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» La Nacion
Fecha: 04/01/2026 01:37
Convirtió la productora de su padre en una mucho más grande y ambiciosa; hoy proyecta tres arenas en Córdoba, además de la explotación por diez años del Estadio Único de La Plata - 12 minutos de lectura' CÓRDOBA.- Carli Jiménez, hijo de Carlos La Mona Jiménez, pasó de músico a productor y en poco tiempo transformó Universo Jiménez en Universo Producciones. Su papá, el mandamás del cuarteto, es su principal artista pero no el único. Hace unas semanas produjo el primer show de Shakira en Córdoba y hace unos años el de Ricky Martin; tiene un streaming, acaba de firmar un contrato por una década para operar el Estadio Único de La Plata y tiene en marcha proyectos para construir -en sociedad- tres estadios arena en Córdoba. Carli asegura que, de no ser por su labor, preferiría el perfil bajo, pero ser El hijo de La Mona lo hizo siempre conocido. De chico, en el colegio, sufrió el que no lo invitaran a algunos cumpleaños porque el cuarteto no era bien visto y, cuando estudiaba música, no lo dejaban tocar un tema de su papá porque acá, cuarteto no, le decían. Cuenta estas historias a LA NACION sin una pizca de revancha, con una sonrisa, convencido de que los tiempos cambiaron. El cuarteto es la identidad del pueblo cordobés y ha logrado trascender fronteras, con canciones que se cantan en estadios de fútbol de Brasil y hasta de Japón, subraya. Carli Jiménez hizo la experiencia de enseñar cuarteto. Hace más de una década empezó con músicos de su banda en una zona vulnerable de Córdoba en el centro vecinal. Después recuperó una casona en el centro de la ciudad y llegó a tener 140 chicos de entre 8 y los 16 años que aprendían los instrumentos fundamentales del ritmo: acordeón, piano, bajo y percusión. Nos superó en un momento, porque se daban situaciones de violencia familiar. Pero tuvimos muchas satisfacciones, dice. De ese semillero surgieron Juliana Galván y Celeste Ávalos, que llegaron a la escuelita sin saber ni tocar el timbre e integraron la banda de La Mona; otro de los chicos está en La banda de Carlitos. Pudimos hacer un pequeño aporte y cambiar la vida de algunos de ellos. A los 17 años, Carli decidió mudarse a Buenos Aires a estudiar ingeniería en sonido y huyendo de la vorágine que significaba en Córdoba ser el hijo de. Regresó a los 27 años, impulsado por una cirugía de pólipos en las cuerdas vocales de su padre, quien le pidió que lo acompañara cantando en el escenario para que él pudiera descansar la voz en esos intervalos. Esa década compartida le permitió acercarse mucho más a La Mona como padre, conocerlo realmente, porque cuando era chico trabajaba de lunes a lunes. La pandemia fue, en términos profesionales, una ayuda porque obligó a frenar el ritmo de trabajo. En ese período lograron reestructurar el esquema y pasaron de los bailes tradicionales a mega eventos como el Festival Bum Bum. Profesionalizamos la producción, dice hoy, a los 44 años. En Universo Producciones hay 34 empleados y contratan centenares de personas para los shows. -¿Siempre te gustó la música, la producción? -Mis viejos me dieron la posibilidad de estudiar música desde los 12 años. Estudié en La Colmena y con Juan Carlos Chalela porque me gustaba el arte de componer y escribir canciones. Pero pasar de eso a llevar una orquesta de cuarteto, donde hay cuatro o cinco shows por semana, es distinto. En su momento hice un disco de música funk con el baterista Martín Carrizo, que era un genio. Toqué en varios festivales, me mudé a Buenos Aires y empecé a estudiar ingeniería de sonido. Armé mi estudio y caían artistas a grabar y me pedían que los ayudara con los shows. Terminé haciéndole shows a Willy Crook y 120 shows con Alfredo Casero. Aprendí de mi viejo todo lo que es la parte artística, pero de mi vieja toda esta otra parte del background, y siempre me sentí mucho más a gusto en esta última. -¿Por qué? -Me sentí mucho más a gusto. La exposición no es algo que elija. En esto es necesario salir, contar, transmitirle seguridad a la gente que viene a los shows. Acá no hay una empresa