perfecta entre lo ancestral y la tecnología de vanguardia. Mi relación con el animé comenzó cuando era apenas una niña; tengo el recuerdo vívido de volver de la escuela primaria, en segundo o tercer grado, sentarme en la casa de mis abuelos a tomar una chocolatada y mirar Naruto. Desde entonces, sentí una conexión muy fuerte con Japón que me ´hacía ruido´, como si algo de esa cultura estuviera destinado para mí. Esa pasión no fue algo pasajero, sino que se convirtió en mi motor: en 2018, cuando atravesaba una etapa personal difícil y deprimida debido a la crisis económica, el animé fue lo que me levantó y mantuvo vivo el sueño de conocer tierras niponas. Me obsesioné tanto con el país que a los 18 años empecé a informarme seriamente y a estudiar el idioma por mi cuenta hasta hablarlo de forma fluida, lo que incluso me permitió hacer amigos japoneses de forma virtual antes de viajar. Cuando finalmente pude cumplir mi meta y pisar Japón, me sentí en el cielo; recorrí los barrios de Akihabara y Ikebukuro, que son los verdaderos paraísos del animé, y no pude evitar gastarme la vida comprando mercancía y sacando fotos en cada rincón. Para mí, el animé fue la puerta de entrada a una cultura que respeta profundamente sus tradiciones pero que a la vez es innovadora, logrando lo que yo llamo la fusión perfecta entre lo clásico y lo moderno. Estados Unidos: entre el consumo y el trabajo Actualmente instalada en Virginia, Ana Paula observa con asombro el hiperconsumismo estadounidense y la cultura del vivir para trabajar, donde la rapidez del fast food y la falta de veredas para caminar contrastan con el estilo de vida contemplativo que experimentó en Asia. La gente acá nunca tiene tiempo para nada, comentó y detalló cómo las distancias obligan al uso constante del auto. A pesar de las diferencias culturales, supo adaptarse con rapidez y aprovecha su tiempo libre para viajar a destinos como Nueva York, Miami y las Islas Caimán. Vivir en Great Falls es una experiencia de constante aprendizaje. Me encuentro a solo media hora de la capital, Washington D.C.. Mi día a día transcurre entre mi trabajo con una familia americana, donde cuido a dos niñas, les enseño japonés y español, y mis estudios sobre Entretenimiento Virtual y Arte Digital. Lo que más me llamó la atención de la vida aquí es el hiperconsumismo y la cultura de la inmediatez; la gente parece directamente para el trabajo y que casi no existe una cultura de relajarse o de vida contemplativa, lo que se traduce en un consumo masivo de comida chatarra y una falta de interés por cocinar. Además, me resultó muy chocante descubrir que no existen veredas para caminar, por lo que el auto es indispensable porque absolutamente todo queda lejos; incluso vivir a 20 minutos de una amiga se considera estar cerca. Aunque el consumo de series y películas estadounidenses hace que uno ya espere ciertas cosas, vivirlo frente a frente es fuerte, especialmente esos detalles de la rutina que no se ven en la televisión y que me obligan a ser extremadamente organizada con mis prioridades para poder disfrutar de mi tiempo libre, contó la entrevistada. Vale destacar que el programa de Au Pair es un intercambio cultural donde jóvenes viven con una familia extranjera, cuidan a sus hijos y ayudan con tareas domésticas a cambio de alojamiento, comida, dinero y la oportunidad de estudiar, todo mientras conocen la nueva cultura, aprenden un idioma y ganan independencia. El viaje como espejo interior Para la santaelenense viajar es mucho más que acumular sellos en un pasaporte. Es una herramienta de autoconocimiento que permite expandir la mente y descubrir de qué es capaz uno mismo al estar lejos de su zona de confort. Su proyecto a futuro es claro: permanecer en Estados Unidos hasta febrero de 2027 para luego trasladarse a trabajar a algún país de Asia, continuando su aprendizaje de coreano y chino. Siempre sentí una atracción muy especial por las culturas asiáticas y, de hecho, me preparé para ello no solo con el japonés, sino también estudiando un poco de chino y aprendiendo coreano actualmente. Para mí, sociedades como la japonesa representan la fusión perfecta, ya que logran ser vanguardistas en tecnología e innovación mientras mantienen un respeto sagrado por lo clásico y sus costumbres ancestrales. Mi experiencia previa recorriendo sola más de 18.000 kilómetros para llegar a ese continente me confirmó que viajar es la mejor forma de expandir la mente y descubrir de qué es capaz uno mismo fuera de su zona de confort. Estoy convencida de que el límite lo pone uno solo, y por eso deseo seguir moviéndome para conocer nuevas formas de pensar y perspectivas que solo se encuentran cuando te sumergís por completo en una realidad tan distinta a la propia, concluyó. Fuente Diario Uno Entre Ríos
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