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Parana » AIM Digital
Fecha: 05/01/2026 07:43
A la espera del último dato oficial, la inflación acumulada de 2025 se encamina a ser la más baja desde 2017. Entre enero y noviembre, los precios aumentaron 27,9 por ciento y, con estimaciones privadas para diciembre en torno al 2,3 y 2,5 por ciento, el índice anual rondaría el 31 por ciento, por debajo incluso del registro de 2020, marcado por la pandemia. El desempeño respondió a un contexto de escasez de pesos, salarios contenidos y un tipo de cambio apreciado durante buena parte del año. De cara a 2026, el mercado analiza dos factores clave que podrían modificar la dinámica de precios: el cambio en la medición de la inflación y la puesta en marcha de un nuevo esquema de bandas cambiarias. Servicios al alza y bienes más contenidos Durante 2025, la evolución de los precios volvió a mostrar una marcada diferencia entre bienes y servicios. Las mayores subas se concentraron en rubros vinculados a servicios, en especial vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, impulsados por ajustes tarifarios y alquileres. En el extremo opuesto, los incrementos más moderados se observaron en vestimenta y equipamiento del hogar, categorías con mayor peso de bienes durables y más expuestas a la apertura comercial. Los alimentos, el componente de mayor incidencia en el índice, se movieron cerca del promedio general. Nuevo método de medición desde enero A partir de 2026, el organismo estadístico nacional dejará de utilizar como referencia la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares 2004/2005 y adoptará la correspondiente a 2017/2018. El objetivo es reflejar los cambios en los patrones de consumo de la población. Con esta modificación, ganarán peso en el índice las divisiones de vivienda, transporte y comunicaciones, mientras que perderán incidencia alimentos y bebidas, bebidas alcohólicas y tabaco, y equipamiento del hogar. En un escenario donde los servicios continúan aumentando por encima de los bienes, el cambio metodológico podría generar registros mensuales levemente superiores a los observados en 2025, aunque el impacto sería acotado. Las autoridades aclararon que las variaciones previas a enero de 2026 no serán recalculadas, para evitar efectos sobre contratos y ajustes indexados a la inflación pasada. Desinflación como prioridad del Gobierno El sostenimiento de la baja inflacionaria aparece como el eje central de la política económica. La estrategia oficial se apoya en la eliminación de la emisión monetaria, pero también en herramientas de intervención cambiaria y en un ancla salarial, con paritarias convalidando subas por debajo de la inflación durante gran parte del año. En términos reales, los salarios del sector privado ya muestran una leve pérdida de poder adquisitivo respecto de fines de 2023, mientras que en el sector público la caída fue significativamente mayor. No se esperan cambios relevantes en esta política durante el próximo año. Bandas del dólar y presión sobre los precios Desde enero, las bandas cambiarias dejarán de ajustarse al uno por ciento mensual y pasarán a indexarse al último dato de inflación disponible. Al mismo tiempo, el Banco Central proyecta comprar al menos 10.000 millones de dólares en reservas, siempre que exista demanda de pesos y un flujo suficiente en el mercado cambiario. En la plaza financiera advierten que la compra de divisas podría presionar el techo de la banda si no aparece una oferta sostenida de dólares por exportaciones o por la cuenta financiera. En ese escenario, el Gobierno enfrentaría una disyuntiva entre priorizar la acumulación de reservas o preservar el ancla cambiaria para evitar un rebrote inflacionario. El consenso del mercado es que, al menos durante la primera mitad de 2026, el Ejecutivo volverá a subordinar el resto de los objetivos macroeconómicos a la meta de desinflación. La sostenibilidad de esa estrategia hacia la segunda parte del año dependerá del ingreso de divisas y de la capacidad de consolidar expectativas sin reavivar las presiones sobre los precios.
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