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» Clarin
Fecha: 04/01/2026 06:48
Solo suscriptores Caminar la Patagonia, conectar con la tierra: una geografía espectacular, el desafío del trekking y un inesperado planetario en medio de la estepa - Un viaje al noroeste de la provincia de Santa Cruz para vivir la estepa patagónica. - Salidas de trekking, observación de fauna y la importancia de la restauración de ambientes en el Parque Patagonia Argentina. ¡Ahí está Ana!, dice Emanuel con una sonrisa y nos pasa los binoculares. Señala un punto en un enorme paredón rojizo y grisáceo que se alza frente a nosotros, lleno de grietas, cornisas, cavidades, recovecos. Nuestra mirada novata, sin entrenamiento para la cantidad de información natural que despliega el entorno, busca ávida, al tuntún, tropezando con montones de cosas que parecen, pero no son. Emanuel no pierde la calma ni la sonrisa. Tiene calzada una antena con la que puede saber con certeza que Ana, un chinchillón anaranjado nacido en 2024 al que monitorea, está allí, en ese paredón. Su mirada aguzada hace el resto. Vuelve a marcar el punto donde enfocarnos, dibujando un camino para la vista desde un tajo en la piedra, subiendo un poco hacia la derecha hasta una saliente en la roca. Técnico de campo de la fundación Rewilding Argentina, Emanuel Jacquier trabaja en la estación biológica El Unco del Parque Patagonia Argentina, noroeste de Santa Cruz. En lo que era una antigua estancia ganadera del valle del Cañadón Caracoles, El Unco es la base de operaciones del trabajo de restauración ecológica en esta región (se pueden contratar visitas). Este sendero por el que avanzamos junto a los paredones es testimonio de los resultados del rewilding o restauración. Estamos buscando chinchillones anaranjados, un mamífero roedor al que acá le dicen ardilla o vizcacha de la Patagonia y especie endémica de Santa Cruz y las zonas aledañas de Chile, pero que había desparecido del Cañadón Caracoles. Como parte de la recuperación de ambientes y poblaciones de Rewilding Argentina con el apoyo de Freyja Foundation, ahora caminamos escudriñando esos recovecos de las piedras en las que volvieron a verse estos animales, donde su espeso pelaje se mimetiza entre tonos ocres, rojizos, anaranjados y grisáceos. Que haya chinchillones en este sector de Caracoles es un síntoma de que el trabajo para equilibrar el ecosistema empieza a funcionar. También lo es la recuperación de juncales (humedales) que dan la sensación de estar en un oasis, con gran presencia de aves, en medio de la estepa. De las 8 hectáreas de juncales que había cuando comenzó a funcionar la estación biológica, pasaron a 22 hectáreas tras quitar ganado, suprimir terraplenes y recuperar cauces originales de vertientes o eliminar especies exóticas e invasivas, como menta o berro. El trabajo sigue, hay mucho por hacer, incluyendo la posibilidad de reintroducir a los huemules. Cuando estamos a puntos de darnos por vencidos, alguno del grupo la ve, y la vemos todos: Ana nos vigila desde lo alto de una saliente. Caminamos un poco más, con cuidado para no pisar los cactus que están al ras de la tierra con sus bellas flores y sus enormes espinas que amenazan con atravesar el calzado. Y otra vez estamos frente a un gran paredón. Esta vez hay que encontrar a Yoana: difícil de ver, esta chinchi -como le dice Emanuel- es la mamá de Ana. Pero ahí está. Hace un movimiento para peinarse el pelaje y la detectamos. Avanzamos un poco más y esto ya es una fiesta: en un desfiladero, un pasadizo entre altos paredones, observamos tres más, y uno de ellos es una cría. El lugar podría ser ideal también, pensamos todos, para poder ver algún puma. Pero no. Emanuel chequea con su antena: por ahora no hay ninguno cerca y nos quedamos con las ganas. La vuelta a la estación biológica es un desafío: desandamos el camino que, la verdad, es llano y sencillo. Pero ahora sopla el viento en contra, la sencillez se evapora y hay que luchar con cada paso. Viento desafiante, poderoso, que revuelve pelos desprevenidos, roba gorras flojas, empuja. Y que es parte de la identidad de la estepa patagónica. Red de senderos Infinitud. Geografía extrema. Vastedad. Belleza cruda. Inmensidad. Postales