que no se sabe de quién es. Ponemos la cara en las buenas y en las malas. La gente sabe que en esta calle estamos hace 45 años. Nací acá al lado y seguimos acá. Eso también transmite confianza. Si no fuera por eso preferiría no aparecer nunca y andar tranquilo, pero es muy difícil porque aún sin hacer nada, ya soy conocido por ser el hijo de La Mona. -¿Qué te hizo regresar de Buenos Aires? -Hubo una situación con mi viejo. Lo operaron de pólipos en las cuerdas vocales. No podía cantar y no estaba bien anímicamente. Volví y me dijo: Voy a empezar a cantar de a poquito, acompañame. Cantate unos temas y yo descanso la voz. Me lo debés. Acepté y, cuando volví a subirme al escenario, hubo algo especial. Fue un amor que no lo había sentido antes por mi viejo, porque él había sido un desconocido, laburaba de lunes a lunes. Yo salía para el colegio a las 7 de la mañana y él volvía de cantar. Empezamos a tener un contacto más cercano. -¿Redescubriste otro padre? -No, él no cambió nunca. Yo sí era otra persona. Me fui a Buenos Aires a los 17 huyendo de toda la vorágine de ser el hijo de La Mona en Córdoba, con cosas lindas y cosas feas. Entonces todavía no tenía las herramientas para pararme y decir: Che, soy esto también y hago esto. La pasamos espectacular juntos. La música tiene esas cosas que te atrapan y están buenísimas, pero también te llevan puesto. La noche te lleva puesto y cuando llegó la pandemia, ayudó a parar. Yo ya venía pensando en eso. Yo iba a los bailes desde que estaba en el moisés. Hoy lo veo a mi viejo con 75 años que está por cumplir, lo veo con energía, está mucho mejor que antes de la pandemia. Es que ese trajín de laburar jueves, viernes, sábado, domingo, no lo iba a perdonar. Se lo llevaba puesto tarde o temprano y más temprano que tarde. Pudimos reestructurar la manera de trabajar. -¿Cómo lo convenciste? -No fue una decisión comercial fue una decisión puramente familiar. Él siempre manifestó: Yo me quiero morir en un escenario, pero escucharlo a tu ídolo decir eso es distinto que escucharlo a tu papá. Si seguíamos con ese ritmo era no evitarlo. Cuando le propuse lo de los [festivales] Bum Bum, al principio no entendía. Le expliqué que era un festival que en algún momento iba a ser internacional y él era el anfitrión. Le iba a dar la bienvenida a Córdoba a todos los artistas que pasaran por acá, porque siempre fue así. Por acá pasaba Charly García, Fito Páez, James Brown y todos querían conocer a La Mona. Esta casa es como una parada obligada. Entonces hacer un festival en el estadio Mario Kempes para 50.000 personas también será su legado. Su legado son sus canciones, su resiliencia, la de un tipo que la peleó y salió adelante, que con muy pocas herramientas logró muchísimo, en especial darle mucha alegría a la gente. El día de mañana, él puede cantar o no, pero va a seguir estando el festival que es el único que tiene la ciudad de Córdoba. Antes, en enero, cerraba todo por la merma de turismo en la capital y ahora el del Bum Bum es uno de los fines de semana donde hay más concurrencia en el año. -¿Con ese festival empezaste a jugar en otra liga como productor? -Se dieron muchas cosas. En la pandemia nuestra industria tuvo un golpe muy grande. En ese momento cerró el estadio Orfeo en Córdoba y su productora general, Pía Rigoni, se quedó sin trabajo y con una gran experiencia. Le gustó el proyecto, se sumó. Pude armar una compañía que hoy tiene expertise legal, comercial, artístico. Logramos escala y volumen. El cuarteto es tan masivo, tan popular en Córdoba, que cuando lo profesionalizás se pueden hacer muchos más eventos que el rock y el folklore juntos. Teníamos una gimnasia que nos permitió atender a 40.000, a 50.000 personas y con el mismo nivel que un show internacional, porque hoy amerita y lo demanda el público. Hay que estar a la altura. Empezamos a ver esa escala y a contratar el mejor sistema de sonido actual. Lo contratamos para ocho eventos cuando las productoras lo alquilan para uno o dos; lo mismo para el escenario más grande. Contratamos alrededor de 3.500 baños químicos anualmente. El volumen da poder de negociación