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Fecha: 02/01/2026 10:28
Durante décadas, la longevidad fue entendida como una simple extensión del tiempo de vida. Vivir más años era el objetivo, aun cuando esos años finales estuvieran marcados por enfermedades crónicas, deterioro cognitivo o pérdida de autonomía. Según los principales investigadores en biología del envejecimiento, ya nació el primer ser humano que va a vivir más de 120 años. Lejos de ser una afirmación futurista, esta idea surge de décadas de investigación científica. El mensaje actual es claro: no solo estamos viviendo más, sino que estamos aprendiendo a vivir mejor. En este contexto, el cierre de un año y el comienzo de otro aparece como una oportunidad simbólica para replantear hábitos y pensar una vida más saludable, sostenible y longeva. Del modelo reactivo a la medicina de precisión La medicina ya no puede limitarse a esperar que aparezca la enfermedad, sostiene el doctor Gustavo Calderón (MN 78156), referente en Medicina de Precisión y Longevidad. Durante años, el enfoque médico tradicional se centró en tratar patologías una vez instaladas. Hoy, ese modelo empieza a quedar atrás. El nuevo objetivo es detectar disfunciones biológicas silenciosas: desajustes que no generan síntomas inmediatos, pero que con el tiempo derivan en enfermedades cardiovasculares, deterioro neurocognitivo, discapacidad y envejecimiento acelerado. El desafío ya no es solo tratar patologías, sino corregir procesos biológicos antes de que se transformen en enfermedad, para sumar años de vida, pero sobre todo años de vida con calidad, explica Calderón. Este cambio cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que alrededor del 20% de nuestra vida transcurre con enfermedades crónicas como osteoartrosis, patologías cardíacas, accidentes cerebrovasculares y deterioro neurológico en los últimos años. Edad cronológica versus edad biológica Uno de los conceptos clave de la longevidad moderna es la edad biológica. Dos personas con la misma edad cronológica pueden presentar organismos completamente distintos. Cumplir años no significa necesariamente perder salud, remarca Calderón. El corazón, el cerebro o el metabolismo pueden envejecer a ritmos diferentes según la historia biológica y los hábitos de cada persona. Este conocimiento dio origen a la medicina de precisión aplicada a la longevidad, que no espera la aparición del infarto, la diabetes o el deterioro cognitivo. Busca señales silenciosas que aparecen muchos años antes, señala el especialista, y agrega que cuanto antes se comience a intervenir, mejores son los resultados. El envejecimiento, explica, empieza cuando se pierde la capacidad de procreación, mucho antes de lo que solemos percibir. Qué mecanismos explican el envejecimiento La biología del envejecimiento identificó mecanismos centrales que explican por qué envejecemos y a qué velocidad lo hacemos. Entre ellos se encuentran: - El daño del ADN, como el producido por la radiación ultravioleta - Los cambios epigenéticos - La inflamación crónica - La disfunción mitocondrial - La acumulación de células senescentes Estos procesos no actúan de forma aislada: se potencian entre sí y determinan el envejecimiento real de cada persona. Un ejemplo concreto es el impacto del sol. La radiación ultravioleta genera daño directo en el ADN de las células de la piel, produciendo inestabilidad genómica. Desde esta mirada, el bronceado no es un signo de salud, sino una respuesta defensiva frente a una agresión biológica. Uno de los avances más relevantes de los últimos años es que hoy el envejecimiento puede medirse. Existen relojes biológicos que permiten estimar la edad real del organismo e incluso la edad de órganos específicos como el corazón, el cerebro o el hígado. Estos indicadores predicen mejor el riesgo de enfermedad futura que la edad cronológica. Pero medir no alcanza si no se puede actuar. En este punto, la evidencia científica muestra que el envejecimiento biológico puede ser modulado. Calderón destaca dos estudios clave que refuerzan este concepto. El estudio CALERIE demostró que una restricción calórica moderada y bien controlada, como el ayuno intermitente, puede desacelerar la velocidad del envejecimiento biológico en adultos sanos. En la misma línea, el ensayo clínico DO-HEALTH Trial, publicado en Nature Aging, evaluó el impacto combinado del ejercicio regular, el consumo de omega-3 y la suplementación con vitamina D en adultos mayores. Utilizando relojes epigenéticos, el estudio mostró que estas intervenciones simples y accesibles lograron modificar la velocidad del envejecimiento biológico, con efectos que se potencian al combinarse. Pequeños cambios, grandes diferencias El mensaje más importante es que en longevidad, un cambio pequeño pero sostenido en el tiempo puede marcar la diferencia entre llegar a los 80 con enfermedad o a los 100 con autonomía, afirma Calderón. La longevidad ya no es una cuestión de azar ni de genética pura. Hoy puede medirse, entenderse y, en parte, modificarse. Leé también: Una nueva investigación confirmó que hablar varios idiomas estimula la longevidad Herramientas como el reloj epigenético, el perfil inflamatorio y metabólico avanzado, los marcadores de salud cardiovascular y cognitiva, el análisis del sueño y el estrés, y el estudio del microbioma intestinal permiten ajustar de manera personalizada la alimentación, la actividad física, el descanso, el manejo del estrés y la suplementación.
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