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  • Néstor Lorenzo: Mientras entre en una cancha, Messi será el mejor del mundo

    » La Nacion

    Fecha: 05/01/2026 08:43

    Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. Néstor Lorenzo: Mientras entre en una cancha, Messi será el mejor del mundo Volvió a Colombia como el DT principal y sueña con hacer el mejor Mundial de su historia; de Italia 90 con Maradona a los primeros pasos del crack rosarino hace más de 20 años - 18 minutos de lectura' Sucedió el 14 de julio de 1988, en Sídney. La Argentina, campeona del mundo vigente, contó con Islas, Garré, Batista y Ruggeri. Y también con Mario Lucca, Toribio Aquino, Hernán Díaz y el Puma Rodríguez porque Carlos Bilardo proyectaba el recambio. Entre los once, dos debutantes: Néstor Lorenzo y Diego Simeone. Paliza de Australia, 4-1, su única victoria hasta hoy en el historial. Empezamos juntos en la selección, yo tenía 22 años y él 18 -avisa Lorenzo-. Estábamos juntos en la pieza, Bilardo lo había puesto al Cholo conmigo. Él siempre fue un enfermo por el fútbol, desde chiquito... Después del partido estábamos con una amargura increíble y a las 2.30 de la madrugada se nos apareció Bilardo en la habitación. ¿A qué fue? A felicitarnos. No me olvidaré más, al Cholo le dijo: A vos te felicito porque te equivocaste muchas veces, pero siempre la volviste a pedir. Así te quiero, pibe. No me olvido más. Y a mí me marcó otras cosas. Pero el famoso es el Cholo, fue lo que fue y construyó su carrera impresionante. El Cholo ya era obsesivo con buscar la perfección, y aunque se equivocaba, insistía. Él fue valiente, porque hay que ser valiente para jugar al fútbol en algunas situaciones. Recuerdo que los medios nos liquidaron a todos. ¿Y sabes que dijo Carlos cuando volvió de la gira? Sé que puedo contar con Simeone, con Lorenzo... ¿Sabés qué espaldarazo es ése para un jugador que está arrancando en la selección?. Pasaron casi cuatro décadas. Néstor Lorenzo entonces no sabía que en un par de años jugaría su primer Mundial; en cambio, ahora sí sabe que está en la antesala de su primera Copa del Mundo como entrenador principal. Por estos días se termina el descanso en la Argentina, pronto regresará a Colombia. Vive con su mujer Irma en Bogotá hace más de 10 años -salvo un paréntesis laboral en Perú-, siempre en el mismo lugar, en el barrio Chicó, cerca del Parque del Virrey. Una vida junto al fútbol, que empezó a los 11 años en Lanús, porque Néstor era de Villa Celina. Pero a los 14, como Lanús había descendido y no tenía 9na división, me fui a Argentinos porque sus ojeadores me habían visto en baby. Jugaba de 5. Armamos una división que todavía conserva el récord de partidos invictos: 69, entre la 9na y la 6ta no perdimos. A los 16 años, Infantino y yo fuimos a Primera, en 1983. En enero de 1984 hice mi primera pretemporada y Argentinos ganó el Metropolitano 84. Éramos los más chiquitos y no jugamos nunca, a lo sumo a veces concentrábamos por si pasaba algo con alguno que iba al banco. En el 85, ya con el Piojo Yudica, Argentinos gana el Nacional y la Copa Libertadores, y ahí debuto justamente por eso, porque el equipo estaba en la Libertadores. En el 85 y en el 86 tuve más partidos, pero no me terminaba de afirmar como central porque los titulares eran Pavoni y Olguin, nada menos que los campeones de América. Hasta que aparece alguien y, probablemente, cambia el destino. Después del título en México 86, en la primera lista que da Bilardo en enero de 1987 incluye a 10 jóvenes, y ahí figuro. Yo no estaba jugando en Primera en ese momento, para mí fue una sorpresa. Después sí, finalmente, me afirmé en Argentinos y me vendieron en 1989 a Italia, al Bari. En el relato sobrevuela el agradecimiento. -Bilardo en tu vida ha sido... -Me conoció desde muy chico. Yo participé del Sudamericano Sub 20, en Paraguay 1985, y también fuimos sparrings de los que iban a ser los campeones del mundo del 86. Y eso me hizo crecer increíblemente, imaginate que lo mismo que Carlos