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  • "Dormir no es un lujo, es una necesidad": 7 curiosidades del sueño, explicadas por Diego Golombek

    » Clarin

    Fecha: 06/01/2026 06:40

    El sueño no es un lujo, es una necesidad, y esa necesidad está acompañada de una cantidad de horas de sueño, de un momento adecuado, y depende también de la calidad de ese sueño, dice el doctor en Biología, investigador del CONICET, divulgador científico y autor del flamante libro Abecedario del sueño. Si bien es una publicación destinada a acercar a los más chicos a la temática del sueño, lo cierto es que a lo largo de sus páginas se disipan dudas y se aporta información valiosa para todas las edades. Sobre todo teniendo en cuenta la importancia que el sueño tiene en nuestra salud: cada vez hay más conciencia (y evidencia) de que lo que allí sucede, lejos está de ser un fenómeno pasivo: el sueño es necesario para que se produzcan determinados procesos que nos ayudarán a preservar la salud. Aquí, 7 curiosidades que aparecen en el libro, explicadas por su autor. 1- Comer kiwi puede ayudar a conciliar el sueño Efectivamente hay alimentos que promueven el sueño porque tienen entre sus componentes algunas sustancias que son facilitadoras. Esto no quiere decir que te comes un kiwi y te vas a dormir, y menos que si te comes dos kilos de kiwi te vas a dormir. Pero sí que hay algunas evidencias de que lo pueden promover, introduce el biólogo. En el caso de los alimentos, lo que suelen tener es triptófano. Es un aminoácido, que es parte de la fabricación de algunas sustancias que promueven el sueño, como la serotonina y eventualmente la melatonina, dice Golombek. ¿Se debe seguir el viejo consejo de abuela de tomar un vaso de leche tibia antes de dormir? Hay algo de verdad, porque también la leche tiene triptófano. Suscribite a Buena Vida El divulgador aclara que no estamos hablando de nada parecido a un tratamiento, y que por lo general son cuestiones experimentales. De repente sale un paper que destaca las propiedades del kiwi en este sentido, y eventualmente se puede llegar a hallar un componente que termine siendo un suplemento dietario, o alguna cosa parecida, refiere. 2- Dormimos peor cerca de la luna llena Hay evidencias anecdóticas desde hace mucho tiempo, pero un grupo de investigación muy cercano al mío y con el que estoy colaborando, del doctor Horacio de la Iglesia en la Universidad de Washington, estaba investigando el sueño en poblaciones Toba en Formosa, cuenta Golombek. El objetivo fue observar qué ocurría respecto a la relación entre sueño y la luz eléctrica. Un investigador de mi laboratorio, Leandro Casiraghi, encontró que había una modulación del mes lunar en el sueño, bastante marcada, relata. Y lo que mostraba es que efectivamente se dormía menos y con menor calidad en luna llena, y en la luna nueva se dormía un poco mejor. Al principio se creyó que esto se debía a que en poblaciones rurales la exposición a la luz de la luna llena puede ser grande, ya que entra por todas las ventanas y tal vez modifica el sueño, pero midieron lo mismo en Seattle, una ciudad con mucha luz eléctrica. Y es un fenómeno que se repite en los registros que estamos haciendo. Aún estamos viendo el efecto de la luna sobre el sueño, describe. 3- Somnifobia: el miedo a dormir Miedo a que nos pase algo, a que entre alguien a la casa. La somnifobia es el temor a lo que puede ocurrir durante el sueño. De alguna manera, el temor a lo que puede suceder cuando soltamos el control. Es mucho más común en la infancia con la oscuridad, pero también puede llegar a ocurrir en la adultez. Como cualquier instancia que tiene que ver con problemas de sueño, hay que pensar en cómo calmarse, cómo bajar el estrés, pensar que el sueño es en realidad una reparación y tener obviamente los medios a nuestro alcance como para estar seguros de que nada va a suceder, recomienda. 4- Las canciones de cuna, contar ovejas y toda tarea aburrida y repetitiva; son efectivas Por eso, es importante tener a mano recursos que sirvan para bajar el estrés. Todo fenómeno que nos ponga la cabeza en otro lado, obviamente va a ayudarnos a dormir mejor, por ejemplo, algo repetitivo, y las canciones de cuna tienen como característica la repetición calma, que hace que el cerebro de alguna manera vaya entrando en otro estado que favorece el sueño, porque hace que no pensemos en otra cosa", explica. En definitiva, si el enemigo número 1 del sueño es el estrés, cualquier cuestión que sirva para trasladarnos a otro estado, va a ser bienvenido, dice. Dentro de las tareas aburridas y repetitivas, cualquier fenómeno ansiolítico, o sea que baje la ansiedad y el estrés, va a ayudar; incluyendo meditación, respiraciones profundas, escuchar música suave, contar ovejas, escuchar un podcast, leer un libro en papel con luz indirecta también puede llegar a ayudar. 5- Terror nocturno versus pesadilla Golombek explica que las pesadillas son sueños que ocurren en la etapa del soñar, o sea, lo que llamamos la etapa REM (por Rapid Eye Movement, movimientos oculares rápidos). Si uno los viera, las personas en ese momento mueven rápido los ojos, y si uno los despertara, es posible que contaran qué están soñando, dice. Las pesadillas son, entonces, sueños con contenido negativo: contenido terrorífico a veces, que da miedo o que no nos gusta. Y lo podemos contar, podemos despertarnos y decir ´soñé con algo horrible´, relatar los personajes y la situación, describe. En cambio, los terrores nocturnos son una sensación negativa, la sensación de que algo muy malo puede ocurrir durante el sueño. Y no necesariamente ocurre durante el sueño REM -diferencia-. O sea, no son sueños canónicos con una historia, con personajes, con tramas. Son más comunes en los niños y puede llegar a ser una traba a la hora de conciliar el sueño, porque tienen esa sensación de que algo feo está ocurriendo. Para eso, recomienda paciencia, un abrazo, una luz suave, todo lo cual puede llegar a ayudar a conciliar el sueño. 6- El sueño perdido no se recupera Para poder entender este punto, que es central, Golombek explica que nuestro cerebro cuenta con una suerte de sueñoestato, marcando de alguna manera las horas de sueño que necesitamos. El consenso indica que, en promedio, los adultos debe dormir no menos de 7, los adolescentes no menos de 8, niños y niñas no menos de 9. Eso es un mínimo, de ahí para arriba bienvenido." La falta de sueño ocasional no debe preocupar, agrega Golombek. Es decir, si una noche no dormimos lo suficiente, luego lo podemos recuperar con una siesta, o al día siguiente, o el fin de semana. Sin embargo, si se vuelve crónica, el cuerpo no alcanza a producir los fenómenos que se tienen que dar. El sueño no es un proceso pasivo, no nos apagamos, sino que se prenden mecanismos; reparaciones, crecimiento, activación del sistema inmune, consolidación de memorias. Y si esto se vuelve crónico, no lo recuperamos. Acumulamos una deuda de sueño que se paga. Y se paga en general con salud y con estado de ánimo, advierte. 7- ¿Existen los sueños premonitorios? No existen, o al menos no tenemos ninguna evidencia, de que existan sueños premonitorios, asegura. Y explica que durante el sueño se pueden conectar ciertas ideas o pensamientos que nos llevan a algo que parece una premonición, pero que no deja de ser nuestra propia lógica. Es la lógica de que sabemos lo que más probablemente vaya a ocurrir, y lo podemos ver durante los sueños, desmitifica, para cerrar. *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com. Sobre la firma Newsletter Clarín

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