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» Clarin
Fecha: 06/01/2026 06:21
No hay largada oficial ni bandera a cuadros. Hay un gesto con la cabeza, un acelerón seco y el ruido de los motores. Alguien graba con el celular. Otros apuestan. Un cuatriciclo se adelanta, una camioneta lo sigue, levantan una nube de arena que tapa todo. Nadie frena. Nadie pregunta si hay gente adelante. En La Frontera de Pinamar, cuando cae el sol, la playa deja de ser playa: se convierte en una pista improvisada donde manda el que acelera más fuerte. Clarín estuvo un día en La Frontera, en el corazón del área de médanos donde el límite entre el espectáculo y el peligro depende de una decisión individual. No hace falta demasiada explicación: alcanza con quedarse parado unos minutos para entender que ese no es un lugar familiar para ir con chicos a hacer castillos de arena. Las reglas existen, pero no están escritas. Primero llega el ruido. Motores secos, insistentes, que rompen el silencio del médano. Después aparece todo junto: camionetas 4x4, cuatriciclos que cruzan como flechas y motos que pasan demasiado cerca. La arena vuela, se mete en los ojos, tapa por segundos el paisaje. El aire queda espeso, cargado de polvo y adrenalina. No hay espacio para el silencio. Al cabo de unos segundos, los motores vuelven a rugir. Una Toyota Hilux hace un trompo sobre la arena blanda de La Olla. Gira de golpe. Desde adentro, la acompañante se agarra de la parte superior de la ventanilla. Antes de que alguien reaccione, otro motor acelera y tapa la escena anterior. Un hombre pasa en un cuatriciclo con un nene de unos cinco años adelante, a toda velocidad. Sin casco. Sin señal. Apenas una estela de arena flotando. Más allá, una UTV (Utility Task Vehicle) se pone a correr picada con una Hilux. Van en paralelo. La carrera dura segundos, pero alcanza para que el riesgo quede expuesto. Están los que hacen picadas, los que bajan de pendientes empinadas con derrapes de costado, y los que van en grupos y no dudan en mandarse alguna que otra pirueta imprudente. Sobre los médanos, la gente mira. Parados en lo alto, como en una tribuna improvisada, algunos filman con el celular, otros señalan, ríen, gritan. No hay vallas ni marcas en el suelo. Dos camionetas se enfrentan, aceleran y arrancan. Venimos todos los años. Somos de Córdoba y está bueno, es algo que no ves siempre. Los autos, la arena enorme, dice Enzo, parado arriba de un médano, sin apartar la vista. Un cuatriciclo cruza a toda velocidad delante de autos estacionados. Una camioneta derrapa y levanta una nube espesa. Cuando el polvo baja, no hay pausa: otro arranque, otro motor a fondo, otro aplauso. No se ven controles. No se escucha ninguna orden que frene nada. La Frontera queda convertida en una tierra sin reglas, donde la velocidad manda y el peligro se vuelve parte del paisaje del verano. Para quienes vienen seguido, los códigos son claros. Principalmente aceleran en la zona delimitada, pero siempre aparece alguno que pasa a fondo por la salida o la entrada de La Olla. Es un show con reglas callejeras, donde todo está liberado y el límite lo pone la ética de cada uno. Hay picadas y eso nos encanta ver. Es divertido. Ver cómo se están por matar también es como que ves y te paralizás y siguen, dice Josefina, amiga de Enzo. También es un espectáculo para mostrar: la mejor camioneta, el mejor cuatri, la camioneta chipeada, asegura. En uno de los cuatriciclos, ninguno lleva casco. El que maneja va parado, inclinado hacia adelante, con las manos firmes en el manubrio. Delante suyo, sentado sobre la parrilla delantera, otro chico viaja como si fuera un asiento más. Atrás, se apilan dos más, encimados, agarrados entre ellos. No es solo trasladarse. Es probar hasta dónde. El conductor levanta la trompa y hace willy. El cuatriciclo se empina y avanza con la rueda delantera en el aire. No es destreza ni sorpresa: es medir resistencia. Cuando uno, a veces dos, sale despedido hacia atrás, el cuatriciclo sigue. No frena. Los deja tirados en la arena mientras alrededor otros vehículos aceleran. Recién después vuelve. Mientras los cuerpos siguen en el piso, se larga otra picada cerca. Dale boludo, si el cuatri blanco gana te pagás el asado. Dale, no seas cagón, apostá, grita un chico. La picada arranca. El cuatri blanco no llega. Se ríen. Esa está chipeada, explica una chica sentada arriba de su cuatri, con su novio, una manta y el mate. El todo terreno derrapa de costado por la pendiente empinada de un médano. Es uno de los desafíos preferidos. Los conductores, en ojotas, suben casi de frente, giran el volante y se dejan caer. La gracia es quedar a un pelín de volcar. La Olla de la Frontera es la zona más caliente del área agreste de médanos de Pinamar. Desde arriba, los espectadores arman plateas improvisadas. Algunos bajan de las camionetas, otros miran desde reposeras. Pasábamos para ir a tomar mate a la orilla del mar y cuando vimos esto nos quedamos. Está buenísimo, es un espectáculo, dice Inés. Nos gusta ver a los que se encallan y cómo los sacan. Ese es el mejor espectáculo, suma Luciana. El espectáculo no da respiro. Un cuatriciclista con casco hace willy. Por la derecha, una chica con traje rosa pasa a las chapas en una moto de motocross. Atrás, otra chica de short se abraza al conductor de otro cuatriciclo. Ninguno lleva casco. En el centro de La Olla se cruzan, a gran velocidad y a pocos metros, un jeep con dos personas, una 4x4 roja con una pareja parada en la caja agarrada de un caño, otra 4x4 blanca, un UTV y una moto con dos personas arriba. De fondo suena cumbia. En la caja de una camioneta, un grupo de chicas de 19 años se tapa con una manta. A Pinamar venimos siempre. A La Frontera recién esta temporada. Hay mucha gente bastante boluda que va sin casco, al borde de chocar, dice Renata. Venimos con mis amigas por nuestros novios, ellos participan. Es una locura cómo andan. Hay un cuatri que van entre cinco y hacen willy sin casco, agrega Milagros. Facundo, de 20 años, mira las picadas con el brazo fracturado. Yo participo con mi moto. Venía a las chapas. Justo bajó uno y por esquivarlo me comí los arbustos. Solté la moto, se clavó y yo salí volando. Me clavé el hombro en la arena, me lo saqué de lugar, dice. Ahora me estaba por comprar un cuatri, pero no sé, duda. Para circular, las normas existen: casco obligatorio, licencia habilitante, comprobante de titularidad y seguro vigente. Los cuatriciclos y UTV deben llevar una antena de dos metros con banderín para ser identificados. En La Olla, cuando el sol termina de caer, esas reglas quedan lejos. Lo que manda es el ruido del motor y la arena que vuela. EMJ Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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