les decía a los campeones lo recibía yo. Igual, con los videos. Carlos me enseñó mucho. Una vez, delante de todos dijo: Voy a ver a Argentinos Juniors y Lorenzo le da la pelota a Olguin y el que sale jugando es Olguin ¡entonces tengo que llamar a Olguin! Bilardo era así Carlos te pedía que te hicieras cargo; yo tenía 20 años y Olguin era un crack, tenía 30 y pico y había sido campeón del mundo en el 78 y campeón de América con Argentinos, yo lo admiraba... Y Carlos te exigía. Como Carlos vivía en Floresta, cerca de la cancha de Argentinos, te iba a ver... Un día me agarró en la semana y me dijo: Vos hiciste esto y esto y lo otro. ¡Me había ido a ver en reserva...! El tipo te daba mucha importancia como jugador y te seguía, estaba pendiente de tu evolución, evaluaba todo el tiempo si aprendías o no. -Fuiste sparring del 86 y titular en el debut y en la final de Italia 90... -Me marcó tanto que por eso, creo, yo siempre hablo de los procesos del jugador. Nadie creía en ese equipo que fue a México, y yo te puedo asegurar que los jugadores sí creían en ellos. Hay que estar en la interna. Hay algo que es fundamental: la credibilidad que tiene el entrenador con el plantel, por eso Bilardo tenía problemas, o no citaba, a jugadores que criticaban su sistema. Porque es mas difícil convencer a un necio que preparar a un tipo inteligente para sacarle lo mejor. Los técnicos a veces nos creemos que vamos a poder cambiarle la mentalidad a un jugador. Dejámelo a mí, decimos, y hay cuestiones con las que se puede y otras con las que no se puede. Carlos, cuando se dio cuenta de eso, se la jugó por un grupo que creyó en él. Jugadores fundamentales para su esquema como Giusti, Olarticoechea, Batista... yo vi el crecimiento de ellos y el esfuerzo de Bilardo para que se superasen. -¿Italia 90 fue un hermoso calvario? -Nuestra vivencia en el Mundial tuvo una antesala: la conquista del primer scudetto del Napoli, una equipo del sur que había estado años en segunda categoría. Un club fuerte por su gente, pero sin peso político, y que Diego lo puso a competir contra los más grandes del mundo. Y los superó. Yo viví el campeonato anterior al Mundial ahí, en Bari, y vi todo el proceso de publicidad en contra de la Argentina de Diego. Había mucha política de por medio. -Molestaron en ese Mundial... -Y... sí, nuestra capacidad de competir, de superar adversidades nos hizo incómodos. Teníamos jugadores maduros, que creían en lo que hacían... Y ojo, que podemos haber jugado mal, pero el que conoce a Bilardo sabe que Carlos ni es defensivo ni le proponía a nadie jugar mal. ¡Para nada! Él admiraba mucho al jugador técnico y talentoso, y te aplaudía cuando te hacías cargo. Yo era central, y cuando jugaba de lateral/volante él me decía: Cuando estés en la mitad de la cancha pensá como volante, y cuando crucés la mitad, pensá y terminá como delantero. Eso le decía a un central de origen. Las subidas de Giusti, Olarticoechea, Cuciuffo o Clausen no eran de casualidad, él alentaba eso. -Maradona... -Diego no solo era el mejor jugador, también era el más brillante, el más rápido, el que se daba cuenta primero de las cosas. Tenía una mente brillante. A partir del 88 hice giras con él en la selección, luego Italia 90 y después compartí un tiempo en Boca. Tenía un poder de observación impresionante. A mis compañeros de trabajo siempre les digo que agudicen el poder de observación porque es muy importante el primer diagnóstico que uno hace de cualquier situación. Mirar bien para tomar decisiones... y Diego lo hacía en milésimas y en 4D, era increíble: veía la cancha y al mismo tiempo al que vendía Coca Cola en la tribuna. Cuando entraba al comedor algo decía, y decía algo que no había visto nadie. De cualquier situación hacía una observación atinada. Era distinto en todo. Y después estaba su liderazgo, un liderazgo de tipo confrontativo, pero que al equipo le sacaba presión y lo ayudaba muchísimo. Diego fue único, terminaba los entrenamientos y te contaba cada jugada, y yo ya me las había