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  • Por Mario Daniel Villagra. Tristeza no tiene fin, los imperios sí

    Villaguay » APonlineVillaguay

    Fecha: 06/01/2026 00:40

    (AP Noticias) Por Mario Daniel Villagra. Tristeza no tiene fin, los imperios sí - Imagen: El Blog de Villa Por Mario Daniel Villagra. Tristeza no tiene fin, los imperios sí Hay una frase que dice: «lo mejor para estar triste es aprender algo () por qué el mundo se mueve y qué lo mueve». En el contexto bélico que atravesamos, cuando se invierte más en armamento que en educación y salud, queda claro que el mundo sigue moviéndose por el afán del capital. Un capital que, asociado al complejo militar internacional, busca apropiarse de los bienes comunes y concentrar la riqueza en manos de los Estados más poderosos. Frente a este escenario, no todos los gobiernos ni todos los ciudadanos adoptan las mismas posturas. Pero hay algo que no admite ambigüedades: la necesidad de una solidaridad internacional activa. Como latinoamericano, me solidarizo con todos los pueblos que sufren las consecuencias de este modelo depredador. Y me entristece constatar cómo Estados Unidos de Norteamérica vuelve a intervenir militarmente y a desobedecer, tanto desde adentro como desde afuera. Desde adentro, porque una parte significativa de su propia sociedad no comparte ni avala las decisiones belicistas de la actual administración; desde afuera, porque estas acciones vulneran tratados internacionales de no agresión. América, durante siglos concebida como un objeto disponible, es hoy un sujeto histórico en movimiento. Petróleo, gas, litio, agua: aquí se concentran recursos estratégicos para el mundo contemporáneo. La historia, como sabemos, o se renueva o se repite. Y el presente es el tiempo en que esa decisión se vuelve urgente. En este marco, la palabra no es neutral. El escritor franco-mexicano Max Aub lo expresó con claridad: «no tengo derecho a callar lo que vi para escribir lo que imagino». Hablar es, a la vez, un deseo y un deber: contribuir a nuevas formas de organización social y rechazar toda intervención militar que vulnere la autodeterminación de los pueblos, un derecho inseparable de la libertad de opinión y de información. Hoy, además, esta violencia se amplifica mediante una maquinaria mediática que privilegia la voz del poder por sobre la de los pueblos afectados. Por eso, defender la imagen de un mundo donde América Latina y el Caribe vivan con dignidad e igualdad no es una consigna abstracta: es una responsabilidad política. Estamos asistiendo a una reactualización de viejas doctrinas imperiales: una versión remasterizada de la llamada política del garrote, formulada a comienzos del siglo XX por Theodore Roosevelt, y de la Doctrina Monroe, sintetizada en la consigna «América para los americanos», que en los hechos legitimó la injerencia permanente de Estados Unidos en los asuntos internos de América Latina. Frente a este escenario, se impone una tarea pendiente: la segunda independencia. Ayer, frente al colonialismo; hoy, frente al imperialismo y a los gobiernos asociados al saqueo de recursos que pertenecen a todos. Las fronteras que nos dividieron se vuelven cada vez más frágiles. Es tiempo de exigir a nuestros gobernantes algo más que discursos de odio. Nos están robando el presente y comprometiendo el futuro. En estos momentos de crisis, cuando las contradicciones se intensifican, la utopía vuelve a aparecer como horizonte común: una América Latina y caribeña unida, libre y solidaria. El desafío de nuestra época es claro: construir una sociedad que escape a las lógicas que nos trajeron hasta aquí. Esa tarea exige compromiso individual y acción colectiva. Recuperemos los anhelos de nuestros ancestros, no olvidemos las luchas que hicieron posible nuestro presente y volvamos a tomar, como ciudadanos, el saber y la palabra. Villaguay 2026-01-06

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