06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:33
06/01/2026 17:32
06/01/2026 17:29
06/01/2026 17:29
» La Nacion
Fecha: 05/01/2026 03:24
Nació en Estados Unidos pero en estos tiempos eligió Tierra del Fuego para vivir, y de acuerdo a su filosofía de vida, en el futuro quién sabe dónde se encontrará - 12 minutos de lectura' Escribir es mi manera de encontrarle sentido a las cosas que no lo tienen, dice Alexis Farrell. Lo dice escribiendo, por supuesto, en un espacio personal que algún día será libro. Desde Estados Unidos o Tierra del Fuego, donde ahora vive, sus palabras la conectan con otras personas pero también con su alma. Aun a través de una videollamada se advierte su belleza, ahora más calma. Habla con un español cada vez más fluido, pero con acento inconfundiblemente extranjero. Es fácil imaginar otras etapas, las aventuras un tanto arriesgadas, que la ayudaron a ser quien es hoy. Su historia tiene que ver con búsqueda y aceptación. Pero sobre todo, con libertad. Nació en un pueblo pequeño de Oklahoma y creció en esa zona rural hasta que, cerca de los siete años, sus padres se mudaron a Texas para buscar una escuela que le diera más oportunidades; elegir una buena universidad podía mover la balanza a su favor. En los inicios de los dos mil, para Alexis el paisaje habitual camino a la escuela eran las vacas que pastaban en el campo. Con los años eso cambiaría y la región se transformaría en un polo industrial y tecnológico. Era muy aventurera recuerda, siempre curiosa, quería jugar todos los deportes en el mundo, quería acercarme a gente diferente y preguntarles cosas de sus vidas. Ser más que una buena alumna También dice que la niñez le duró poco tiempo. Enseguida se le impuso una realidad: para asistir a la universidad sin pagar costos excesivos o endeudarse, tenía que ser algo más que buena alumna. Era necesario destacarse para lograr su scholarship. Ya por entonces soñaba con ser exitosa aunque todavía no había decidido cuál sería su camino. Lo vimos en infinidad de películas, la alumna que aplica a una beca, su esfuerzo, la espera, los nervios. A los dieciséis años recibió la noticia de que se la habían otorgado para jugar fútbol y estudiar en una universidad cristiana de Texas, en donde se quedó durante un año pero eligió continuar la carrera en Oklahoma, cerca de sus abuelos. Era buena jugadora de fútbol, lo hacía a tiempo completo. Su talento pagó su carrera. Pronto se transformó en presidente de su hermandad estudiantil, la famosa sororidad, y en líder de un club de debate político. Alexis o Lex, para sus amigos era activa, inquieta. Esa curiosidad que había tenido de niña se potenció con los conocimientos. Obtuvo una licenciatura en Ciencias Políticas con especialización en Estudios Internacionales y se centró en probar la teoría de que los países que recibieron ayuda de los Estados Unidos en realidad se volvieron dependientes, en lugar de continuar con su desarrollo. Completó su formación con un doctorado en la prestigiosa University of Notre Dame, Law School, de Indiana, uno de esos años fue en Londres, Inglaterra, para sus estudios en Ley Internacional. Hasta entonces, su vida parecía perfecta. Había tenido novios pero nunca por tanto tiempo. Era una noviera serial hasta que mi último año en Notre Dame me comprometí con alguien. Y me mudé a Dallas, para estar cerca de donde estaban mis padres y mi hermano. Ahí empecé la vida de trabajadora. Un sueldo ridículamente alto y el estilo de vida americano Entró en una firma grande, con un sueldo que hoy considera ridículamente alto. Pronto le permitió tener su departamento de tres pisos y su auto lujoso. Estaba cumpliendo con el estilo de vida americano de acceder a lo que quería y consumir lo que se le antojara. Pero en ese punto, se sintió vacía. Entendió que una vez alcanzado su objetivo, no era lo que quería. No me gustó la cantidad de horas que trabajaba y me di cuenta en ese momento que no todo era tan bueno como pensaba. Una vida que todos los americanos quieren. Que dicen: llegaste amiga. Y bueno, llegué a la mierda porque no me gustó para nada. dice con su acento inconfundiblemente extranjero. Estás loca ¿cómo vas a dejar todo lo que lograste? Cuando empezó a ir a terapia, se dio cuenta de que tenía una relación de pareja abusiva emocionalmente. Terminó con el compromiso, dejó su trabajo, vendió todas sus cosas y planeó un viaje. Mi familia me dijo que estaba loca. Igual entiendo ahora que fue la manera de mis