olvidado. Nadie vivió el fútbol como él, Diego era el fútbol en su misma esencia. -Jugaste con Maradona y estuviste en los orígenes de Messi. -Cuando estábamos jugando la Copa de las Confederaciones, en Alemania, en 2005, Messi estaba paralelamente jugando el Mundial Sub 20 en Holanda. Y ya nos enamorábamos viendo lo que era capaz de hacer. Recuerdo que Julio Grondona iba y venía entre un torneo y el otro y siempre nos decía: ¡Lo que es el 10, lo que es el 10!! Vos lo veías y hacía lo que nadie mas podía hacer, y a un velocidad única. El de Lionel es un don inexplicable, pero fundamentalmente, creo, se debe a que siempre piensa en la pelota. Es un genio, como Diego, que logran que parezca sencillo lo que hacen. Y son cosas imposibles para la gran mayoría. -En video, estás junto a Pekerman y Messi cuando debuta en Alemania 2006. Más de 20 años después, él irá por su sexta Copa del Mundo -Es impresionante, fui un bendecido con los momentos que viví. Él compite hasta jugando a las bolitas, y en eso también es muy parecido a Diego, y quiere ganar todo. Su continuidad y vigencia lo han hecho uno de los más grandes de la historia. No solo que hace cosas que no las hace nadie, sino que las hace durante muchos años. Y eso requiere de mucha disciplina. Lo que hizo y lo que aun hace es increíble, pasarán muchos, muchos años para que volvamos a ver todo eso en otro jugador. Cada uno en su época fue el mejor, y lejos, por lejos. Una vez le preguntaron a Careca, allá por el 89/90, quién era el segundo mejor del mundo, detrás de Diego. ¿Es usted?, le dijeron. Careca respondió: Diego es el primero y el segundo, y después venimos una banda, pero él está dos escalones arriba. Mirá, yo en 2024 voté a Messi como mejor jugador del mundo para los The Best. Y en 2025 quise votarlo otra vez, pero no me lo permitieron porque no estaba entre los elegibles. ¿Cómo que no está?, pregunté. [Finalmente, votó por Harry Kane, Vitinha y Dembélé]. Mientras Messi entre en una cancha, él será el mejor del mundo. Como sucedió con Diego: si él jugaba, no había otro mejor. -¿El gran salto de Argentina desde Qatar es ser igual de competitiva sin depender de Messi? Sin él, lesionado, te ganó la Copa América 2024. -Es una virtud, una buena decisión del cuerpo técnico que encabeza Scaloni. Yo los quiero mucho a todos los muchachos del staff. Cuando vos tenés a un jugador así, distinto a todo, debe ser la frutillita del postre, pero debes armar una estructura que lo sostenga y no dependa de que Messi tenga que llevar la pelota de un área a la otra. La estructura debe permitir que el partido lo jueguen los otros diez y lo defina Messi, en este caso. El desafío es poner a Messi en situaciones que le den la posibilidad de prevalecer con un pase gol o con un gol. Todo esto lo ha hecho muy bien el cuerpo técnico argentino. -Entre las tareas que te encargó Pekerman antes del Mundial 2006, viajaste a Londres para estar con Scaloni, que había pasado a préstamo a West Ham. -Sí, sí, jaja... Él otro día se lo recordé... Gringo, ¿te acordás que me llevaste en Londres a comer empanadas colombianas? Qué gracioso, ¡colombianas! Cuando lo fui a ver jugó de lateral izquierdo... A él lo teníamos como volante o como lateral derecho... Él tenía la capacidad de adaptarse a muchas posiciones, una virtud que en un Mundial te ofrece soluciones. -Y como vos en Italia 90, el llevó el número 13. -Es cierto, otra curiosidad. El Gringo te jugaba hasta en cuatro posiciones, algo parecido a lo que sucedía conmigo y con Bilardo. Yo en la final del mundo del 90 arranco como lateral por la izquierda y me neutralizaba, porque teníamos el mismo sistema que los alemanes, con Thomas Berthold, el lateral derecho que era de la Roma. Para el segundo tiempo, cuando Alemania nos ve en problemas porque ya nos habían expulsado jugadores, Beckenbauer saca a Berthold y pone a un volante, a Thomas Hässler, que ya jugaba más de interno, no hacía la banda, entonces yo tuve que ir a jugar al medio. Mi jugador era ese, porque a Bilardo le gustaban