05/01/2026 00:35
05/01/2026 00:28
05/01/2026 00:28
05/01/2026 00:27
05/01/2026 00:24
05/01/2026 00:24
05/01/2026 00:18
05/01/2026 00:13
05/01/2026 00:13
05/01/2026 00:12
Gualeguaychu » El Dia
Fecha: 03/01/2026 12:56
Escuchar esta nota Sin comunicados conjuntos ni cumbres fundacionales, las principales potencias del mundo parecen haber avanzado hacia un entendimiento implícito que redefine el orden global. No se trata de un acuerdo firmado, sino de una práctica cada vez más visible: Estados Unidos, Rusia y China actúan con mayor libertad dentro de sus áreas de influencia, mientras los mecanismos tradicionales del derecho internacional pierden capacidad de disuasión. El caso más evidente de este escenario es la guerra en Ucrania. Rusia cruzó una frontera reconocida internacionalmente e inició una invasión a gran escala que alteró el equilibrio europeo. La reacción de Occidente combinó condena política, sanciones económicas y asistencia militar indirecta, pero evitó una confrontación directa entre potencias. El conflicto quedó contenido, de hecho, dentro de una lógica de esferas de influencia. Ese antecedente parece haber habilitado nuevos movimientos. En América Latina, Estados Unidos anunció este viernes una operación en territorio venezolano que habría culminado con la captura del presidente Nicolás Maduro y su traslado fuera del país. Washington justificó la acción en la restauración del orden democrático y la lucha contra el narcotráfico, mientras desde Caracas se denunció una invasión y el secuestro del jefe de Estado. Más allá de las versiones enfrentadas, el episodio marca un punto de inflexión: por primera vez en décadas, Estados Unidos reconoce públicamente la captura de un presidente en ejercicio de un país latinoamericano sin el aval explícito de organismos internacionales. La región vuelve así a quedar claramente encuadrada dentro de la órbita de influencia de Washington, con márgenes de autonomía cada vez más estrechos. En paralelo, China consolida su propia estrategia. Taiwán sigue siendo el punto más sensible del tablero asiático. Sin una invasión abierta, Beijing avanza mediante presión militar, aislamiento diplomático y coerción económica. Para China, la isla es un asunto interno; para Estados Unidos, una línea estratégica que no está dispuesto a cruzar. El conflicto permanece latente, pero estructura buena parte de la tensión global. Lo que une a estos episodios no es solo el uso de la fuerza, sino la ausencia de respuestas globales proporcionales. Naciones Unidas, tratados internacionales y organismos multilaterales aparecen desbordados, sin capacidad efectiva para imponer límites a las grandes potencias. La legalidad internacional cede terreno frente a la correlación de poder. Para los países medianos y pequeños, el mensaje es claro y preocupante: la seguridad ya no se apoya exclusivamente en reglas universales, sino en la posición que cada Estado ocupa en el tablero global. El mundo parece ingresar en una etapa de realismo crudo, donde el orden no se redefine por acuerdos explícitos, sino por hechos consumados que van delineando, conflicto a conflicto, el escenario del siglo XXI. ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? Ingresar Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. Bienvenido Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com Bienvenido DATOS PERSONALES Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com ¿Querés recibir notificaciones de alertas?
Ver noticia original