padres de tratar de protegerme. Mis padres son humildes, mi papá es un laburador, es electricista, no fue a la universidad. Y mi mamá es maestra, se casaron muy jóvenes, como la gente del pueblo de Oklahoma. Lex había logrado todo lo que ellos no, y por eso les costaba aceptar que su hija de repente quisiera ser una hippie que abandonaba todo. Su hermano, siete años más chico, no estaba cerca, nadie la apoyó. Como en la película basada en la novela Into the Wild, que en Argentina se conoció como Hacia rutas salvajes, Alexis sintió que lo aceptado y normal para la mayoría, para ella no lo era. Yo estaba enojada con todo, con la iglesia por decirme que necesitaba someterme a este hombre. Con mis padres por decirme que es normal que un hombre trate a una mujer así. Vendí mi auto y compré uno más sencillo pero con espacio para mis cosas; para dormir, si quería. Y manejé solita desde Texas hasta Montana, la frontera con Canadá. Fui a las montañas para quedarme con mi mejor amiga de la universidad, para probar algo diferente. Había compartido su historia de abuso emocional en Facebook. Y tuvo muchas preguntas de mujeres que estaban en situaciones parecidas pero que no podían hablar con nadie. Entonces creó un grupo virtual de mujeres que experimentaban ese tipo de abuso. Con su trabajo de abogada a distancia y sus ahorros, entendió que no necesitaba tanto. Solo tiempo para sanar y sentirse libre. Fue por aquella época que conoció a un amor verdadero, como ella lo define. Un amor lindo, que me podía contener. Alguien amable. Nunca antes había experimentado algo así pero todavía necesitaba descubrirse a sí misma. La libertad de Hawái y el amor de Montana Quería ir a Hawái. Desde Estados Unidos siempre lo había visto como un paraíso. No conocía a nadie, así que respondió a un aviso de una chica que buscaba una compañera de habitación. Lo que sintió superó sus expectativas. La gente ahí es distinta, el estilo de vida. Me encantó. Descubrí cómo es la libertad. Yo tengo un recuerdo muy fuerte. La primera vez bajé las ventanas en mi auto y tiré mi cuerpo por fuera y grité. Sentí como que volaba. Su corazón estaba dividido entre la aventura y ese hombre bueno que la esperaba en Montana. Sus amigas le recomendaron que no lo dejara ir. Regresó a buscarlo, con la idea de armar un proyecto juntos. Pero el mismo día en que se disponía a firmar los papeles para comprar una casa, escuchó a su pareja hablar con otra persona por teléfono, entusiasmado. Él me dijo: Lex, recibí una promoción, pero tenemos que mudarnos a otra ciudad y capaz otro estado. Y yo dije, ¿qué? ¿Cómo? Lo tomé como una señal muy grande. Aun así lo intentaron. Ella fue a conocer la ciudad en donde iban a convivir, pero algo en su interior le decía que eso no estaba bien. Era joven y sentí que necesitaba seguirme a mí en lugar de seguir a un hombre en ese momento. Toda su vida se había puesto en segundo lugar. Estuvieron juntos un tiempo más pero ya no quiso forzar la historia. Eligió volver a Texas con su familia. Y aunque no coincidieron en sus destinos, lo recuerda como alguien importante que marcó su vida. La relación con sus padres no era fluida, se quedó en la casa de su tía, a la que considera su mejor amiga. Pudo tomar distancia y observar lo que no le cerraba de la sociedad en la que había crecido. ¿Por qué todos trabajan tanto y no hay más comunidad? Se había anotado en una escuela de aviación y tomaba sus primeras clases. Quería saberlo todo. Un día publicó una historia en la que decía que quería manejar autos con caja manual, en Estados Unidos ya no existen. Un amigo de la universidad le ofreció enseñarle. Para eso debería ir a América del Sur, más precisamente a Colombia. De paso, podría aprender español. Amar la cultura de América Latina El prejuicio sobre Colombia desde los Estados Unidos tiene mucho que ver con las noticias y las series de televisión. Café y narcos. Playas y narcos. Ballenato y narcos. Otra vez su familia la cuestionó y hasta le ofreció dinero para quedarse. Pero no hubo caso. Lex viajó liviana hacia Bogotá y alquiló una habitación dentro de una casa destinada a mujeres en donde había talleres y se respiraba feminismo. La casa de las Flores se llamaba y esa fue su etapa de redescubrimiento. Empezó a escribir un diario, a mirar hacia dentro. Creo que fue aprender quiénes somos sin pensar en lo que deberíamos ser. Las mujeres usaban cualquier tipo de ropa, cero pudor. El libro Mujeres que corren con lobos fue