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» TN
Fecha: 02/01/2026 14:08
Enero suele llegar cargado de promesas: comer mejor, moverse más, ponerse en forma. En ese camino, muchas personas terminan midiendo su bienestar únicamente en kilos, frustrándose cuando los resultados no aparecen o no se sostienen en el tiempo. Sin embargo, la salud no se define solo por el peso corporal, sino por una combinación de hábitos cotidianos que influyen en cómo funciona el cuerpo, cómo descansamos y cómo nos sentimos. Un trabajo liderado por Rachel Woods, investigadora de la Universidad de Lincoln, y publicado en The Conversation, propone cinco resoluciones respaldadas por evidencia científica que ayudan a vivir mejor y con menos presión. 1. Comer más alimentos de origen vegetal No hace falta dejar la carne ni cambiar la dieta de un día para el otro. El foco está en sumar más plantas al plato: frutas, verduras, legumbres, cereales, frutos secos y semillas. Estudios que analizaron a más de dos millones de adultos muestran que las dietas con mayor presencia de alimentos vegetales se asocian con menor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, cáncer y muerte prematura. Incluso en personas que siguen siendo omnívoras, agregar frutas y verduras cada día marca una diferencia. 2. Moverse más, sin obsesionarse Si el ejercicio fuera un medicamento, estaría recetado para casi todos. No porque haga bajar de peso rápidamente, sino porque mejora la salud del corazón, regula el azúcar en sangre, reduce la rigidez de las arterias y mejora el estado de ánimo. La evidencia muestra que muchos de estos beneficios aparecen aunque el peso no cambie. Caminar, subir escaleras, bailar en casa o moverse un poco cada día puede ser tan valioso como un gimnasio. Lo más importante es la constancia, no la intensidad. 3. Cuidar el estrés, aunque no siempre se pueda evitar El estrés sostenido impacta en todo el cuerpo: puede elevar la presión arterial, afectar el sistema inmune y alterar el sueño. También influye en la forma de comer. Según los estudios citados por Woods, alrededor del 40% de las personas come más cuando está estresada y otro 40% come menos, pero en ambos casos suele empeorar la calidad de la alimentación. Identificar qué genera estrés y qué sí está en nuestras manos cambiar puede mejorar la salud más de lo que parece. 4. Dormir mejor, cuando sea posible Dormir poco se asocia con problemas como hipertensión, enfermedades cardíacas, depresión y deterioro cognitivo. En adultos, se recomienda alrededor de siete horas por noche, aunque cada persona es distinta. La falta de sueño también aumenta el apetito y las ganas de comer alimentos más calóricos. No siempre es fácil dormir mejor, pero mejorar rutinas, horarios y hábitos puede tener efectos positivos a largo plazo. 5. Revisar el consumo de alcohol El alcohol está relacionado con riesgos como enfermedades cardíacas, hepáticas y distintos tipos de cáncer. Incluso en el corto plazo, empeora el sueño y afecta la toma de decisiones alimentarias. Lee también La actividad física que hay que hacer durante 90 segundos por día para fortalecer el corazón Las guías sanitarias recomiendan limitar su consumo y sumar días sin alcohol. Reducir la cantidad, aunque no se elimine por completo, es una de las formas más claras de mejorar la salud general. Mirar la salud con otra lupa Muchos propósitos de Año Nuevo giran alrededor del peso, pero la ciencia muestra que la salud se construye con hábitos sostenidos, no con soluciones rápidas. Comer mejor, moverse, dormir, manejar el estrés y revisar el alcohol puede generar cambios profundos, incluso sin pasar por la balanza.
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