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  • Mauricio Macri imagina un outsider propio para 2027 - Informe Digital

    Parana » Informe Digital

    Fecha: 03/01/2026 03:59

    ¿Qué quiere significar Mauricio Macri cuando dice que el PRO tendrá un candidato propio a presidente en 2027? La pregunta replica el aviso del oficialismo de que ya trabaja para una reelección de Javier Milei y reaparece en todas las conversaciones sobre los próximos dos años que le quedan al actual gobierno. Esa afirmación sobre que el PRO tendrá candidato propio redondea el único proyecto político que se le conoce al PRO y a Macri, que han agotado todo su capital desde 2023 en el apoyo acrítico, aunque rezongón, a la gestión de La Libertad Avanza. Insiste en que nunca más será candidato a nada. Quienes conversaron con él antes del fin de año creen entender que se excluye de la candidatura porque cree que ese candidato debería ser alguien externo de la política. Descarta la posibilidad de que, entre ahora y 2027, alguien tenga la capacidad de instalar un candidato competitivo que provenga de la política. Esta percepción asume la idea de que la política ha agotado en este turno su capacidad de generar candidatos y que un Milei es un outsider. No está probado ni una ni la otra. Milei es un insider del poder que jugó para el oficialismo peronista en 2015 en los equipos de campaña de Daniel Scioli. También floreció como candidato ligado al oficialismo en 2023 como producto de la estrategia del peronismo de dividir a Juntos por el Cambio con una segunda marca del centro derecha. Fue presidente por el fracaso de las dos grandes coaliciones en interpretar a sus electorados en 2023 con candidatos de baja calidad como Sergio Massa o Patricia Bullrich y se mantiene gracias al transfuguismo criollo, que convirtió en oficialistas a políticos que fueron votados para ser oposición. El candidato, apena sun terrorista emocional En una elección un candidato es, cuanto más, un terrorista emocional, como describe con fineza al Perla la gran Rosalía (La perla, canción del álbum Lux). La doctrina del outsider como protagonista de la política del siglo XXI la profesa y difunde Jaime Durán Barba, que fue uno de los constructores de Macri presidente. Es esperable que le haga caso, pero eso no implica que tenga razón. Tampoco Macri era un outsider en 2015 aunque se lo quiso presentar como tal cuando ganó las elecciones. El rol de los candidatos es uno más de los varios factores que explican los resultados electorales. Son más importante los electorados, que en la Argentina son inamovibles y no se cruzan de vereda ante la aparición de un candidato. En la Argentina nadie le roba el voto al adversario de otra fuerza: sí pueden ocurrir deslizamientos entre tribus internas de cada espacio. Tan estables y fieles son los electorados que Macri conservó en 2019, perdiendo las elecciones, un 42% de los votantes, que le fueron fieles pese a lo desastrado del final de su gestión. En 2023 Sergio Massa, candidato de otro gobierno que terminó mal, conservó en las urnas un 44% de los votos del total. El electorado del peronismo le fue tan fiel que en la primera vuelta estuvo a 3 puntos de hacerlo ganar. En esos dos casos el candidato no importó; si importó la solidez de los respectivos electorados. Recomponer el rompecabezas de Cambiemos El PRO tiene hoy su expresión más baja de representación parlamentaria desde 2015, por efecto de la migración de dirigentes y legisladores hacia un oficialismo que los admite como aliados y funcionarios con la sola consigna de que abjuren del liderazgo de Macri. El grupo más cercano al expresidente toma en serio la negativa de Mauricio a repetir como candidato. Imaginan que su protagonismo se centrará en la construcción de una fuerza que recupere la representación que tuvo desde 2015 sobre el 40% del electorado moderado de centro de los grandes distritos, la que desde 2023 ha respaldado a Milei -en el balotaje y en las legislativas del 26 de octubre-. Los gestos de adhesión de Macri a Milei como representante de las ideas del cambio justificaron el pase de camiseta de dirigentes que alcanzaron bancas en octubre pasado por LLA. La insistencia de Macri