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» Clarin
Fecha: 04/01/2026 11:06
Fue uno de los secretos mejor guardados de la Segunda Guerra. Y también uno de sus grandes misterios. En medio de las vicisitudes de la contienda Winston Churchill se daba tiempo para cultivar sus pasiones. Una de ellas eran los animales, sobre todo los raros y exóticos. Acotación al margen, solía decir que la principal diferencia entre los humanos y los animales es que estos nunca permitirían que los lidere el más estúpido de la manada. Lo cierto es que al primer ministro británico le fascinaban los ornitorrincos, dato que se encargó de hacer saber al ministro de Relaciones Exteriores de Australia. Dado que ese país quería congraciarse con Gran Bretaña en busca de mayor protección ante la amenaza de Japón, pensaron que sería buena idea regalarle los dichosos animalitos a Churchill. Originalmente iban a ser seis; finalmente se decidieron por uno. Bautizado Winston, con una jaula especial y comida asegurada para la travesía en barco, el animal atravesó el Pacífico y el canal de Panamá y llegó al Atlántico... Pero allí terminó todo: en la parte final del viaje murió. Si bien el hecho se mantuvo en secreto, al tiempo surgieron las especulaciones: se decía que la nave se había encontrado con un submarino alemán y que una serie de explosiones habían acabado con la vida de Winston. La verdad, estudios mediante, se sabe hoy, y es mucho más prosaica: un equipo de la Universidad de Sidney determinó que las altas temperaturas -en el cruce del Ecuador superaron los 27°- fueron la causa de la muerte de la mascota que Churchill jamás logró tener. Es mucho más fácil echarle la culpa a los alemanes que decir que no lo cuidamos bien, señaló a la BBC uno de los participantes del estudio. Nadie puede invocar su propia torpeza... Sobre la firma Newsletter Clarín
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