inabarcables. Magnetismo. Panorámica ilimitada. Soledad. Sentada en la cima del cerro Amarillo, de 854 msnm, tengo la mirada ocupada en (intentar) recoger ese paisaje tan potente que se despliega a mis pies. El cuerpo recupera el aliento tras la subida a paso firme por el sendero La Guanaca. Es uno de los varios senderos para elegir en el Parque Patagonia Argentina, una gran área protegida -más de 200.000 hectáreas- abierta al público, sobre la Ruta Nacional 40, con cuatro áreas de acceso público (portales) con diferentes categorías de conservación y que, entre sus atractivos, también suman al Parque Nacional Patagonia y a la famosa Cueva de las Manos, sitio arqueológico reconocido por sus pinturas rupestres y Patrimonio Mundial. En este gran Parque trabaja la Fundación Rewilding Argentina desde 2011, con el apoyo de otras organizaciones como Freyja Foundation, Wyss for Nature y Elsa Rosenvasser Feher, para proteger más superficie y restaurar los ecosistemas. También se ocupan de potenciar la educación ambiental con iniciativas como el programa Exploradores de Parque Patagonia, una especie de colonia de verano para chicos de localidades vecinas, los Encuentros de Senderismo, o las jornadas de Escalada regenerativa (salir a escalar+impacto cero+una acción para mejorar el entorno). Y buscan impulsar un turismo de naturaleza que permita el desarrollo económico local con diseño de senderos, promoción del destino o instalación de infraestructura para recibir visitantes, como campings, una hostería o baños secos. Desde el Portal Cañadón Pinturas, del que es parte el sendero La Guanaca, también hacemos otras caminatas -algunas más intensas que otras-, con caminos planificados para mejorar la experiencia -por ejemplo, con pendientes que no superen los 10 grados- y minimizando el impacto ambiental. Tierra de Colores es lindísimo: propone una caminata sin grandes dificultades y conduce hasta un sector súper atractivo, con extrañas formaciones de colores pastel en las que se combinan rosados, amarillos, anaranjados. El sendero Los Balcones ofrece una caminata sencilla, con grandes panorámicas bordeando en altura el Cañadón Pinturas y, desde uno de sus extremos, se divisa, justo enfrente, la Cueva de las Manos. Si quisiéramos, podríamos llegar hasta la Cueva andando: la Bajada de los Toldos, uno de los senderos más icónicos, baja hasta el río Pinturas y, al cruzarlo por un puente, empalma con el sendero Cueva de las Manos, que sube hasta alcanzar las famosas pinturas rupestres. Quien llega hasta el Parque lo hace con ganas de explorar y de caminar; de dejarse sorprender por los cañadones y las mesetas que moldean un escenario de alto impacto; de quedarse observando a un choique rodeado de crías -el macho cuida a los charitos-, el juego del cóndor con las corrientes de aire o aquel guanaco que apura el paso cuando ve que nos acercamos. Caminar, subir, sol, bajar, viento, nubes, calor y frío, todo de un minuto a otro. El aroma del tomillo silvestre. La batalla desesperada de un insecto por liberarse de las redes que tejió una viuda negra. La huella -nítida, inequívoca- de un puma. El silencio al detenernos. Un picnic en el refugio del Mirador El Cóndor. Una sensación de estar en un lugar único, compartiendo con otros los compañeros de caminata, aquellas francesas con las que nos cruzamos en uno de los senderos, los matrimonios de Puerto Madryn, el de Rosario y los alemanes con los que compartimos la gran mesa de la cena-, les decía, de estar compartiendo con esos otros un espíritu aventurero y la certeza de una conexión más profunda con la tierra. También, con uno mismo. En el cielo, las estrellas La construcción asoma tímidamente entre las lomadas. Al acercarnos, notamos una especie de cortinado hecho con maderas: reutilizaron los palos de viejos alambrados eliminados. Lo que sucede cuando uno entra es mágico. Porque uno viene con la mirada llena de aridez, vegetación achaparrada, piedra y sol, y basta con abrir la puerta del Centro de Interpretación y Planetario Elsa Rosenvasser Feher (el nombre rinde homenaje a la física argentina, apasionada por el cielo de la Patagonia, que donó fondos para su construcción) para sorprenderse con un espacio