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  • Estaba de novia, su lema era confianza, fidelidad y libertad, pero un viaje a Brasil lo puso en duda: Mucho por vivir

    » La Nacion

    Fecha: 02/01/2026 06:48

    ...con cada día y cada noche que pasaba, la tensión iba escalando. Un roce de mano, una mirada con mil intenciones, una charla sobre gustos musicales... - 5 minutos de lectura' Marina y Germán habían cumplido los seis años juntos. Para la familia de ambos, el siguiente paso era casarse, para Germán también. Marina, en cambio, creía que con 24 años ambos eran demasiado jóvenes aunque, en el fondo, ella no sabía siquiera si se quería casar alguna vez. Su relación era muy buena. La conexión íntima estaba presente cada día, ambos tenían muchos amigos que frecuentaban seguido, y compartían sus ideas de la vida y sus primeros pasos en sus carreras con mucha apertura, apoyo y sinceridad. Pero para Marina había algo que faltaba: Conocer más el mundo, la gente, reflexiona hoy. Germán era mi primer novio serio y yo pensaba: ¿así va a ser la vida? ¿Salir del secundario, estudiar, ponerse de novio, casarse y tener hijitos? Un viaje a Brasil y un chico desde el balcón: Me sentí enamorada Fue en un día muy caluroso de diciembre, que Marina le contó a su novio que se iría a Brasil con sus amigas. Quince días a un pueblo de moda, cerca de Florianópolis. Germán, como siempre, la apoyó en su decisión sin dudarlo y con mucha alegría. No era la primera vez que hacía un viaje con amigas, incluso, en el pasado, se había ido con una de ellas de mochilera a Europa. La confianza, la fidelidad y la libertad eran para ambos valores compatibles e importantes, y creían que era esencial y sano vivir experiencias como seres independientes. Ya sentada en un balcón de Brasil, Marina compartía una cerveza con amigas cuando lo vio pasar. En realidad, a ella no le había llamado la atención, aunque sí a su amiga Valeria: `Qué bueno que está ese pibe´, lanzó con su clásica espontaneidad. Marina se asomó un poco más por el balcón y asintió con la cabeza. Por la noche, la costumbre del pueblo era juntarse en las calles enmarcadas por varios bares, donde chicas y chicos bailaban en la vereda. Hacia allá caminaron las amigas, con la felicidad de unas vacaciones soñadas a flor de piel. Allí, en la `pista´ de uno de los bares y cuando fue a buscar algo para tomar, lo vio a él, el chico lindo, una vez más. Él le sonrió, Marina devolvió la sonrisa y siguió de largo. `¿Argentina?´, escuchó decir muy cerca de su oído. Marina sintió un escalofrío extraño. `Sí, de Tigre, de las afueras del Gran Buenos Aires´, contestó ella. Él le contó que se llamaba Juan y que era de Caballito y para entonces, Marina, quien en el pasado jamás había fantaseado con no serle leal a su novio, sintió en su cuerpo un sensación incómoda y placentera al mismo tiempo: Me sentí como enamorada, confiesa hoy. El fruto prohibido En el pueblo de Brasil, Juan, que vivía a unas cuadras de donde se alojaban ellas, pasaba cada día por delante del balcón para ir a la playa, donde minutos más tarde se solían ver, cada uno con su grupo de amigos. Allí, en pleno día, no intercambiaban palabras, pero a la noche, con una cerveza en mano, el cuerpo se aflojaba y la charla fluía. Marina, sin embargo, tendía a esquivarlo, dispuesta a disfrutar de las sensaciones de las noches de verano, pero sin probar ningún fruto prohibido. Pero con cada día y cada noche que pasaba, la tensión iba en escalada. Un roce de mano, una mirada con mil intenciones, una charla sobre gustos musicales. Quedé encandilada cuando descubrí que le gustaba Smashing Pumpkins, rememora Marina con una sonrisa. La burbuja explotó la anteúltima noche. Marina había perdido a sus amigas y, en su búsqueda, terminó al costado de una carpa ubicada casi a la orilla del mar, un poco alejada de la muchedumbre, contemplando el cielo estrellado con fascinación. `Acá estás. Te había perdido de vista´. La voz de él sobresaltó a la joven. Le sonrió atravesada por los nervios, consciente de que estaban casi solos, alejados de sus amigas; si algo pasaba entre ellos no habría testigos que pudieran dar fe de que aquel encuentro había existido. Juan caminó los pasos que los separaban y, sin mediar palabra, la tomó de la cintura y la besó. Marina se dejó llevar por lo que fueron apenas unos segundos. Segundos inolvidables. Luego se apartó, lanzó un `no puedo´, y se fue, sintiendo cómo la sangre corría con una fuerza arrolladora por su cuerpo. Mucho por vivir De regreso en Buenos Aires, Marina tocó el timbre de la casa de Germán con mano temblorosa. De inmediato, él supo que estaban en problemas. `No podemos seguir juntos´, le dijo ella a él. `Te quiero con el alma, pero me doy cuenta de que me falta mucho por vivir´. A Juan lo volvió a ver un par de veces. No funcionó. Tampoco funcionó con los siguientes hombres que conoció en su vida, pero Marina no se arrepiente de la decisión tomada, a pesar de que recuerda a Germán como su vínculo más puro y sano. Su lema sigue siendo mantener relaciones basadas en la confianza, la fidelidad y la libertad. Si algún pilar está en peligro y el derrumbe es inminente, es tiempo de seguir el camino en solitario. * Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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