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» La Nacion
Fecha: 02/01/2026 16:12
Fue submarinista. Desde 2017 se encarga de que los hijos de los tripulantes del ARA San Juan reciban un regalo para Navidad Edward Michael, de 55 años, llegó desde EE.UU. para compartir las Fiestas con los familiares de los 44 ocupantes del submarino que murieron hace ocho años - 6 minutos de lectura' MAR DEL PLATA.- ¡Qué buena barba, Papá Noel!, le gritan cuando cruza la Avenida Luro hacia la Playa Popular. Lleva el clásico gorro rojo con pompón y vivos blancos, a tono con esas canas que le nacen en la nuca, avanzan por encima de las orejas y por debajo del mentón se convierten en una literal y frondosa cortina de pelo de unos 30 centímetros. Esa imagen que en su país, Estados Unidos, lo convierte en un clon de Santa Claus de a pie, aquí llegó a fines de 2017 acompañada de un gesto solidario conmovedor: una colecta entre colegas submarinistas de su país y otros puntos del mundo para comprar regalos para los hijos de los 44 tripulantes del ARA San Juan, que por entonces llevaba poco más de un mes de desaparecido por la pérdida de contacto, su destino era incierto y la chance de encontrar a esos oficiales con vida empezaba a tomar forma de un milagro que nunca llegó. Quería ver a esas familias, quería conocer a esos chicos, cuenta Edward Michael a LA NACION, ya en el tramo final de esta visita a ciudad de Buenos Aires primero, y a Mar del Plata en esta última quincena, para compartir abrazos, comidas y, por supuesto, otra tanda de presentes navideños para más de 60 hijos de sus colegas argentinos fallecidos. Reconoce que esta experiencia que lo trajo hasta aquí por primera vez fue muy emotiva por el origen de esta historia, plena de dolor. Pero también admite que durante la estadía y en cada una de las reuniones que mantuvo con familiares de los marinos casi ni se mencionó el tema. Me dispuse de tal manera que aquello quede a distancia y me enfoqué en el contacto con la gente, en disfrutar en persona una relación que habíamos construido a distancia, explica a LA NACION. El origen Su iniciativa nació, durante aquel tramo final de 2017, luego de ver una ilustración de Nik referida al ARA San Juan y la cercanía de las fiestas de fin de año. Michael la vio, leyó comentarios y uno de ellos era de la esposa de uno de los tripulantes desaparecidos. Fue el clic para decidirse a dar un paso, colaborar de alguna manera y se le ocurrió esta posibilidad de enviarle regalos a los hijos de los 44 tripulantes. El bonus track fue su imagen a semejanza de Papá Noel. Esas colectas se repitieron año tras año para esta época. Michael, ingeniero de 55 años y ya retirado de la fuerza militar de su país, generó desde vasos hasta monedas alegóricas al ARA San Juan que ofreció a cambio de las donaciones que hacía llegar a la Argentina en formato de vouchers para cada chico, a partir de un acuerdo con algunas firmas comerciales a las que les transfería el dinero. Es un personaje, lo disfrutamos mucho a pesar del idioma y no tocamos el tema submarino, confirma Paola Constantini, viuda del oficial Celso Vallejos, sonarista del ARA San Juan al momento de la tragedia del 15 de noviembre de 2017. Con ella se contactó Eddie, como se hace llamar, y articularon este mecanismo de envío de regalos. Con ella, sus tres hijos y el resto de la familia compartió las cenas de Nochebuena y Año Nuevo. Es una maldita zona de guerra, posteó un rato después, por la pirotecnia. Son todos muy divertidos, se come muy rico aquí, destacó Michael a LA NACION. En la ciudad de Buenos Aires lo recibieron con asado y paseos. Aquí anduvo casa por casa y destacó desde las empanadas que le hicieron hasta el pollo al disco. Chicken disco, repite con su vozarrón. A la distancia, en estos años, ya se había hecho fanático de los alfajores. En el postre de los primeros minutos de 2026 celebró a los gritos un panqueque con mucho dulce de leche. Anduvo de aquí para allá siempre con su gorra bordada con el nombre e imagen del ARA San Juan. El sábado último tuvo una comida con varias de las familias de los 44 tripulantes. Allí pidió que le pusieran una mesa individual porque quería ver a todos desde el frente. Luego gestó una suerte de acto, convocó uno por uno a cada grupo y les entregó como recuerdo una moneda referida al submarino argentino y un ejemplar del libro Patrulla eterna, que también refiere a esta historia. Se sacó fotos con todos y se ocupó que cada uno de sus pasos quede reflejado en sus redes sociales. Fue uno de los días más especiales de mi vida, pero si pudiera cambiarlo todo, desearía que nunca hubiera pasado, lo resumió. No solo nos abrazamos, reímos, lloramos, hablamos, comimos, bebimos, brindamos (chin chin), intercambiamos regalos, nos miramos a los ojos y nos abrazamos un poco más, escribió y sentenció: Amigos de por vida. También, y era parte de su objetivo, pudo recorrer instalaciones de la Base Naval Mar del Plata que era el puerto de asiento del ARA San Juan en sus tiempos de operaciones. Era su destino en aquel viaje interrumpido por una falla en las baterías y la posterior explosión. Compromiso Se emocionó con el recorrido frente a esa unidad militar, donde más de ocho años después permanece vivo el recuerdo de aquellos 44 héroes. Las banderas con mensajes y fotos que los recuerdan están atadas sobre el cerco perimetral que da a la calle. Con ellos posó y se tomó fotos para su archivo personal. Pasó además por el memorial que se encuentra frente al acceso a la Base Naval. Ese fue su momento de homenaje y lo compartió con Guillermo Tibaldi, que fue comandante del ARA San Juan y también protagonista de otras historias solidarias: ascendió al Aconcagua con una bandera en memoria de sus camaradas y el año pasado, con 69 años, caminó y corrió 3000 kilómetros para unir Mar del Plata con Ushuaia, los dos últimos puertos que tocó el submarino. Somos una gran comunidad, no importa el país, y cuando uno se encuentra con el espíritu submarinista, con el riesgo y lo aventurero, y eso lo compartimos con Eddie, dijo Tibaldi y reconoció el humor del colega estadounidense, ávido de conocer y recorrer. Y ahora qué, le decía, para seguir con la agenda que lo sorprendía. Tibaldi valoró la visita porque fue enriquecedora para nosotros, con una persona que se identificó tan profundamente con las familias del ARA San Juan y especialmente con los chicos. Edward Michael agradeció a todos los submarinistas que colaboraron en cada una de las campañas y a los familiares de la tripulación fallecida por insistirle en que vengan a Argentina. ¿Se repetirá?, preguntó LA NACION. Nunca digas nunca, respondió, entusiasmado con un pronto regreso.
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