un faro para ese grupo. Descubría prácticas indígenas y conocía gente que jamás hubiera imaginado. Una noche fue con sus amigas a un refugio para las guerrillas de Colombia. Ahí conoció a personas de la resistencia pacífica, que estaban en contra del gobierno y también contra los narcos. Un terapeuta para niños no solo le mostró el arte de las paredes, también le habló de los autores de esas obras, algunas escritas por estudiantes que habían muerto asesinados. Comprendió que muchas de las cosas que creía no eran tan así. Colombia fue un espacio de aprendizaje. En donde fue capaz de hacerse cargo de la recepción con su español precario de la casa que habitaba. Visitó barrios peligrosos despojada de sus pertenencias para pasar una Navidad diferente con la familia de un amigo. Experimentó la espiritualidad de los pueblos sudamericanos en el Amazonas, en donde se animó a tomar ayahuasca. Y ahí me conecté con mucha gente que vivió cosas muy feas en manos de los narcos. Tenía intención de quedarse pero su visa estaba por expirar. Viajó a Ecuador y en Guayaquil intentó sacar pasaje para volver a Bogotá, pero su tarjeta rebotó una y otra vez. Tenía dinero suficiente, no era ese el problema. Simplemente el destino le decía que Colombia no sería su lugar. Empezó a tener mucha ansiedad. Mi cabeza, la verdad, estaba un poco loca. Y no sabía cómo bajar. Probó de sacar un vuelo hacia otro lado. Y ahí sí funcionó. Me pude comprar un vuelo hacia las islas Galápagos. Desconectada hasta de su celular, en una isla pequeña, trató de meditar en paz y perdonar a quienes le habían causado dolor en el pasado. Ya estaba preparada para dar el siguiente paso. Ese paso la llevaría a la Argentina. Un hogar en la Patagonia argentina Averiguó dónde podía hacer un tipo de meditación llamada Vipassana, en donde se permanece durante diez días en completo silencio. Una vez más, en Colombia no había cupo. El único espacio disponible para una mujer era en Capilla del Monte, Córdoba. Sin dormir llegó del calor al frío otoñal argentino, sin ropa adecuada para las montañas. Este retiro me cambió la vida. Me ayudó mucho con mi estado mental. Pensó que solo se quedaría diez días para luego volver por Bogotá, pero la tentación de recorrer más se le presentó enseguida. Una de las compañeras de meditación la invitó a su casa, en La Cumbrecita. Lex estaba sola y con su mochila. Sintió la calidez del hogar. En Estados Unidos eso no pasa, si alguien llega nadie te invita a su casa. Me quedé unos días antes de volar, me invitaron a un asado, me llevaron a comer helado. Fue muy loco. Sigo en contacto con ella, me regaló una camiseta de Argentina, de De Paul. Siguió la recomendación de conocer más del país y sacó un vuelo directo a Ushuaia. El sentimiento que tuve fue inexplicable. Primero alquiló un departamento por cinco días pero después lo cambió por un mes. El mes se transformó en dos meses. Y bueno, nunca me fui. Viajó para visitar a su familia y recorrer Buenos Aires, le mostró el país a su hermano y su cuñada. Pero Ushuaia se transformó en su lugar. Creo que encontré lo que quiero Hoy vive en una casa en las montañas y se acostumbró al frío patagónico. Hace casi tres años que despierta por las mañanas y contempla los hielos inmutables. En todo este tiempo tomó clases de español, de francés, de baile. Navegó por los glaciares, hizo trekking y participó de cabalgatas. Nunca frenó. Conoció gente nueva y tiene amigos en la ciudad. Empezó a trabajar para un estudio de abogados de Estados Unidos, en donde colabora con gente que tiene conflictos a partir de los cambios de las políticas migratorias de su propio país. Ayudo a la gente a obtener su green card, o los represento para tratar de sacarlos de la cárcel para que puedan estar con sus familias. También da clases de inglés divertidas en El Puente, un emprendimiento del influencer Dustin Luke, que atraviesa fronteras. Siento que es tiempo de estar tranquila. El propósito en Estados Unidos es ser bueno, lograr algo, lo que sea. En Ushuaia, el propósito es disfrutarlo. Así que estoy reencontrándome con la niña que quería probar un montón de cosas, pero no pudo. Estoy en dos equipos de fútbol, uno en Futsal por la Liga Ushuaiense. Y estoy en una relación con alguien, y es mucho más que un chongo. Estamos comprometidos con fecha de casamiento a principios de 2026. Nuestro plan es recorrer desde Alaska con rumbo a nuestro hogar en Ushuaia. Creo que encontré lo que quiero.
Ver noticia original