los duelos. Y cuando echaron a Monzón fui de stopper porque había que marcar a Klinsmann y a Völler. Nunca renunciamos al ataque... pero terminamos con dos menos, el penal que le hicieron a Calderón pero bueno, ya está, ya está, qué vamos a hacer. Lionel era más ofensivo que yo... Aunque Carlos una vez me puso de volante también, de interior, en un amistoso en Israel previo a Italia. Lionel siempre demostró su inteligencia emocional, un tipo muy bueno para el grupo, que se adaptaba, que tenía la capacidad de captar rápido lo que uno le decía. Néstor Lorenzo compartió el día a día con José Pekerman durante años. Muchas vivencias. Desde la selección argentina, pasando por Leganés, Toluca, Tigres y Colombia, hasta 2018. En 2020 abrió su carrera como entrenador principal, en Perú, donde se coronó con Melgar en el Apertura 2022... para volver a Colombia, volver al mundo de las selecciones y a otro Mundial. -¿Quién ha sido Pekerman en tu vida? -José ha sido como un padre para mí. Él llega a Argentinos cuando yo estaba en la 8va división, y se queda de coordinador de inferiores. Y empieza a armar, en silencio y con mucha convicción, el proyecto de Argentinos. Que después, de alguna manera, lo iba a aplicar con los mismos valores en la selección. Cuando yo apenas me había recibido de técnico, me sumó a la selección... me conocía desde muy chico, casi siempre como coordinador, pero también me dirigió en la reserva de Argentinos. Yo les agradezco a todos, pero sin dudas, José y Carlos, por el tiempo que compartí con ellos, me marcaron. -Bilardo y Pekerman son muy distintos, la intensidad y la mesura. ¿A partir de sus influencias cómo construiste tu estilo? -Trato de elegir los momentos y de ponerme en el lugar del jugador. Si es urgente, no se puede esperar para mañana, y ahí la reacción es inmediata. Pero a la vez, hay que ser cuidadoso porque podés cruzar líneas de las que no se puede volver atrás. Hay que pensar en las posibles reacciones a partir de un hecho. Para otras decisiones trato de esperar... Los jugadores ahora terminan un partido y del estadio se van al aeropuerto, un avión, horas de vuelo, llegan con diferencias horarias... entonces hay que elegir los momentos para no interrumpir el descanso y encontrarlos abiertos y atentos, porque si los agarro fusilados no sirve. Cada uno es diferente, son todos distintos, y nunca tratás a todos por igual. Sos justo y parejo con las normas, pero el trato personal no es el mismo. La efectividad que tiene un mensaje tiene que ver con el que lo recibe, por eso siempre tenés que estar pensando en él. Yo debo asegurarme que esté lucido, bien, con ganas de escucharme para hacer sugerencias o correcciones. -¿Quedan jugadores que se rebelen, que reclamen más argumentos? -No es común, pero puede pasar que la conversación se extienda y requiera otro tipo de explicaciones. Hay jugadores que tienen la capacidad de gambetear a tres tipos, pero lo intentan todo el tiempo y eso no es efectivo. Es más valioso identificar al hombre libre, cuando dos doblan al que lleva la pelota, porque así el equipo tiene otras opciones. Yo les tengo que dar las herramientas como para que sepan dos o tres cosas fundamentales: donde recuperar la pelota, qué momento aprovechar, cómo atacar, cuáles son la virtudes y debilidades del rival... Todo eso en poco tiempo, por eso el apoyo en las imágenes y los videos. -Como Bilardo hace 40 años... -... Estaba muchos años adelantado. Cuando te aparecía en la habitación a la noche, a cualquier hora, te venia con dos o tres cassettes VHS... Hoy parece risueño, pero él luchaba contra todas las descalificaciones, y con la tecnología que había por entonces, trataba de explicar de la mejor manera. Nunca se quedaba con la duda de si habías entendido o no, entonces te exigía todo el tiempo. -¿Cómo asimilás las derrotas? -Nunca perdí por más de un gol en Colombia. Mis derrotas han sido siempre apretadas. Y hay derrotas y derrotas... Mirá, en ocasiones me he enojado más, y lo he manifestado en el vestuario en