increíblemente diseñado y logrado arquitectónicamente y con una potente propuesta de divulgación para el público. Para chicos es imperdible, y tiene un planetario. La exposición interactiva explica la formación geológica de la región, la evolución de las especies, el drama de la extinción y el cambio climático y, también, la restauración de los ecosistemas como una respuesta que trae esperanza. Al regresar, en la Posta de los Toldos ya está la cena en marcha, y mientras algunos apuran una ducha (importante no dilapidar el agua escasa ni la electricidad que obtienen con paneles solares, explican al hacer el check in), otros anotan en un gran libro junto a la salamandra qué animales observaron ese día, o charlan con Germán -guía y anfitrión- sobre los senderos que planean hacer al día siguiente. Germán tiene su celular a mano: para cada cosa que explica tiene respaldo. Le preguntamos por los pumas y ahí muestra la foto de Mirta, Keokén, o la de los tres cachorros de Aura, que nacieron hace dos meses. O la de un cóndor parado en un risco, majestuoso, desde el mirador del sendero La Guanaca. El reloj marca las 20.30 aunque por los ventanales se ve aún el sol pleno sobre la estepa, con la meseta Sumich asomando en el fondo. Con la cabeza procesando los paisajes y geografías por los que anduvimos, y el cuerpo reacomodándose tras el desafío físico, nos vamos sentando alrededor de una gran mesa comunitaria que domina el lobby/sala de estar/living/comedor de la hostería. La timidez inicial se quiebra rápido: alguien cuenta una anécdota, otro sugiere una ruta a tomar, el de la punta pide un consejo. Se charla en español, en inglés y con sonrisas. Una complicidad aventurera domina la mesa. Para el momento del postre, el sol recién empieza a bajar. Habrá que resistir, quedarse despierto un buen rato más, abrigarse y volver a salir. Levantar la mirada. El cielo estrellado, de una nitidez abrumadora, hará el resto. Cómo llegar al Parque Patagonia Argentina - Parque Patagonia está sobre la RN 40 y tiene 4 portales de acceso: Cañadón Pinturas, Cueva de las Manos, La Ascensión y El Sauco. Lo ideal es moverse con auto propio (o volar a Comodoro Rivadavia y alquilar auto). - De Comodoro Rivadavia: RP 26 (hay algunos tramos con baches) y RN 40. O RN 3 hasta Caleta Olivia y de allí a Perito Moreno por RP 43 y luego RN 40. - El bus de Chaltén Travel une El Calafate y Bariloche. Bajar en el portal Cañadón Pinturas (parada Parque Patagonia) y coordinar transfer hasta el hotel o campings al +54 9 297 500-0145 (www.chaltentravel.com/). - Esta temporada se implementó un servicio hop-on/off con dos salidas diarias en el Cañadón Pinturas que permite acceder a los diferentes senderos. Pasa por el Centro de Informes, la Posta de Los Toldos, el Camping La Señalada, el Planetario. Cuesta $ 10.000 por persona (reservas al +54 9 297 500-0145). Dónde alojarse - La Posta de los Toldos se define como un refugio en la estepa patagónica profunda y está dentro del Parque Patagonia, en el portal Cañadón Pinturas. Tiene 9 habitaciones con baño privado. Alojamiento con desayuno, desde $ 100.000 por noche por persona en base doble. Con pensión completa, $ 210.000 por persona. Con pensión completa y actividades guiadas, $ 300.000 por persona (no válidas para feriados y fin de semana largo; menores de 4 a 8 años abonan el 60% de la tarifa adulto; lapostadelostoldos.com). - Camping El Mollar, US$ 30 para dos personas y La Señalada, US$ 20 para dos personas (US$ 5 por persona extra). Las parcelas cuentan con protección para el viento, duchas con agua caliente y baños. La Señalada tiene, además, proveeduría. - Otros campings: Al río, La Confluencia, Cañadón Caracoles, Los Choiques, Caburé y El Cisne. Cuándo ir Mejor época: noviembre a marzo. Cuánto cuesta - Parque Patagonia: gratis - Cueva de las Manos: $ 12.000 por persona. Jubilados, $ 4.000. Los menores de 12 años no pagan. La vista es con guía. Reservar la entrada en www.peritomoreno.tur.ar Qué leer Turismo de Naturaleza. Destinos para el avistaje de fauna silvestre, de Delfina Krüsemann y Franco Spinetta, editorial Albatros. Dónde informarse Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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