en que el PRO tendrá un candidato propio parece mostrar que no se resigna a retirarse de la tarea política y que busca retener el rol que ha tenido de referente de ese votante del no peronismo, que admite cualquier candidatura que lo confronte. El presidente que no fue Macri discurrió sobre este proyecto en reuniones con entornistas y también aliados, a quienes se ocupó de saludar por el fin de año. Aprovechó esos diálogos para cruzar pareceres sobre el sentido de los dos años que vienen y tuvo juicios muy críticos sobre la capacidad política del gobierno. Una de las charlas más exhaustivas fue con Miguel Pichetto el viernes 26 de diciembre en sus oficinas de Olivos, con un testigo, el diputado Fernando de Andreis. Pichetto cree que existe un escenario posible en el cual Macri sería candidato a presidente como eje de un arco de alianzas que puede romper la polarización. En 2023 apoyó la chance de que Mauricio fuese candidato y cree que habría ganado las elecciones. En febrero de aquel año lo visitó en su casa de Cumelén junto a Juan Carlos Romero y Ramón Puerta. De aquella reunión surgió la iniciativa de que Macri fuera candidato a presidente. Especularon que el lanzamiento ocurriera en la segunda semana de aquel mes, cerca del 8 de febrero, cumpleaños de Mauricio. -Tengo hasta ese día para convencer a Juliana, que me va a matar-, diría. Pichetto agregó que habría tiempo hasta abril. El lapso se extendió y en el medio Macri bajó su candidatura. Llevó a Milei a la mesa de Cambiemos para proponerlo como precandidato a la PASO presidencial. Le dijeron que no, e insistió en la puja entre Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. - Así hacemos una tarea de pinzas y cosechamos de los dos lados-. Una comprensión resbaladiza de la competencia en política, que no suma, sino que divide entre ganadores y perdedores, más convencidos que nunca de la vileza del contrincante al que hay que aplastar. Esa PASO fue la que hundió a Cambiemos y lo dejó fuera del balotaje. Sumar peronistas y provinciales unidos Macri ha justificado su cercanía con la gestión de Milei, al que patrocinó política y materialmente en 2023 por encima de los candidatos del PRO y de Juntos por el Cambio, en la necesidad que tiene su partido de apoyar los cambios que ellos harían si fueran gobierno, mientras debe tomar distancia y ser oposición en los temas institucionales (espionaje, justicia, corrupción). Es otra afirmación debatible, porque la realidad es que los funcionarios y proyectos del gobierno provienen del PRO, que es ya parte del gobierno. Lo que discuten Milei y Macri es la propiedad del gobierno y los separa el reconocimiento de esa precedencia. Quienes reconocen que Mauricio tiene aún hoy un rol único como referente del electorado moderado que antes votó a JxC y ahora a Milei, lo ven en el aporte que Mauricio dará a esa candidatura de un tapado que venga de afuera de la política, con el apoyo de un frente que amplíe lo que fue Juntos por el Cambio entre 2015 y 2023. La materia serían los leales que le quedan en el PRO, un sector del radicalismo al que ha retenido en un disminuido interbloque en Diputados, los gobernadores del bloque de Provincias Unidas y los gobernadores del peronismo que ya han cortado lazos con el peronismo cristinista, como Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo o Raúl Jalil. El juego de tercios Este proyecto se apoya en la necesidad de arbitrar una candidatura presidencial potente de la cual los integrantes del frente podrán colgar en 2027 a sus postulantes a diputados y senadores nacionales. El armado del mileísmo en octubre de 2025 demostró que el eje de la política de Milei se basa en una idea de los primos Menem principalmente Lule de que hay que recrear un neomenemismo sobre bases propias, que no ayudará a ninguna fuerza preexistente (como la UCR, el PRO y el peronismo no cristinista) a sobrevivir. Milei necesitaría también sustentar en 2027 su candidatura a la reelección con candidatos a diputados y senadores, pero ya en 2025 rechazó comprometerse con aliados de fuerzas preexistentes que pusieran sus candidatos. En los acuerdos con gobernadores -como Rogelio Frigerio (PRO) o Leandro Zdero (UCR)- estos debieron