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Villaguay » APonlineVillaguay
Fecha: 06/01/2026 10:04
(AP Noticias) Por Lucia Amoroto Venanzi. Louis Braille: Leer con los dedos, ver con el alma Por Lucia Amoroto Venanzi. Louis Braille: Leer con los dedos, ver con el alma [Louis Braille nació el 4 de enero de 1809, en un pequeño pueblo de Francia, cerca de París. Era un lugar tranquilo, de calles de pueblo, donde todos se conocían. Su papá trabajaba el cuero: era talabartero. Hacía arneses, cinturones y piezas para caballos. El lugar de trabajo estaba lleno de olores intensos, herramientas colgadas en un tablero, ganchos con tiras de cuero. Había una mesa firme de madera, con cuchillas y punzones para perforar el material. Louis era un nene inquieto, de esos que quieren tocar todo y aprender mirando y tocando. Le gustaba estar cerca de su papá mientras trabajaba. Ese hombre, con manos hábiles, convertía simples pedazos de cuero en arneses resistentes, en correas firmes que sostendrían caballos y mulas del pueblo. Ese espacio era como un reino de texturas, donde cada pedacito de cuero se transformaba en algo útil. Un día, cuando Louis tenía apenas tres años, una herramienta se le escapó de sus manitos y se lastimó un ojo. La infección fue grave y, con el tiempo, alrededor de los cinco años, perdió la vista por completo. Su mundo quedó a oscuras pero no su inteligencia ni sus ganas de aprender. En esa época, las personas ciegas casi no tenían acceso a la educación. Los libros no estaban pensados para ellas. Louis fue a una escuela especial, pero leer era lento, difícil y frustrante. Y entonces, en lugar de resignarse, empezó a hacerse una pregunta simple y poderosa: Si no puedo ver las letras ¿por qué no sentirlas? Siendo muy joven, conoció un sistema de puntos en relieve que usaban los soldados para leer mensajes en la oscuridad, presentado por un oficial francés. Pero esos símbolos eran grandes y difíciles de leer. Imaginá a Louis, ya adolescente, cada tarde después de clases, con su cuaderno especial y papel grueso, probando combinaciones de puntitos con su punzón. Primero copiaba lo que había visto en ese sistema rústico del oficial Barbier, pero pronto notó que era demasiado grande, complicado. Entonces empezó a probar: qué pasaba si hacía menos puntos, si los ordenaba de otra manera, si cada combinación podía representar una letra. Día tras día, con paciencia y mucha intuición, transformó aquella idea del ejército en un sistema simple y bello, de seis puntitos que hablaban con las yemas de los dedos. Era como si los dedos pudieran leer música, historias, nombres y sueños. Así nació el sistema Braille. Un sistema sencillo y genial, que permitió que millones de personas ciegas en todo el mundo pudieran leer, estudiar, escribir y soñar. Louis Braille no le devolvió la vista a los ojos, pero le dio poder a las manos y libertad a la mente. Así fue como, de una herida profunda, nació un regalo inmenso para la humanidad. Reflexión Creo profundamente que, desde muy temprana edad, en la escuela primaria, deberíamos aprender todos el lenguaje de señas y el sistema Braille. No como algo especial, sino como algo natural, como aprendemos a leer, a escribir o a contar. Porque siempre hay cerca un vecino, un primito, un hermano, un tío, un amigo Siempre hay alguien que es sordo, sordomudo o no vidente. Y muchas veces está ahí, al lado nuestro, pero no sabemos cómo comunicarnos. Aprender lenguaje de señas y Braille no es solo aprender otro idioma. Es aprender a incluir, a mirar al otro, a tender una mano. Tal vez no todos lo vamos a usar todos los días, pero el día que alguien lo necesite, que no sea el silencio lo que encuentre, sino comprensión. La verdadera educación no es solo transmitir conocimientos, es enseñar a convivir, a respetar y a no dejar a nadie afuera. Villaguay 2026-01-06
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