charlas un poco fuertes, en empates donde no hicimos lo que debíamos hacer para ganar, que en derrotas donde hicimos todo lo que se debía hacer. Si lo pudiste evitar no es un accidente, no es mala suerte. Las jugadas tienen varias fases donde uno podría haber intervenido mejor. Cada derrota la tomo con ganas de revancha. -Será tu quinto Mundial (1990, 2006, 2014, 2018), pero el primero como el jefe. -Nunca me pesó tomar decisiones, sí trato de equilibrar el corazón con la cabeza. Hay decisiones que se toman con el corazón y otras con la cabeza. Hay experiencias que te pueden ayudar a que tu cabeza te advierta te vas a meter en un problema si hacés esto, y hay momentos en los que el corazón, o la intuición te dicen debés ir por acá, más allá de las sugerencias del entorno, con el que inexorablemente vas a confrontar. Analizo mucho mis decisiones, trato de ser coherente con lo que creo y con mis sentimientos. Y siempre fiel a un proceso. Estoy feliz de estar en Colombia, creo que siempre mostré una línea, un estilo, y ojalá que podamos hacer un gran Mundial y llegar al último día, como llegamos en la Copa América 2024. -El ciclo en Colombia solo cuenta 5 derrotas en 42 partidos, más del 70% de eficacia y el récord de 28 partidos invicto. -Los números son muy buenos... sí, y no jugamos contra equipos flojos Fuimos a jugar contra España en Europa, contra Alemania, contra Corea y Japón en Asia, jugamos contra campeones de federaciones, contra equipos clasificados al Mundial... -Y los tres partidos contra el campeón del mundo fueron muy parejos... -Y... nos conocemos mucho con la Argentina. A mí me da satisfacción cómo juega Colombia, que trata de ser protagonista, que no se esconde. La idea es jugar bien, no ganar de cualquier manera. Y eso el equipo lo siente, cree en la idea y ahí estamos. Ojala que lleguemos bien y podamos hacer el mejor Mundial de la historia para Colombia. -Perdiste la final de la Copa América en el alargue, y por las eliminatorias ganaste en Barranquilla (2-1) y en Buenos Aires se te escapó la victoria (1-1) a menos de diez minutos del final. -Y bueno, ya va a llegar. Dios dirá. -El sorteo dispuso que Colombia jugará contra Portugal, Uzbekistán y el ganador del repechaje entre Nueva Caledonia/Congo/Jamaica. -Portugal es uno de los mejores del mundo, estará lindo competir con ellos. Sí, creo que hubiese firmado un grupo así. Portugal es parecido a nosotros en cuanto al juego, con grandísimas figuras en los mejores equipos de Europa, y siempre es bueno medirse ante equipos así. Nunca estuve de acuerdo con elegir o descartar equipos porque el Mundial siempre da sorpresas. Uzbekistán es una incógnita y no vamos a confiarnos ante los otros rivales, hay que trabajarlos. Vamos a hacer lo posible para resolverlos. Con Jamaica jugamos varias veces, es muy físico y para tenerle cuidado si se clasifica, y a Congo y Nueva Caledonia no los conozco demasiado. -¿La gestión del grupo es...? -La gestión hoy es todo y es exclusivamente del entrenador. Y la gestión empieza por elegir, y por conducir a tu grupo. Yo trato siempre de estar encima de todos los detalles para que haya armonía y alegría. Se puede trabajar buscando la excelencia desde la alegría. Y eso pasa en la selección de Colombia, te lo puede decir cualquiera de los 40 o 50 que convivimos en cada microciclo. A mí me da orgullo el ambiente y la mentalidad que se creó. ¿Lleva tiempo y dedicación? Sí. ¿Cómo descanso de ese estrés? No lo sé... a veces me tomo tres o cuatro días y si estoy en mi casa y a las 3 de la tarde juega Lucho Díaz, ¿no lo veo? ¡Claro que sí! Porque no puede haber un mejor programa que verlo. ¿Y a la noche juegan River-Racing? ¡Y vamos a ver a Juanfer, y a tal o a cual! ¡Y si es de mañana lo veo a John Córdoba en Rusia! Y probablemente después los llame por teléfono. ¿Pero no eran mis días de descanso? La dinámica ya la tengo totalmente enfocada en la responsabilidad de dirigir a una selección. Es la vida que elegí.

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