ceder directamente sus candidaturas a postulantes de LLA. En Chubut, donde Nacho Torres se negó a hacerlo, no hubo acuerdo. En Mendoza, el radical Alfredo Cornejo fue forzado a la mortificación de ceder la primera candidatura a diputado a Luis Petri, su adversario jurado, que trabaja para su liquidación en el territorio que comparten. Con esos testimonios es plausible que lo que le queda del PRO a Macri, más sus aliados de otras fuerzas que convivieron con él en Juntos por el Cambio, busquen ir con la música a otra parte. Si esa consigna prospera, presumen que el arco puede superar el 25% y sumir las elecciones de 2027 en una disputa de tercios. En el sistema vigente, el juego de tercios se impone como terreno para construir una chance ganadora para el Partido del Ballotage. El corsé del peronismo Hasta ahora el panorama para ese año se presenta como una polarización entre dos extremos, hoy encarnados en Milei y el peronismo del AMBA en la figura de Axel Kicillof. Este escenario es pacífico para el oficialismo y para la oposición, obturada por la jefatura tóxica de Cristina de Kirchner. Su prisión le resta competitividad a su fuerza, a la que tiene enjaulada y con la tobillera para crecer en aliados del interior, que desprecian al peronismo del AMBA prefieren negociar con Macri antes, o ahora con Milei-. Con el mismo ánimo sepultaron antes las ambiciones presidenciales de las estrellas bonaerenses Antonio Cafiero, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, Felipe Solá, Daniel Scioli, Sergio Massa y Cristina misma, -que fue presidente cuando era santacruceña como bonaerense debió conformarse con la vicepresidencia de Alberto. El peronismo empató las elecciones legislativas de Buenos Aires, que siempre perdía, por el esfuerzo de unidad que hizo para ir con un candidato como Jorge Taiana, que expresaba al cristinismo del Instituto Patria, pero al que había propuesto Kicillof. El 15 de marzo el peronismo de Buenos Aires debe resolver su nueva conducción partidaria entre el axelismo y el cristinismo, y corre el riesgo de profundizar la división. Quienes ven bajo el agua en ese planeta hablan de un proyecto de candidaturas para 2027 que lleve a Axel como postulante a presidente y a Massa a la gobernación. Massa confiaría en que, con la gestión en la gobernación y las divisiones emergentes de las internas de marzo próximo, Axel sufriría un deterioro que lo sacaría de la cancha y él sería el candidato a presidente. La leyenda supera al personaje y lo construye hasta en aventuras en las que quizás nunca pensó. Pero es un camino imaginable. En 2019 hubo cerca de Cristina de Kirchner un arbitraje de entornistas para decidir quién sería candidato presidencial. Sabían que ella no sería y que optaría entre varios allegados al Instituto Patria, como Jorge Taiana, Felipe Solá o Alberto Fernández. Un alegato de oreja de último momento logró la convicción de que debía ser Alberto. Otro traspié, como el que ella había cometido antes al apoyar la oreja en el caracol y el rumor de las olas le recomendó ungir a Massa como jefe de gabinete en 2008 o a Julio Cobos, Amado Boudou o Carlos Zannini como candidatos a vicepresidente. Errores de casting que ya han hecho también leyenda. Cambiemos, el enemigo común La apuesta del gobierno y del peronismo del AMBA por la polarización alimenta las presunciones de un acuerdo de Milei con el cristinismo, para terminar de aplastar la existencia de lo que fue el PRO y sus aliados en JxC entre 2015 y 2023, que durante esos años sacó de la cancha al peronismo y a la derechona conservadora que hoy representa Milei. Ya ensayaron una prueba de amor entre gallos y medianoche para decidir la representación de la Cámara de Diputados en la Auditoría General de la Nación. En esa decisión, de la que participaron activamente Olivos, el peronismo de Matheu, el massismo y el bloque de Unión por la Patria, quedaron afuera el PRO y la UCR. En un esquema de polarización entre el neomenemismo de los primos y el cristinismo de Máximo, no hay espacio para la inserción del centro moderado, que es el voto mayoritario de los grandes distritos, el que los sacó de la cancha en 2015.

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