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  • El tiempo de las moscas: dos actrices se potencian en una serie eficaz y diseñada para no incomodar demasiado a nadie

    » La Nacion

    Fecha: 06/01/2026 11:35

    El tiempo de las moscas: dos actrices se potencian en una serie eficaz y diseñada para no incomodar demasiado a nadie Nancy Dupláa y Carla Peterson protagonizan esta ficción que se posicionó rápidamente entre lo más visto de la plataforma de streaming, superando incluso al tanque Stranger Things - 5 minutos de lectura' El tiempo de las moscas (Argentina/2026). Dirección: Ana Katz, Benjamín Naishtat. Guion: Gabriela Larralde, Nicolás Diodovich, Leandro Custo, basado en las novelas Tuya y El tiempo de las moscas, de Claudia Piñeiro. Fotografía: Yarará Rodríguez, Manuel Rebella. Música: Christian Basso, Carlos Lucero, Leo Sujatovich. Edición: Andrés Quaranta, María Astrauskas. Elenco: Carla Peterson, Nancy Dupláa, Valeria Lois, Osqui Guzmán, Diego Velázquez, Jimena Anganuzzi, Carlos Belloso, Diego Cremonesi. Cantidad de capítulos: 6. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena. Primer estreno de 2026, hecho en Argentina de Netflix, con espíritu de punta de lanza en lo que a contenido local respecta. El tiempo de las moscas está diseñado para no fallar: una trama policial nacida de la imaginación de la talentosa y prolífica Claudia Piñeiro, dos actrices notables como Nancy Dupláa y Carla Peterson (un poquito más la primera que la segunda), la dirección de Ana Katz y Benjamín Naishtat, y seis capítulos diseñados con estratégica precisión, para entretener sin dejar pensar demasiado. En la mezcla de ideas y nombres deambula esta ficción intentando, con poco éxito, desencorsetarse de la lógica de producto de entretenimiento. Inés (Peterson) y La Manca (Dupláa) son dos mujeres que se hicieron amigas en la cárcel, y que, una vez en libertad, intentan rehacer su vida montando un servicio de fumigación a domicilio. Es así como conocen a una clienta de buena posición económica (Valeria Lois), que le propone a Inés pagarle muy bien para que le consiga un veneno poderoso. Ya no se trata de insectos, la intención de la mujer es matar a una persona. No es casual que elija a Inés, ya que quince años antes, ella mató a la amante de su marido. ¿Por qué no volvería a hacerlo si un asesino es siempre un asesino? La desesperación económica y un bulto en el cuerpo de su amiga, que exige tratamiento urgente, ponen a la protagonista en la disyuntiva de cumplir con el recado, a riesgo de perder la libertad condicional, o negarse y que el presente que intenta construir se derrumbe definitivamente. La materia prima de la serie parte de dos libros de Piñeiro: Tuya (que explica el pasado de Inés, aunque aquí se cambió disparo por choque automovilístico) y El tiempo de las moscas, en el que se apoya el presente en sí. El guion trabaja el material original con recursos que le son propios, aligerando ciertas imágenes y situaciones, aunque manteniendo cierto tono melancólico, que ya estaba en la lectura. Un equilibrio, no siempre logrado, entre humor, tensión y tristeza. Y la búsqueda de la dirección, que mira a los personajes sin subrayarlos en exceso. Sin embargo, ciertas sutilezas presentes en El tiempo de las moscas chocan con otros recursos que merman notablemente al resultado. La más evidente es la voz en off que insiste con metáforas entomológicas, que no hacen más que resaltar lo que ya muestran las situaciones. Una idea completamente innecesaria y, a decir verdad, bastante molesta. Otro punto en contra: aparecen decisiones estilísticas, primerísimos primeros planos de los ojos de las protagonistas y resoluciones de puesta en escena que interrumpen la fluidez narrativa en varios momentos. Cuando todo este ruido de fondo se calma, aparece lo mejor de la propuesta, que básicamente se concentra en trama y actuaciones. En el segundo apartado, Nancy Dupláa le aporta a su personaje una densidad, resumida en palabras, gestos o miradas, que encuentran el punto justo imaginado en el libro. Su trabajo potencia el de Peterson, quien mejora notablemente a su lado, y queda un poquito más rezagada en soledad. Hay en Inés y en La Manca una alianza de supervivencia que también es, tangencialmente, el retrato de un sistema penitenciario de reinserción a medias, de la burocracia, y el destrato en cuestiones esenciales como el trabajo y la salud. La serie late con más fuerza cuando se dedica a la observación de lo social, al contraste entre los barrios privados y las zonas postergadas, en el que las protagonistas se mueven continuamente, para huir de la precarización y la constante amenaza de perderlo todo. No es el eje de la historia (podría haberlo sido), pero está presente y golpea. El tiempo de las moscas es un producto diseñado para no incomodar demasiado a nadie. Cada episodio avanza con eficacia, con un suspenso bien dosificado al servicio del entretenimiento de consumo rápido. Pero en ningún momento apuesta por ir más allá, dar ese salto que le permita trascender de una opción más el catálogo. Entre sus mejores momentos está la entrega a la ambigüedad moral de sus personajes, cuando no intenta explicar ni justificar a Inés y La Manca, sino simplemente acompañarlas en sus dilemas. Entre los peores, se encolumnan la tendencia a explicar de más, a no profundizar en algunos personajes secundarios (que aparecen o desaparecen según necesidad) y a sacrificar complejidad en pos de una historia que pueda seguirse, incluso sin prestar demasiada atención. Un limbo narrativo al que, parece, tendremos que irnos acostumbrando.

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