con los proveedores y un show sale 35% o 38% más barato. -El mismo cuarteto al que antes ninguneaban en algunos ámbitos... -No solamente si trabajabas en el cuarteto, si ibas a un baile. Se ninguneaba al público, al músico. Cuando yo estudiaba música si quería tocar un tema de mi viejo, me decían: No, acá cuarteto es mala palabra. No me invitaban a un cumpleaños porque mi papá tocaba cuarteto. Hace unas semanas fue nombrado patrimonio intangible de la humanidad y ahora se resolvió que integrará la currícula de las escuelas de Córdoba. Es un género que mantuvo su originalidad y su esencia. Acompañó y marcó la cultura cordobesa, sus canciones salieron de las canchas de Córdoba, pasaron a la de Boca, River y hoy están en Brasil, en Japón. Está en el ADN del cordobés. -A la producción le sumaste la construcción, en sociedad, de un estadio... -Serán tres. Uno, que ya es público, es con la Universidad Siglo 21. Es parte de proyectar un posicionamiento de Córdoba como eje cultural, regional, como un polo educativo. Córdoba tiene muchísimo para dar y para brindar. La economía naranja genera empleo, mueve dinero. Pero hay que seguir trabajando para que se comprenda, para que se vea así. Los privados no queremos que nos den plata desde el Estado, sino que no nos pongan palos en la rueda. Por eso desde el clúster de Córdoba, que preside José Palazzo -uno de los grandes productores de habla hispana- mostramos los números, lo que dejan los eventos. -¿Cuándo Universo Jiménez pasó a ser Universo Producciones fue un paso traumático desde lo familiar? -Fue cuando lo trajimos a Ricky Martin hace tres años. Mis viejos plantearon el riesgo es grande y no estamos para esos riesgos. Ahí fue el momento en que dejamos de ser la productora de La Mona. No fue fácil, porque trabajamos con un miembro de la familia que es un superstar y que, como todo divo artístico, tiene su ego. Igual, fue mucho más fácil de lo que imaginaba. Hoy él es un artista que nosotros contratamos para tocar. Es nuestro artista número uno y con el que mejor nos llevamos, pero lo contratamos para trabajar con nosotros. -¿Y cómo es contratarlo? ¿Lo contrata el hijo o el productor? -Me juega un poco en contra porque voy a hablar con él como productor y mezcla un poco las cosas, sigue viendo a un niño del otro lado. Entonces me saca chapa de padre y me la hace difícil. Negociamos una vez al año y chau. Como artista es una persona con un corazón tremendo, llega y no deja a nadie sin saludar, sin agradecer. Pero, como toda persona que tiene más de 55 años de carrera, exige que las cosas se hagan bien, que esté todo perfecto. Cuando hacemos el Bum Bum, como la gente empieza a llegar dos días antes y viene a la puerta de su casa, lo empezamos a llevar a un hotel para que pueda descansar y vamos cambiando de hotel. Ahora, cada cosita que hacemos, ¡pide el hotel! -¿Cómo es ser hijo de La Mona? -Mucha terapia. Lo que más me jodía, de chico, era su ausencia en mis actividades, desde las de jugar al fútbol hasta los cumpleaños. También la exposición obligada, porque yo no elegía. Llegaba al cole y me decían: Vos sos el hijo de La Mona. Lo mejor, cuando íbamos a la cancha; nos recibían en los vestuarios. Faltaba que le dieran la 10. Y acceso a todos los recitales. Me llamaban de los sellos discográficos para invitarme. Fue un aprendizaje ser el hijo de. -¿Como productor, hacia dónde vas? -El 2026 es el año de la construcción de espacios para el entretenimiento. Antes autorizaban en zonas perdidas, hoy ya entendieron que son fuente de movimiento económico. Vamos a poner esa fortaleza en práctica. El primer espacio es el Domo Siglo XXI, para 5.000 personas, con acento en la experiencia, con opciones de compra de gastronomía que recibirán en la butaca, por ejemplo. Con esa capacidad se puede avanzar quirúrgicamente, saber quién es, qué le gusta, qué come el que va. También firmamos la operación del Estadio Único de La Plata por 10 años (5 + 5) y tenemos dos artistas internacionales en el Kempes. Pensamos dar un paso internacional, pero más adelante, tal vez en 2027.
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